Ana Julia Jatar: Venezuela, terremotos, Delcy Rodríguez y Trump

Ana Julia Jatar: Venezuela, terremotos, Delcy Rodríguez y Trump

Lapatilla julio 02 2026, 7:57 pmPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn En Venezuela tembló tres veces. Los dos primeros, fueron inevitables. El tercero y el único que puede repararse, fue obra de un Estado fallido. Presidente Trump: usted puede ayudar a reparar ese tercer terremoto. Cuando la tierra tiembla, la naturaleza nos recuerda nuestra fragilidad. Ninguna ideología puede detener el movimiento de las placas tectónicas. Ningún líder popular puede contener con su verbo la fuerza de un terremoto. Pero sí existe algo que distingue una tragedia natural de una tragedia humana: la existencia de un Estado capaz de proteger a su gente. ¿Dónde estaba el gobierno de Delcy Rodríguez mientras los venezolanos desesperadamente con las uñas escarbaban los escombros para rescatar a sus seres queridos? ¿Por qué el silencio de las sirenas de los bomberos? ¿Por qué los gritos y los quejidos de las víctimas llenaron el espacio de las bocinas de las ambulancias también ausentes? En la tradición bíblica, el Leviatán es el monstruo del caos. Siglos después, Thomas Hobbes tomó esa imagen para convertirla en el símbolo del Estado: un poder al cual los ciudadanos entregan parte de su libertad a cambio de una promesa esencial: la protección. Ese es el centro del contrato social. Ese contrato fue roto por el chavismo en Venezuela mucho antes de que la tierra comenzara a temblar. Lo que no se entiende es que hoy, después de dos devastadores terremotos y bajo el tutelaje de la mayor potencia del mundo, volvemos a encontrarnos los venezolanos sin protección, solos luchando contra una adversidad mayor de la cual deberíamos ser protegidos. En cambio, vimos a policías y Guardias Nacionales obstruyendo las acciones de rescate como si ya hubiesen hecho el diabólico cálculo de que para mantenerse en el poder era mejor dejar a la gente morir, que tratar de salvarla. URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Los venezolanos sabemos que el chavismo acumuló durante 27 años grietas invisibles. Colapsó el sistema de salud antes que los hospitales. Se derrumbó la educación antes que las escuelas. Se apagó el sistema eléctrico antes que las ciudades. Se quebró el Estado de Derecho antes que los edificios. La corrupción desplazó al mérito. La propaganda sustituyó a la verdad. Mientras el país se debilitaba, el Leviatán venezolano crecía, pero no para proteger ciudadanos, sino para protegerse a sí mismo. Se fortalecieron los mecanismos de vigilancia mientras colapsaron los servicios públicos. En otras palabras, sobrevivió el poder, el Estado no. Toda tragedia exige solidaridad, pero también exige rendición de cuentas. La primera responsabilidad por este tercer terremoto recae sobre Delcy Rodríguez, quien hoy ejerce el poder en Venezuela como presidenta interina tras ser respaldada por la Casa Blanca. Despreciada por la inmensa mayoría de los venezolanos por su complicidad con los crímenes de lesa humanidad del Madurismo, es corresponsable del cementerio institucional construido durante más de un cuarto de siglo. Presidente Trump, la rendición de cuentas tampoco termina en Caracas, también lo alcanza a usted y a quienes, desde su administración, le han fallado al pueblo venezolano en el momento en que más necesitaba solidaridad, liderazgo y ayuda para salvar vidas. No se nos olvida que al día siguiente del terremoto, usted declaró que los venezolanos “a pesar del terremoto estaban bailando en las calles” porque se estaba vendiendo mucho petróleo. Escuchar esas palabras mientras miles de familias buscaban desesperadamente a su

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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