Amarlos y cuidarlos - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Lunes 10.30, primeros días de mes, el banco está repleto de usuarios que quieren cobrar sus salarios, depositar cheques, pagar servicios o realizar cualquier otra operación bancaria. De pronto comienza el llanto de un bebé que está cargado en la espalda de su mamá mientras ella realiza una transacción. El llanto aumenta, se hace más apremiante. Las miradas del público van en dirección del niño y la madre, ella se balancea para apaciguarlo, no lo consigue, aumenta hasta enronquecer. Crea angustia en unos, fastidio en otros. Se escucha entre murmullos: ?Qué descuidada?, los más exigentes sentencian que ?No se debe traer wawas a los bancos?. Nadie del público, ni el cajero, ni los empleados de ayuda al cliente facilitaron que la señora atienda un momento al bebé y luego retorne a la caja para continuar con el trámite que realizaba. Solo querían que el niño y la madre no perjudiquen y salgan del banco.

Cuando un niño llora, es un reclamo que hay que atender, es su forma de comunicación, un derecho que no se le puede negar. En la mayoría de los casos ese llanto molesta, es incómodo, y sin darnos cuenta ni averiguar el motivo le exigimos que se calle, y lo hacemos como si el niño tendría la obligación de entender que su pedido no puede interrumpir lo que estamos haciendo, porque sea lo que sea siempre será mucho más importante que su reclamo.

Las defensorías del país reportaron un infanticidio por semana durante el año pasado, una cifra macabra, porque detrás de ella están los vestigios de antiguas lesiones como las 150 que encontraron en el cuerpito de Said, un niño tarijeño de un año y medio que murió por broncoaspiración. El domingo 25 de febrero en El Alto, una niña de dos años y siete meses recibió un golpe mortal en el estómago, el agresor fue su padrastro, la autopsia demostró que tenía lesiones antiguas en todo su cuerpito. Al día siguiente, el 26 de febrero, una mujer abandonó a su bebé de dos meses dejándolo debajo de la mesa en el bar donde consumía bebidas alcohólicas;?aunque quisieron auxiliarlo, el bebé murió.

Esta situación de violencia, dejadez y muerte que dolorosamente pesa sobre la vida de los infantes en nuestro país tiene que ver con políticas públicas que garanticen el ejercicio pleno de los derechos de niños y niñas desde su nacimiento hasta su adultez; pero sobre todo tiene que ver con una transformación profunda y verdadera de la sociedad. Los adultos nos tomamos mucho tiempo para aprender a castigar y poco, casi nada, para adiestrarnos en el arte de formar vidas. Tenemos que aprender a ver a los niños como una enorme riqueza que hay que cuidar y acompañar con amor, porque los niños son el milagro de la reproducción de la vida, de la esperanza y la alegría.

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