Algoritmos: un anzuelo para cada individuo - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La apuesta de la actualidad es la captura de la atención de millones de internautas. Los niños y jóvenes tienen prácticamente perdido este juego. Nacen con otros órganos, su paisaje es una pantallita, el dedo pulgar es el rey de la selva. Están cautivos desde antes de estar conscientes.

El proceso es el siguiente. Cada individuo anda prendido a su equipo que es a la vez reproductor de sonido, enciclopedia, teclado para concertar citas y estar al tanto de los planes de amistad, campo de juegos, banco a distancia, computador, control remoto de su casa… ah, también teléfono, ese aborrecible adminículo para hablar con el prójimo.

El mejor entorno para contemplar esta hipnosis pública son los buses urbanos. No hay persona desconectada, nadie olvida los audífonos. Hombres y mujeres viajan con cables colgantes que esclavizan el oído, órgano por donde penetran los recolectores de la vigilancia universal. Los ojos pican sobre videos y teclados. Afuera se borran los jardines y adentro los compañeros de viaje.

Esta rutina es diversión. Se asume como actividad libre cuyo contenido cada cual elige, con los reflejos de autoprotección en el piso. ¿Protegerse de qué, si una vez comprados aparato y plan de navegación todo es gratis, ilimitado, voluntario? Además, nadie quiere quedarse atrás ni perder instante de la novedad pública y cercana.

El mundo ya no es una aldea global como a finales del XX. Ahora es una colección de burbujas sin país, sin tiempo, sin fronteras físicas. Una burbuja para cada habitante, que es rey en medio de muchos reyes entre los cuales no hay colisión ni discordia. Paraíso de paraísos que en secreto evolucionan igual que la expansión del universo.

¡Alto ahí! Esta interpretación cosmológica es apenas un remedo espurio de la acuñada por los físicos del big bang . En efecto, el nacimiento del cosmos obedece a conductas de la materia y a las combinaciones de la energía. No hay detrás mentes inicuas que busquen provecho. En cambio, la red en que ha caído la humanidad en los recientes años carece de esa inocencia.

Para comprender el tinglado es necesario bajarse del bus urbano e imaginar los laboratorios de vidrio donde se puso de moda la palabreja “algoritmo”. Allí los programadores en computación se convierten en deidades. Merced a máquinas omniscientes, identifican uno por uno los sitios visitados por los somnolientos pasajeros del transporte público.

De este modo configuran el mapa puntilloso de sus apetitos, miedos, inclinaciones, expectativas. Los algoritmos descubren la carnada, dan instrucciones sistemáticas, suministran la solución a los problemas de esta vida y la otra. Pasan los datos a los publicistas quienes fabrican un anzuelo para cada individuo en cada ocasión: qué producto comprar, qué candidato detestar, qué guerra azuzar, qué noticia creer, qué líder adorar.

Así sintetiza este proceso el historiador israelí Noah Harari: “La atención es un recurso muy disputado y está vinculado a los datos. Todo el mundo quiere atraer tu atención… y esta se vende a otros¨.

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LINK ORIGINAL: El Espectador

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