Agustín Palavecino: cuando se habla en la cancha - EntornoInteligente
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Agustín Palavecino es el reflejo de las apuestas que tienen las divisiones menores en Argentina para consolidar los proyectos deportivos en cada institución. Al igual que él, jugadores y compañeros como Juan Infante y Nicolás Morgantini fueron potenciados desde la cantera de Platense, club que pertenece al barrio Saavedra, en uno de los límites de Buenos Aires.

Más que en cualquier otra parte del mundo, en Argentina el fútbol es una cultura y una tradición que se hereda y se vive hasta que desborda el entendimiento y el corazón. Muchas son las familias que no negocian un domingo para hacer un asado y vestir la camiseta del equipo que han seguido desde hace generaciones. La familia Palavecino es una de ellas. El volante del Deportivo Cali creció entre futbolistas. Creció en el barrio Florida, del partido Vicente López, el mismo donde surgió ese nueve neto llamado Hernán Crespo.

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Desde los cuatro años jugó fútbol sala, un deporte que obliga a pensar rápido, a ser preciso con la recepción, a ser exigente con la técnica. A los siete años pasó a jugar fútbol once. Ya había interiorizado la técnica de saber pisar el balón y eludir al rival en una baldosa. Ahora pasaba al verde césped, que no necesariamente exige correr más, pues el jugador inteligente sabe que hay que transportar menos y pasar más. Esa segunda enseñanza la adquirió con las divisiones menores de Platense, el club que lo recibió, lo vio y lo hizo crecer.

Platense es uno de los clubes que vio el amanecer del fútbol argentino. Tiene 114 años de historia y desde hace un tiempo le apuesta al crecimiento institucional desde el fortalecimiento de las divisiones menores. Agustín Palavecino es el resultado de ese proyecto. Una venta del 50 % del pase, equivalente a US$400.000, es la cifra que arrojó una negociación que duró un poco más de diez días hace un año, época en la que los azucareros quisieron contar con el jugador que por aquel entonces tenía 22 años y había logrado el ascenso con su alma mater en 2018.

Hay un pasado que no niega, pero que tampoco visibiliza para los micrófonos y las cámaras que lo enfocan y lo nombran cada semana cuando es una de las figuras de Cali. Las barras bravas se han convertido en el folclor del fútbol y en los protagonistas de un partido que suena a las batucadas brasileñas y al rock argentino; pero, como toda pasión que no sabe controlarse, puede terminar en tragedias que no conocen de tolerancia ni reconocimiento por el otro, por el diferente. Las barras bravas le dejaron un sabor amargo en su país, también como lo han dejado aquí en Colombia. Es una realidad que aunque no lo persigue sí le recuerda que hay un contexto social y cultural que nos permea, que nos puede traer conflictos y develarnos esa aparente incapacidad de los seres humanos por convivir en paz en medio de los grandes sentimientos e ideales.

Su papá y sus primos fueron y son futbolistas. Uno de ellos es Erik Lamela, volante derecho del Tottenham Hotspur. Así que sus alrededores lo influenciaron para seguir en el fútbol y reconocerse como uno de los pilares en ataque de cualquier club. Así empezó como creador, como el 10 que es actualmente en el Cali, pero fue mutando hasta sentirse más cómodo como volante mixto. La versatilidad de esa posición le sienta bien por su avaricia, por su sed de ser protagonista y liderar al equipo en la ofensiva.

“Pala”, como le dicen de cariño, es el que pide la pelota, es el que se sabe valiente para recibir los golpes que buscan amilanar a los diferentes, a los que tienen el talento especial de la visión periférica y del movimiento que exige el instante. Sus palabras son más bien escasas. Como muchos jugadores, el argentino siente que lo importante es lo que dicen sus asistencias, sus pases entre líneas, sus goles de media distancia y sus complicidades dentro de la cancha para tejer un juego colectivo, que más que vistoso sea efectivo para los goles.

En total ha disputado 47 partidos con Deportivo Cali, 43 de liga y cuatro de Copa Sudamericana. Ha marcado nueve goles, siete en el campeonato local y dos en el torneo continental. Más que sus goles, a Palavecino lo que le interesa es seguir sumando minutos, seguir disfrutando de ese reto que se puso al llegar a Cali de ser uno de los mejores jugadores en cuanto a asistencias y participaciones en acciones de gol. Mientras tanto, sigue trabajando fuerte para llegar al sueño de todo jugador: representar a su país en las competencias mundiales.

Juan Manuel Cuesta: la disciplina como bandera | ELESPECTADOR.COM

 

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Andrés Osorio Guillott

Fútbol colombiano

Agustín Palavecino: cuando se habla en la cancha

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