Abuso de poder y policía (3) - EntornoInteligente
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La Policía Nacional de Colombia es una organización marcada por el retraimiento y el hermetismo. Estas características explican (en parte) su capacidad de negar y controlar información sobre las dinámicas de abuso de poder que se presentan en la organización; y neutralizar los intentos orientados a develar los patrones de trasgresión.

Estas no son cualidades particulares de la policía colombiana; son características ampliamente reconocidas de las organizaciones de policía de todo el mundo.

La reserva y el sigilo que se instalan en la organización provienen, en parte, de las exigencias del ejercicio de algunas funciones de policía, particularmente las ligadas a inteligencia, lucha contra el crimen organizado o la investigación criminal. La reserva requerida para el desempeño de esas funciones se interpreta de manera absoluta, bloqueando cualquier control significativo sobre su ejecución. Además, la reserva se amplia indebidamente a otras funciones, y el secretismo se irradia a la operación de toda la organización, que termina operando bajo un manto de opacidad y ocultamiento.

Otra fuente del retraimiento proviene de la estructuración de las organizaciones de policía como instituciones totales (Goffman 1961), promoviendo su operación según códigos internos y redes de significación propias.

Con base en la desconfianza del mundo exterior, la implantación de códigos simbólicos de funcionamiento, y experiencias de inducción o ascensos a grupos y cofradías, se erige una barrera protectora, que produce cohesión y aislamiento, a la vez. Así, por ejemplo, se establece una separación simbólica del mundo de los civiles, quienes no entienden el riesgo constante al que están expuestos los policías o las condiciones adversas en las cuales trabajan.

El retraimiento también implica el bloqueo de los controles externos y el robustecimiento de los mecanismos internos de control (que operan bajo su lógica y reserva). En Colombia, la operación de la Justicia Penal Militar en relación con los policías es una de las manifestaciones más extremas de esta tendencia. Según la lógica interna, entre más contenidas las dinámicas de funcionamiento y de control más a salvo estará la organización.

También hay valores culturales que se enseñan en la organización que tienden al secretismo, y por lo tanto, al ocultamiento. Por ejemplo, la lealtad y la solidaridad entre policías son valores inculcados programáticamente para promover la cohesión en la organización; estos adquieren rasgos extremos y negativos cuando se perfilan como mecanismos de defensa a los cuestionamientos externos. La solidaridad entre compañeros y la lealtad debida a la organización se traducen, en la práctica, en un muro de contención frente a los esfuerzos de control. Se manifiestan a través de un código de silencio, con profundo arraigo en la cultura policial (Skolnick 2002). Este código ha sido equiparado a Omertà, la ley de la mafia de no cooperar con las autoridades. De hecho, la persona designada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos para vigilar el departamento de policía de Los Ángeles, California manifestó en 2001: “Estamos tratando con personas que conocen el sistema, que conocen (por lo tanto) como eludirlo. (…) Mientras que es difícil penetrar el mundo del crimen organizado, los muros del silencio son aún más difíciles de penetrar en departamentos de policía” (Declaraciones de Michael Cherkasky).

Estos elementos, entre otros, contribuyen a establecer reglas de funcionamiento (no escritas) y definir los valores que (en la práctica) rigen la dinámica interna de la organización policial, favoreciendo su operación sin controles reales.

LINK ORIGINAL: El Colombiano

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