Delcy en su asteroide, por Gregorio Salazar Gregorio Salazar octubre 4, 2026 Delcy todavía no despierta de su viaje de ensoñación a Nueva York. Y ha de ser así puesto que allá vivió actos tan gozosos como los que suenan: reaparición internacional previa exoneración de culpas, respaldo político y económico a su régimen y plataforma de lanzamiento candidatural. ¿Y quién podía imaginar que ese escenario se lo […] Delcy todavía no despierta de su viaje de ensoñación a Nueva York. Y ha de ser así puesto que allá vivió actos tan gozosos como los que suenan: reaparición internacional previa exoneración de culpas, respaldo político y económico a su régimen y plataforma de lanzamiento candidatural. ¿Y quién podía imaginar que ese escenario se lo iba a servir el imperialismo mismo que tanto denostó? Pero así lo recogerá la historia. Delcy llegó a la gran metrópolis tan exultante como la Minelli cantando «voy a empezar de nuevo en la vieja Nueva York». Y allí la espera el crooner que la invitó y que, claro está, no tendrá la melodiosa voz de Frank, ni de Nat, ni de Dean, pero igual le canta «Fly me to the moon». Y ella lo complace contrato tras contrato, sea el oro negro o dorado. En medio del lucerío de neón y los rascacielos, Delcy flota como instalada en una nueva luna de miel. Pero si otea en su entorno verá que es una cosa tan pequeña y ella está tan sola como el Principito en su asteroide. Eso no impide que ahora nos vea como desde otra dimensión. Nos perciba lejanos y pequeñitos, pero sobre todo amnésicos. Y desde allí, desde la nueva órbita en la que ahora dice querer girar, se propuso dictar cátedra sobre valores, principios, derechos, voluntad política. Se apega a la paz, rechaza la violencia, cree firmemente en el poder del diálogo y entendimiento y un desarrollo inclusivo con justicia social y una salida verdaderamente humana para los problemas. Muy bien, Delcy. Obras –si es que llegan– serán amores. Pero recuerda que eso mismo es lo que le ha demandado el pueblo v
Fuente: Tal Cual — Ver nota original