Cómo financiar el desarrollo de Venezuela

Cómo financiar el desarrollo de Venezuela

ALEJANDRO J. SUCRE 09/08/2026 05:07 am La historia financiera de Estados Unidos comienza, paradójicamente, con una crisis de deuda. Cuando Alexander Hamilton asumió como primer secretario del Tesoro en 1789, la nación recién independizada cargaba con una deuda de guerra que muchos consideraban impagable. La tentación de repudiarla era enorme. Varios estados ya lo habían hecho parcialmente.Hamilton propuso que el gobierno federal asumiera la totalidad de las deudas estatales y las consolidara en instrumentos estandarizados de deuda nacional, pagaderos con impuestos específicos y respaldados por la plena fe y crédito del nuevo gobierno. Hamilton entendía algo que muchos gobiernos latinoamericanos han tardado siglos en aprender: que la capacidad de endeudarse a tasas razonables es un activo estratégico de primera magnitud, y que ese activo solo existe si el acreedor confía en que será pagado.El resultado fue inmediato y dramático. Los bonos del Tesoro estadounidense, que cotizaban a veinte o treinta centavos por dólar antes de la reforma de Hamilton, recuperaron rápidamente su valor nominal. Los inversores europeos, principalmente británicos y holandeses, comenzaron a comprar deuda americana con entusiasmo. Ocurrió porque un gobierno demostró, con hechos, que era digno de confianza.La Bolsa de Nueva York, fundada formalmente en 1817, se convirtió en el instrumento central de esa transformación. El gran proyecto de la época fue la construcción del sistema ferroviario. Entre 1830 y 1890, Estados Unidos tendió más de 260.000 kilómetros de vías férreas, transformando un continente de subsistencia en una economía industrial integrada. Ese proyecto no lo financió el Estado federal, al menos no directamente. Lo financiaron los mercados de capitales, con una participación masiva de inversores extranjeros. En su punto álgido, durante las décadas de 1860 y 1870, los inversores británicos poseían aproximadamente el cuarenta por ciento de todos los bonos ferroviarios americanos. L

Fuente: El Universal — Ver nota original

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