Venezuela: ¿Puede cocinarse una transición a fuego lento?, por Rafael Uzcátegui

Venezuela: ¿Puede cocinarse una transición a fuego lento?, por Rafael Uzcátegui

X: @fanzinero En días recientes escuché a un analista afirmar que la estrategia de Estados Unidos para Venezuela consistía en una «transición a fuego lento». La expresión me llamó la atención. En cocina, cocinar a fuego lento implica paciencia, control sobre el proceso y la certeza de que nadie apagará la hornilla antes de tiempo. Trasladada a la política, la metáfora supone que los cambios institucionales serán graduales, mientras que otras áreas (como la economía) avanzarán con mayor rapidez. La idea tiene cierta lógica. Después de años de polarización inducida, una transición sin prisas podría reducir resistencias, facilitar acuerdos y evitar que las reformas políticas queden por detrás de las decisiones más urgentes para estabilizar el país. Sin embargo, mientras escuchaba ese planteamiento, la pregunta apareció por sí sola: ¿quién garantiza que la hornilla seguirá encendida durante todo ese tiempo? La tesis de una transición lenta descansa sobre un supuesto que pocas veces se explicita: que el entorno internacional permanecerá relativamente estable durante varios años. Y, en el escenario venezolano actual, esa estabilidad depende en buena medida de la política estadounidense. Después del 3 de enero, el peso de los factores externos sobre la política venezolana aumentó de manera considerable. Eso significa que el calendario electoral de Estados Unidos dejó de ser un asunto lejano para convertirse también en una variable de la política venezolana. Si la orientación de Washington influye sobre el ritmo y las características de la transición, entonces las elecciones de medio término de 2026 y las presidenciales de 2028 adquieren una importancia que va mucho más allá de la política interna estadounidense. Aquí conviene recordar una característica del sistema político norteamericano. La política exterior suele ofrecer al presidente un margen de maniobra amplio, pero no ilimitado. El Congreso controla los recursos, supervisa al Ejecutivo y puede modificar significativ

Fuente: Tal Cual — Ver nota original

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