Lapatilla julio 07 2026, 6:59 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn La propaganda política suele construirse con promesas brillantes. Sin embargo, cuando se edifica sobre la corrupción y la negligencia, las consecuencias se pagan con vidas humanas. El colapso masivo de las edificaciones de la “Gran Misión Vivienda” durante el reciente sismo en Venezuela no fue solo una catástrofe natural; fue la crónica de una tragedia anunciada y el resultado inevitable de cambiar la seguridad estructural por rédito electoral. Lo que en su momento se vendió con bombos y platillos como el símbolo del “progreso”, la “esperanza” y la “protección” para los sectores más vulnerables, demostró ser, bajo la presión de la naturaleza, un engaño de proporciones criminales. Aquellas paredes que debían resguardar a miles de familias resultaron ser de una fragilidad alarmante, desmoronándose como harina y revelando la precaria calidad de los materiales utilizados. Existen tres realidades fundamentales que quedan al descubierto tras este desastre: La ilusión de la dignidad: Entregar una vivienda no es solo levantar cuatro paredes para una fotografía oficial o un anuncio televisivo. Una vivienda digna es, ante todo, una vivienda segura. Ofrecer estructuras sin cumplir con las normas mínimas de ingeniería civil y sismorresistencia no es un acto de beneficencia; es un acto de profunda irresponsabilidad. La vulnerabilidad planificada: El riesgo no era invisible; era una certeza técnica que se ignoró. Al utilizar materiales no aptos y saltarse los controles de calidad para acelerar las entregas con fines propagandísticos, se dejó a la población en una situación de total indefensión ante los riesgos geológicos del país. El costo de la demagogia: Cuando las prioridades de un gobierno se centran en el control social y el sometimiento de los más débiles a través de la dependencia, la calidad técnica se desecha. Hoy, las ruinas de esos complejos habitacionales son el testimonio mudo de un sistema que prefirió la fachada antes que la vida de sus ciudadanos. La verdadera protección no se mide en la cantidad de llaves entregadas frente a las cámaras, sino en la capacidad de esas estructuras para mantenerse en pie cuando la tierra tiembla. La dolorosa realidad actual demuestra que a miles de familias venezolanas no se les dio un futuro, sino que se les expuso a un peligro mortal envuelto en retórica gubernamental. La historia y el polvo de los derrumbes dejan claro que la propaganda no sostiene techos, y que la negligencia estatal en Venezuela siempre cobra su precio más alto a los sectores más desfavorecidos. Por todo esto, quienes planificaron, construyeron y permitieron este fraude habitacional tendrán que responder ante la justicia. Esta desgracia que hoy vivimos y lloramos los venezolanos no quedará impune. El dolor de rescatar a nuestros muertos de entre los escombros se transformará en la fuerza penal que los juzgará. No habrá rincón donde esconderse ni retórica que los salve; la justicia les alcanzará y será muy pronto. Inhumanos, la historia y los tribunales los condenarán. URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Compártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Fuente: La Patilla — Ver nota original