Lapatilla julio 01 2026, 11:02 amPosteado en: Actualidad, Internacionales, Nacionales, Terremoto VenezuelaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn La misión de rescate de los bomberos italianos en Macuto. Vigili del Fuoco Están “amargados”, “apesadumbrados” y visiblemente conmocionados los bomberos italianos cuando, tras casi 20 horas de durísimo e incansable trabajo, se rindieron. A regañadientes. Era demasiado peligroso continuar la búsqueda de aquella mujer y sus hijos, atrapados bajo los escombros de un edificio residencial de Macuto, en el estado de La Guaira. “Si no hubiera sido por esa réplica, lo habríamos logrado”, susurra entre dientes uno de ellos. Pero a las 7 de la mañana, tras una noche de esperanza y tensión, llegó el seísmo de magnitud 4,6 que desplazó lo que quedaba del edificio nada menos que seis milímetros. Por Sara Gandolfi / elmundo.es URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Allá abajo, excavando en ese momento, estaba Giuseppe Pica, del comando USAR (Búsqueda y Rescate Urbano) de Turín. Salió corriendo, con la chaqueta rota. Y a pesar de esto, “y del miedo, que es normal”, de inmediato se declaró “listo para volver a operar lo antes posible”. Le corresponde a la única mujer del equipo, la ingeniera Chiara Iacovino, explicar los motivos de la retirada. “Apenas llegamos nos dimos cuenta de que la estructura estaba completamente comprometida y que trabajaríamos en condiciones de inestabilidad. Lamentablemente, las nuevas grietas provocadas por la réplica afectaron aún más nuestra labor“. Sin embargo, los fallos estructurales del edificio y el riesgo de nuevos derrumbes no fueron la única razón para dar marcha atrás. Desde hacía horas se había perdido el contacto: ya no llegaba ninguna señal de vida desde allá abajo. Los primeros en tirar la toalla fueron los rescatistas neerlandeses que trabajaban en el lado derecho del edificio; luego, también los italianos y los ecuatorianos decidieron detenerse. No fue fácil marcharse después de ver los juguetes entre los escombros de esa casa frente al mar que se hundió sobre sí misma. Tenía ocho pisos y quedaron cinco. Los tres primeros ya no existen, aplastados por la fuerza de los superiores. Uno de los bomberos apenas contiene las lágrimas y, con la voz quebrada, admite tener “ganas de volver a casa para abrazar fuerte a mi hija”. Pero es solo un momento. “Pusimos el corazón y todo el tiempo posible para lograr llegar a esa mujer y a esos niños”, dice Silvio Fiduccia, un bombero que viajó desde el Valle de Susa, en la provincia de Turín, hasta Venezuela para intentar salvar vidas humanas. “Ha sido la misión más difícil que he hecho en mi vida, entre inundaciones y terremotos. Operar en tres pisos aplastados en forma de pancake (en sándwich) es algo que nunca me había tocado”. Trabajaron en turnos de ocho horas, entrando allá abajo en parejas y relevándose cada 10 minutos dentro de esa maldita trampa infernal. Salían empapados en sudor y cubiertos de polvo. Algunos con los pantalones o la camiseta rotos. De inmediato, el enfermero Matteo Brignone, que los sigue paso a paso, corría a echarles agua sobre la cabeza para refrescar el cuerpo y la mente. Circulaba una foto de la madre con los tres niños. “Yo prefiero no verla”, dijo uno de ellos. Y, viéndolo en retrospectiva, tal vez hizo bien. Junto con los bomberos de Ecuador y de los Países Bajos, dibujaron en un papel grande el plano de los tres pisos aplastados por la presión, y al frente mantuvieron siempre el mapa del primero, donde estaba atrapada la mujer con sus hijos. Pero allá abajo er
Fuente: La Patilla — Ver nota original