La inquietante nueva guerra aérea en Ucrania Rusia está imponiendo su superioridad en la guerra simplemente por las circunstancias, pero Ucrania confía en que eso cambie Regala esta noticia Añádenos en Google The Economist 30/06/2026 a las 01:26h. Los ucranianos se despertaron el lunes con el ya familiar olor a queroseno, fuego y sangre. El último ataque ruso, en el que participaron 611 drones y 70 misiles, tuvo como principal objetivo Kiev. El histórico complejo monástico de la Lavra de las Cuevas de … Kiev, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue alcanzado por lo que las autoridades locales describieron como un ataque directo. En otros puntos del país, los principales objetivos parecían ser instalaciones de producción militar e infraestructuras eléctricas, aunque, como suele ocurrir, algunos misiles impactaron en zonas residenciales; ocho bloques de viviendas resultaron alcanzados y murieron al menos cinco personas en Kiev y unas treinta resultaron heridas. En Járkov, al menos cinco miembros de los servicios de emergencia fallecieron en un ataque deliberado de «doble impacto». Estas muertes prolongan una tendencia sombría: mayo fue el mes más mortífero para la población civil ucraniana desde 2022. La intensificación de la guerra aérea refleja, en parte, las crecientes dificultades de Rusia sobre el terreno. Desde finales de 2025, las fuerzas ucranianas —con los drones como principal herramienta— han estado causando bajas entre las tropas rusas a un ritmo superior al que el Kremlin es capaz de reemplazarlas, lo que ha ralentizado su avance hasta casi detenerlo y, en algunos sectores, incluso revertirlo ligeramente. Este cuasiestancamiento está desplazando el centro de gravedad del conflicto desde las trincheras hacia las fábricas y las líneas de suministro situadas en la retaguardia. Ambos bandos están respondiendo con los recursos de que disponen. Ucrania ha apostado por una campaña asimétrica basada en drones de medio alcance, utilizando nuevas armas de precisión —las más recientes, parcialmente automatizadas— para amenazar las rutas de suministro rusas. Entre otras consecuencias, esta estrategia ha provocado escasez de gasolina en la Crimea ocupada. Rusia, por su parte, ha optado por intensificar los bombardeos sobre las ciudades ucranianas. Sus objetivos son tanto militares como psicológicos: socavar la moral de la población y erosionar la confianza de los aliados occidentales en la capacidad de Ucrania para defenderse. A finales de mayo, el ministerio de asuntos exteriores ruso instó a los diplomáticos extranjeros a abandonar Kiev, pero, por el momento, ninguno se ha marchado. Newsletter Para los operadores de defensa aérea ucranianos, noches como esta son cada vez más frenéticas. En los peores momentos, las oleadas de drones y misiles convierten las pantallas de sus radares en un mar de puntos rojos. «Es como ser un portero enfrentándose a diez balones al mismo tiempo», explica un oficial, que añade: «solo tienes dos brazos y dos piernas, y no sabes cómo vas a salir de esa situación». A pesar de todo, el rendimiento de las defensas sigue siendo notable. En una noche típica, Ucrania intercepta más del 90 % de los drones y misiles de crucero que se lanzan contra su territorio. Los drones interceptores, en su mayoría de fabricación nacional, están logrando contener ataques cada vez mayores de drones Shahed, que a menudo se cuentan por centenares. Sin embargo, la escasez de interceptores antibalísticos ha convertido la defensa frente a misiles balísticos —mucho más rápidos— en una lucha cada vez más desigual: en los ataques más recientes, aproximadamente dos terceras partes de estos misiles han logrado atravesar las defensas. De los sistemas disponibles para Ucrania, solo el Patriot, de fabricación estadounidense, ha demostrado ser capaz de interceptar de manera fiable misiles balísticos. En tres años de guerra, Ucrania ha transformado radicalmente la forma de emplear los sistemas: los lanzadores disparan
Fuente: ABC Espana — Ver nota original