En la avenida Estrella de San Bernardino y en las inmediaciones del Panteón Nacional se encuentran numerosas familias que encontraron en estos espacios un sitio seguro para dormir ante el temor a nuevas réplicas luego de los dos terremotos que sacudieron el país el 24 de junio La avenida Estrella de San Bernardino se convirtió en un dormitorio público de lona, colchones y asfalto. A lo largo de las aceras, el rumor de las réplicas mantiene en vilo a las familias que ya no distinguen si el suelo se mueve o si es el propio cuerpo el que tiembla por el colapso nervioso. Entre el gentío, una mujer que ejerce la vocería de la comunidad -y que prefiere resguardar su identidad bajo el anonimato- intenta procesar dos situaciones simultáneas con la mirada fija en las paredes resquebrajadas del urbanismo OP20. “Hace 22 días me diagnosticaron un tumor. Estaba en mi proceso de hacer diligencias para saber si debía hacerme una operación, o un tratamiento y ahora esto”, relata de forma directa sobre las dificultades que enfrenta. Para ella, este evento agrava una realidad compleja. “Venimos hace 13 años de una tragedia. Por un determinado tiempo quedas traumatizado y ahora nuevamente”, sostiene. Agradece seguir con vida tras el doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio, pero en su condición de salud actual, la incertidumbre es alta. “Tengo miedo. No sé qué decir. Me provoca gritar”, expresa al quebrarse por momentos. Tras recuperar la calma, explica que intenta mostrarse fuerte frente a sus vecinos y familiares para mantener la organización, pero añade que es complejo ante la situación de los niños, niñas y personas mayores que duermen en carpas en la vía pública. “No es fácil dormir en la calle, ver a los niños que ya dicen que hubo un terremoto, a los niños con discapacidad que quieren entrar a su casa, que quieren entrar a su hogar. Tenemos miedo”, continúa la vocera. El panorama del campamento improvisado en la avenida Estrella se repite a lo largo de sus cuadras. Los propios habitantes del sector confirman que, ante el temor de nuevos temblores, varios vecinos de la zona han optado por pernoctar allí y no volver. El urbanismo OP20, cuyos apartamentos fueron asignados a 144 personas, tiene seis residentes que fueron adjudicadas en el pasado por instituciones públicas. Otras 10 llegaron por vías de compra informal y el resto corresponde a afectados por lluvias de distintas comunidades del oeste de la ciudad, como La Cota 905 y Macarao. El sismo de hace tres días volvió a agruparlos en la intemperie. Entre niños, niñas y adolescentes suman 70 personas, los adultos mayores son 56, en su mayoría con enfermedades crónicas o tratamientos médicos urgentes que la contingencia dificulta cumplir. A ellos se añaden pacientes psiquiátricos desorientados por el cambio de rutina. La vocera entra al edificio y observa las paredes agrietadas, los huecos en los muros y los escombros en el piso que fueron recogidos por los mismos vecinos para despejar los accesos. El personal de Protección Civil les pide que no ingresen a sus hogares hasta que no se haga una revisión técnica de las bases. Los mayores daños estructurales se registraron del piso seis hacia abajo; en los pisos superiores, los propietarios no regresan por prevención hasta que se revisen las estructuras bajas. “Es lo que nos recomendó la gente de Pdvsa (Petróleos de Venezuela), al igual que no abrir las tomas de gas porque no sabemos si puede haber fugas”, explica. Para gestionar la crisis, los residentes se organizaron en grupos de trabajo. “Todo eso para que cuando llegue la logística no se forme desorden y se repartan las cosas de forma debida”, comenta la mujer. Por ahora, las necesidades básicas se resuelven con pipotes de agua almacenada y baños cercanos prestados temporalmente. *Lea también: Museos, elevados y otras estructuras en Caracas resistieron los sismos sin daños mayores En esa misma acera de San Bernardino pasa las horas Leidy Márquez, otra de
Fuente: Tal Cual — Ver nota original