Edmundo González: Una falla sobre otra falla

Edmundo González: Una falla sobre otra falla

Lapatilla junio 27 2026, 11:21 amPosteado en:  Actualidad, Internacionales, NacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Una mujer llora mientras dos hombres buscan víctimas bajo los escombros en La Guaira. (Reuters)   Hay desastres naturales que ningún país puede evitar. Pero la magnitud de sus consecuencias depende, en buena medida, de la capacidad de sus instituciones para responder. Los terremotos ponen a prueba a los Estados. No crean sus fortalezas ni sus debilidades. Simplemente las hacen visibles. Por Edmundo González / abc.es Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento Eso es lo que hoy ocurre en Venezuela. Los venezolanos han demostrado, una y otra vez, una extraordinaria capacidad para resistir la adversidad. Han levantado comunidades donde faltaban servicios, han tendido redes de solidaridad cuando las instituciones no respondían y han aprendido a enfrentar la incertidumbre con una dignidad admirable. Pero la resistencia de un pueblo no puede convertirse en la política de gestión de riesgos de un país. Mientras Carlos Báez buscaba cómo rescatar a una vecina atrapada entre los escombros en La Guaira, Dayana Delgado recorría refugios improvisados preguntando por su hijo de ocho años desaparecido. Ninguno esperaba soluciones extraordinarias. Esperaban algo mucho más básico. Que el Estado llegara. Como ellos, miles de venezolanos han pasado las primeras horas de esta tragedia organizándose entre vecinos, removiendo escombros con sus propias manos y tratando de localizar a familiares. Son escenas que conmueven por la solidaridad que revelan, pero también por la ausencia institucional que dejan al descubierto. El alcance completo de esta tragedia todavía no puede dimensionarse. Sin embargo, los daños ya son evidentes. Hay familias que lo han perdido todo, comunidades aisladas, infraestructura afectada y personas que continúan esperando ser rescatadas. Cada hora resulta decisiva cuando aún hay vidas que pueden salvarse. La comunidad internacional ha reaccionado con rapidez. Gobiernos de distintos países, la Unión Europea y organismos humanitarios han manifestado su disposición a colaborar. La capacidad de ayuda existe. El desafío es que esa asistencia pueda ingresar sin obstáculos, coordinarse a través de los mecanismos humanitarios establecidos y llegar directamente a quienes hoy la necesitan. En una emergencia de esta magnitud, la ayuda humanitaria debe regirse por principios universalmente reconocidos. Los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia garantizan que la asistencia llegue a quienes la necesitan, sin discriminación y libre de intereses distintos al alivio del sufrimiento humano. Son el estándar que protege a las víctimas cuando cada minuto cuenta. La demora, consecuencias irreversibles En circunstancias como estas, la protección de la vida debe estar por encima de cualquier otra consideración. Cada decisión que facilite la llegada de la ayuda puede salvar vidas. Cada demora tiene consecuencias irreversibles. No es la primera vez que Venezuela enfrenta una tragedia de esta naturaleza. En diciembre de 1999, la tragedia de Vargas dejó una marca imborrable en nuestra historia. Entonces también hubo solidaridad ciudadana, ayuda internacional y promesas de reconstrucción. Pero la verdadera reconstrucción no consiste únicamente en levantar viviendas o reparar carreteras. Consiste en fortalecer instituciones capaces de prevenir, responder y proteger. Un cuarto de siglo después, Venezuela llega a esta nueva emergencia con menos capacidades que entonces. El deterioro de la infraes

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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