La historia de los venezolanos que triunfaron en Nueva Zelanda con su arepa de pabellón

La historia de los venezolanos que triunfaron en Nueva Zelanda con su arepa de pabellón

Lapatilla junio 21 2026, 10:00 amPosteado en:  Destacados, Especiales Patilla, Gastronomía, Historias de Éxito, La buena noticiaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Maurizio Trotta y su esposa Sofía Dostal. Foto: Cortesía   Olas Arepas, el proyecto gastronómico fundado por Maurizio Trotta y su esposa, Sofía Dostal, se convirtió en una de las propuestas criollas más comentadas en Auckland, donde la cocina venezolana empieza a ganar espacio en la escena multicultural de la ciudad. Desde su restaurante en Ponsonby Central, la marca logró conectar con neozelandeses y migrantes a través de una propuesta que combina tradición, memoria y recetas familiares. El crecimiento de esta apuesta culinaria está acompañado de reconocimientos y una respuesta inesperada del público, especialmente por su “arepa pabellón”, actualmente incluida entre las más destacadas de la ciudad. Sin embargo, detrás de ese éxito, sus fundadores revelaron a La Patilla una historia que inició con un food truck y que ahora es uno de los referentes de la comida latinoamericana en Nueva Zelanda. Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento lapatilla.com Maurizio emigró a Nueva Zelanda hace 17 años, recién graduado en Arte, mientras que Sofía llegó hace 22 años cuando aún era estudiante. Los primeros empleos de ambos estuvieron vinculados a cocinas y restaurantes, una experiencia que terminaría marcando el rumbo de su vida profesional. Foto: Cortesía para lapatilla.com   Con el paso de los años, la nostalgia por Venezuela y el deseo de emprender se transformaron en una oportunidad de negocio. En e

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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