El régimen chavista ha dado un primer paso en la liberación de militares presos al excarcelar al general Ricardo Lozada y a siete oficiales de la Brigada Paracaidista de Maracay. Este movimiento representa una grieta en la política represiva que durante dos décadas ha perseguido y castigado a disidentes dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas. Aunque el gobierno prometió 500 excarcelaciones, apenas se han materializado 48 hasta el momento, revelando la lentitud y selectividad del proceso de liberación.
El general Lozada, de 72 años, fue sacado del Hospital Militar de Caracas en silla de ruedas tras cumplir casi una década de encarcelamiento y torturas. Su delito consistió únicamente en ser amigo y colaborador del general Raúl Isaías Baduel, exministro de Hugo Chávez que posteriormente se convirtió en crítico del gobierno. Lozada también integró la Mesa de la Unidad Democrática y fue visitante habitual en la cárcel de Baduel, lo que bastó para condenarlo sin pruebas en un sistema judicial completamente subordinado al poder ejecutivo.
La represión chavista ha trascendido a los militares disidentes, extendiendo el castigo a sus familias mediante lo que organismos internacionales han documentado como persecución colectiva similar al "Sippenhaft" nazi. Los informes de Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos han registrado cientos de casos de torturas y violaciones sexuales utilizadas como mecanismos de escarmiento para disuadir cualquier desviación del discurso oficial. Estas aberraciones forman parte de una estrategia sistemática para mantener el control sobre la estructura militar.
La liberación de estos militares no responde a amnistías o indultos, como promociona el gobierno de los Rodríguez, sino simplemente al cumplimiento de sus sentencias. Los siete paracaidistas fueron condenados sin fundamentos legales únicamente por su proximidad a Baduel y por acusaciones infundadas de participación en un supuesto golpe de Estado. Su excarcelación abre la posibilidad de que otros casi 200 militares presos sean liberados en el futuro, aunque el ritmo actual sugiere un proceso largo y selectivo.
Fuente: El Mundo — Ver nota original