Venezuela atraviesa una profunda crisis de suministro eléctrico que afecta la vida cotidiana de millones de ciudadanos. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) publicada en 2025 por la Universidad Católica Andrés Bello, nueve de cada diez hogares en el país reportan sufrir interrupciones del servicio eléctrico, mientras que cuatro de cada diez afirman que los cortes son diarios y se extienden durante varias horas. Este problema es particularmente grave en ciudades como Maracaibo, donde los apagones son tan frecuentes que los residentes han adaptado sus vidas comprando lámparas de batería y ventiladores para enfrentar la falta de electricidad y el sofocante calor tropical.
La crisis energética en Venezuela no es reciente. Desde 2009, durante la presidencia de Hugo Chávez, el gobierno comenzó a aplicar medidas de racionamiento eléctrico y, en 2010, declaró la "emergencia eléctrica" argumentando que facilitaría las inversiones necesarias en el sector. Sin embargo, más de 15 años después, la situación se ha deteriorado en lugar de mejorar, y los venezolanos continúan padeciendo interrupciones constantes del suministro. En lo que va de 2026, la situación ha empeorado significativamente, con 36 protestas ciudadanas registradas en el primer trimestre, de las cuales 24 ocurrieron únicamente en marzo, según datos del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.
Estas fallas en el servicio eléctrico generan consecuencias económicas devastadoras para el país. Los cortes afectan las actividades domésticas, comerciales y de servicios, provocando pérdidas económicas significativas y daño a equipos e infraestructura. Para una nación que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, esta paradoja resulta particularmente desconcertante. A pesar de contar con recursos energéticos abundantes, Venezuela no ha logrado mantener ni modernizar su infraestructura de generación y distribución eléctrica, lo que limita severamente cualquier intento de recuperación económica.
El gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez atribuye los problemas de electricidad al incremento de las temperaturas y al aumento de la actividad económica en el país. Argumenta que la apertura económica reciente ha permitido que los venezolanos tengan mayores ingresos y accedan a más electrodomésticos, lo que aumenta el consumo energético. Sin embargo, esta explicación no considera la falta de inversión en infraestructura eléctrica durante décadas ni la deteriorada capacidad de generación del sistema nacional, factores fundamentales que impiden satisfacer la demanda energética incluso en niveles moderados.
Fuente: BBC Mundo — Ver nota original