Venezuela guarda silencio diplomático ante ataques a aliados de Castro

La historia contemporánea de Venezuela experimentó un punto de quiebre el 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos ejecutó un ataque militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. A partir de ese momento, el panorama político y diplomático del país caribeño se transformó radicalmente, evidenciándose cambios profundos no solo en los discursos públicos sino especialmente en los silencios estratégicos de la Cancillería venezolana, institución que históricamente no dejaba pasar oportunidad alguna para rechazar acciones del "imperialismo" estadounidense y expresar solidaridad con sus aliados ideológicos como Irán y Cuba.

La nueva postura de la diplomacia venezolana se ha manifestado de manera ostensible en varios frentes. Ante la ofensiva militar contra Teherán, el gobierno emitió un comunicado tibio que evitó condenar explícitamente la administración de Donald Trump. De igual forma, ha mantenido un mutismo absoluto respecto a los ataques penales contra Raúl Castro, histórico líder cubano y uno de los principales aliados de la revolución chavista. Tampoco Caracas ha salido públicamente en defensa de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español imputado por corrupción en un caso que involucra conexiones con Venezuela, rompiendo así con décadas de solidaridad diplomática declarada.

Ante esta afonía del gobierno oficial, la defensa de La Habana fue asumida por el Partido Socialista Unido de Venezuela, que mediante un comunicado denunció la intensificación del bloqueo contra la isla caribeña. Sin embargo, esta respuesta partidista no reemplaza la voz oficial del Estado. Según Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales, el cambio responde a lo que el diputado Francisco Ameliach ha denominado "pragmatismo táctico" como método de resistencia ante condiciones de asedio y tutela política impuesta por la administración Trump. Esta estrategia flexible busca garantizar la supervivencia revolucionaria como objetivo histórico principal, sin renunciar formalmente a los principios ideológicos que caracterizan al gobierno venezolano.

El giro pragmático en la política exterior de la presidenta encargada Delcy Rodríguez representa una transformación estratégica sin precedentes en la historia reciente venezolana. El gobierno ha adoptado una postura donde mantiene formalmente sus principios ideológicos pero operativamente enfoca sus esfuerzos en obtener resultados prácticos que aseguren la supervivencia del proyecto político. Este cambio también se ha expresado en ajustes significativos en la composición de los rostros de la diplomacia, reflejando una reconfiguración profunda de las prioridades y alianzas internacionales del país caribeño bajo presiones externas sin precedentes.

Fuente: Infobae VE — Ver nota original

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