El castrismo y las dictaduras caribeñas

Entornointeligente.com / Si pensamos ingenuamente, como muchos cubanos en el exilio, que Díaz- Canel va a dar paso a elecciones democráticas en la isla, creo que estamos muy equivocados. El régimen cubano caerá como han caído todas las dictaduras caribeñas: a la fuerza. Sin ser lo mismo ni mucho menos, ese especial carácter caribeño y su geografía insular, hará que el castrismo sin Castro reprima a quienes protestan, y, si más apura, movilicen su Ejército para ocupar las ciudades de la isla y defender sus playas. Seguro que eso les ha quedado, por lo menos, de las enseñanzas recibidas de la fenecida ocupación soviética.

¿Qué dictador caribeño o antillano, que es lo mismo, se ha ido por las buenas? ¿Cuál ha prestado oídos a las exhortaciones democráticas? Ninguno de los conocidos. Peor aún, para los más conspicuos y legendarios gobernantes caribeños el ejercicio del poder debía ser hereditario. Ahí están los tres Somoza en Nicaragua, los dos Trujillo en República Dominicana, donde el padre ejerció el mando, aunque el viejo lo hiciera desde su casa, hasta su muerte, abatido a tiros. Ortega ya ubicó en la línea de sucesión a su esposa.

Y cómo olvidarnos de los Duvalier, padre e hijo (Papa Doc y Baby Doc), que entre ambos se apoderaron casi 30 años del poder haitiano. Y la propia Cuba, donde antes de los decenios de dictadura de Fidel, de su heredero y hermano Raúl, hubo un Fulgencio Batista que gobernó la isla durante once años en dos períodos. Con un período democrático intermedio, se trataría de 73 años de autocracia en la isla. La caribeña Venezuela también ha sido tierra de dictadores con Gómez que se posesionó de la silla presidencial por 27 años, Pérez Jiménez mandó por seis, y nuestro conocido Hugo Chávez durante 14. No sabemos cuánto más perdurará Maduro que ya lleva, como si nada, ocho años y –Dios no lo quiera– pueden ser varios más. Rojas Pinilla en Colombia y Noriega en Panamá resultan ejemplos menores de lo que son los antillanos cuando toman el poder.

Tiranías existieron en toda América Latina, es cierto, pero las del Caribe, han sido más personalistas, porque han recaído en los individuos. Existieron grandes autocracias en el sur de América, pero, por lo menos, que recordemos, nunca hereditarias, salvo en los ambiciosos Kirchner-Fernández en Argentina, y en el ya lejano siglo XIX la de los López en Paraguay.

Han existido dictaduras militares, en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Uruguay y Bolivia, mas, en determinado momento, se relevaban los comandantes para presidir la nación si la institución militar lo consideraba conveniente. Con excepción de Stroessner que perduró 35 años en su palacio de Asunción, sin relevo alguno, hasta que lo derrocaron.

Las dictaduras caribeñas han sido calientes, las sudamericanas frías. Parece que fuera cosa del calor, el ron, la música y las mujeres, que hacen a los gobernantes distintos. Asturias se inspiró en los 22 años de dictadura del guatemalteco Manuel Estrada Cabrera para escribir su laureado El señor presidente . García Márquez también incursionó en las tiranías con El otoño del patriarca , una fábula sobre un anciano y chocho dictador caribeño. Vargas Llosa nos llevó de la mano, brillantemente, a conocer los entresijos criminales y mujeriegos de Trujillo en La fiesta del Chivo . Sergio Ramírez atenta imaginariamente contra la vida de Somoza en Catalina está linda la mar . Y así existen muchos otros autores que encontraron el caldo apropiado para sus obras en los tiranos del Caribe.

Curiosamente, Fidel Castro, quien más nos interesa ahora, no tiene en su haber una novela emblemática. Se han escrito muchas historias sobre su vida política, sin duda. ¿Pero ha tenido un transitar tan reservado para que nadie sepa lo que hacía en su vida privada? Al parecer se parecía a Stalin en el aspecto de mostrarse austero frente a su pueblo, aunque no lo fuera entre sus íntimos. Su amigo Gabo pudo escribir una novela grandiosa sobre Castro y no lo hizo. ¿Por qué? Tampoco la escribió Carlos Fuentes, ni Vargas Llosa, Cortázar, Ramírez, Cabrera Infante, ni Carpentier, ni Padura.

Ha caído el Muro de Berlín, pero no se puede franquear el estrecho de Florida. ¿Se puede creer? Cuba no va a ceder a una transición democrática pacífica, aunque su pueblo lo exija. El camino del régimen es caer derrocado por los patriotas isleños o por fuerzas externas.

El miedo que tienen quienes se aprovecharon de la Revolución matando de hambre y de atraso a su gente, a uno de los pueblos más creativos y cultos de América, hace que no vayan a tener la debilidad de entregar el poder en unas elecciones que las perderían abrumadoramente.

 

El autor es escritor

LINK ORIGINAL: Los Tiempos

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