La renegociación de la deuda externa

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Entornointeligente.com / El acelerado proceso de endeudamiento ha sido una constante de la economía dominicana, especialmente de los últimos 17 años. La llegada de la pandemia del COVID-19 agravó, pero no inició, esta situación, pues desde antes nuestra economía estaba atrapada en una pendiente ascendente de endeudamiento irresponsable.

En el 2019, antes del inicio de la pandemia, la deuda pública se incrementó de US$40,975 millones a US$44,928 millones. En el 2020, ya en medio de la pandemia, la deuda aumentó en US$9,644 millones, cerrando el 31 de diciembre de ese año en US$54,572.5 millones que representaba el 58% del Producto Interno Bruto. La Deuda Pública Consolidada (DPC) cerró en septiembre del 2021 en US$59,362.9 millones, lo que equivale a un 68.7% del del Producto Interno Bruto. O, dicho de otro modo, el país debe prácticamente el 69% de todo lo que produciremos en un año.

El Poder Ejecutivo presenta cada año un presupuesto deficitario que completa con más endeudamiento, al tiempo que la partida que se incluye para el pago del servicio de la deuda representa cifras cercanas al 30% del monto total del presupuesto. Estamos pues atrapados en un círculo vicioso: tomamos deuda para pagar deuda y cada vez las acreencias son mayores.

Demostrar los efectos que tiene en la economía de un país como el nuestro el pago creciente del servicio de la deuda no requiere de gran esfuerzo argumentativo. Concretamente, tomemos como ejemplo este año. Conforme los datos de la Dirección General del Crédito Público, al 31 de octubre el servicio de la deuda del sector público no financiero era de US$5,217.6 millones (aproximadamente RD$295,837.92 millones) de los cuales US$2,526.9 millones (RD$143,275.2 millones) corresponde al pago de capital y US$2,690.7 millones (RD$152,562.7 millones) a intereses y comisiones.

Este mismo esquema se repite en el presupuesto proyectado para el 2022 en el que “las estimaciones preliminares para el servicio de la deuda apuntan a una necesidad bruta de financiamiento de RD$284,079.4 millones”.

Si seguimos atrapados en la lógica de presupuestos deficitarios financiados con deuda externa, cada vez las obligaciones serán mayores y, por tanto, nuestra economía será más vulnerable y susceptible al incumplimiento del pago de la deuda.

En este contexto, para tener un respiro en el pago de la deuda que nos permita redireccionar los recursos y el rumbo de la economía, una alternativa que debe ser impulsada seriamente es la reestructuración de la deuda pública del país para renegociar menores tasas de interés, la extensión de los plazos de pago, incluyendo plazos de gracia y hasta posible cancelación de deudas. Lo ideal sería que esta renegociación se haga en el marco de un ejercicio y compromiso colectivo respecto de acreedores comunes de los países de la región y no cono un esfuerzo de cada país individualmente.

Sin embargo, de poco sirve, en el caso nuestro, reestructurar la deuda externa sin antes establecer límites concretos a la capacidad de endeudamiento del Estado, que eviten que la irres- ponsabilidad de los gobiernos siga hipotecando y comprometiendo el futuro de las generaciones en desarrollo y por venir. Además, se impone que antes de la participación de un proceso de renegociación se le haga una auditoría a la deuda pública para hacer transparente su composición, el origen de cada préstamo, el destino que efectivamente se les dio a los fondos y el estado de pago actual de capital e intereses.

Nos encontramos aún en el contexto económico que justifica esta acción. Durante dos años la pandemia del COVID-19 ha tenido como efecto el decrecimiento, recesión, desempleo, inflación, crisis de servicios, en nuestro país y en la región. Esta crisis aún persiste sin que se vislumbre su final. En ese sentido, aún tenemos el marco legítimo para que nuestro país promueva y sea parte de un movimiento regional de países para la renegociación de la deuda externa, que abarque todas las opciones de renegociación.

Esta no sería la primera vez que esto ocurre en la región. Desde el inicio de la pandemia, hay varios casos de renegociaciones exitosas de deudas llevados a cabo individualmente, entre otros, Barbados (2019), Granada (2020), Ecuador (2020) y Argentina (2020).

Barbados, específicamente, obtuvo recortes al valor original de los bonos emitidos por acuerdo entre acreedores y el deudor. Granada logró la suspensión de pagos de deuda bilateral. Ecuador logró la extensión de los plazos de vencimiento de sus bonos internacionales de 6.1 años a 12.7 años, la reducción de la tasa de interés de 9.2% en promedio a 5.3% en promedio y una reducción de capital superior a 1,500 millones de dólares. En total se estima que Ecuador obtuvo beneficios que han supuesto dejar de pagar en el 2020 y 2021 algo más de 4 mil millones de dólares. Argentina estima en más de 30 mil millones de dólares los ahorros producto de la reestructuración de su enorme deuda externa, equivalente al 90% de su Producto Interno Bruto.

Estamos en el momento preciso para estrechar lazos con los países de la región latinoamericana y actuar de forma coordinada y solidaria para eliminar, o en todo caso, reducir de forma significativa, la pesada carga de una deuda que parece eterna, y así poder impulsar sociedades de desarrollo y bienestar compartidos.

LINK ORIGINAL: Diario Libre

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