EntornoInteligente | De cautos a unicornios: divergencias fabulosas para el inversor

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En España, un conocido fondo de fondos de private equity lanzado en 2006 ha obtenido una TIR cercana al doble dígito, que puede ser inferior a la que se hubiera conseguido invirtiendo y desinvirtiendo exactamente igual en muchos fondos líquidos de renta variable. La cuestión es si los partícipes de los líquidos se hubieran mantenido invertidos durante 2008 y, además, se hubieran atrevido a comprar más renta variable ese terrorífico año. Los del fondo privado sí lo hicieron, pues se les pidió dinero adicional (capital calls). Conociendo el comportamiento habitual del inversor medio, yo lo dudo. Así que, independientemente de que el fondo privado no aporte rentabilidad extra, a mí me parece que los partícipes han recibido un buen retorno. Yo me atrevería a afirmar que la mayoría están satisfechos y apuesto a que no reparan en las comisiones que han pagado. Sí se fija el profesor, pero normalmente no importan tanto al inversor, salvo cuando le decepciona el resultado

El auge de los fondos privados, que invierten habitualmente en compañías no cotizadas, inmuebles, infraestructuras y deuda privada, es sensacional. Morgan Stanley estima que alcanzarán los 13 trillones (los europeos diríamos billones) de dólares en 2025. A las grandes gestoras especializadas, Blackstone, KKR, Carlyle y Apollo, les están llegando últimamente más inversores que oportunidades, por lo que el dinero fluye hacia otras más pequeñas e incipientes en ese sector.

El patrimonio actual en capital privado, casi ocho trillones (billones europeos), es casi el 20% del que hay en fondos de inversión líquidos y dobla el de los hedge funds que, a principios de siglo eran la alternativa más demandada. Pero estos últimos perdieron su halo en la crisis de 2008 y, tras un pobre comportamiento posterior, no han parado de perder saldos hasta este año, que levantan un poco la cabeza en rendimiento y captación.

Los fondos privados, a pesar de su iliquidez o precisamente por ella, son interesantes para gestoras e inversores, pues comprometen a estos últimos a mantenerse hasta el final, e incluso atender demandas de capital adicional. Esa atadura es una bendición para aquellos partícipes con tal aversión a la volatilidad en fondos líquidos que llegan a vender, sin necesidad, en un momento fatal.

Sin embargo, parece más dudoso que aporten la famosa prima de iliquidez, rentabilidad extra por no poder disponer del dinero. Una investigación publicada en 2020 por un profesor de la Universidad de Oxford, de la que se hacía eco la semana pasada el Financial Times, afirma que de 2006 a 2015 los de acciones privadas tuvieron el mismo resultado que fondos que replican índices bursátiles populares. El profesor es Ludovic Phalippou y el documento está en internet.

En España, un conocido fondo de fondos de private equity lanzado en 2006 ha obtenido una TIR cercana al doble dígito, que puede ser inferior a la que se hubiera conseguido invirtiendo y desinvirtiendo exactamente igual en muchos fondos líquidos de renta variable. La cuestión es si los partícipes de los líquidos se hubieran mantenido invertidos durante 2008 y, además, se hubieran atrevido a comprar más renta variable ese terrorífico año. Los del fondo privado sí lo hicieron, pues se les pidió dinero adicional (capital calls). Conociendo el comportamiento habitual del inversor medio, yo lo dudo. Así que, independientemente de que el fondo privado no aporte rentabilidad extra, a mí me parece que los partícipes han recibido un buen retorno. Yo me atrevería a afirmar que la mayoría están satisfechos y apuesto a que no reparan en las comisiones que han pagado. Sí se fija el profesor, pero normalmente no importan tanto al inversor, salvo cuando le decepciona el resultado.

En la actualidad, el apogeo de productos privados también se nota en nuestro país, y los fondos de fondos, normalmente muy diversificados –lo que les confiere más seguridad–, parecen haber perdido esa aureola de exclusividad y el magnetismo de lo novedoso. Empiezo a encontrarme inversores a quienes ofrecen fondos privados con compañías de reciente creación (los llamados venture capital). Uno de los casos que más me ha llamado la atención es el que inspira el título de esta tribuna, pues en una misma entidad, un inversor combinaba una cartera gestionada conservadora de fondos UCITS (con menos del 20% en renta variable) con un venture capital, cuya gestora es reconocida por haber invertido, con vehículos anteriores, en “unicornios” españoles.

Un unicornio es una criatura mitológica, un animal fabuloso al que suele relacionarse con la magia. Pero hablando de empresas, se denominan unicornios a aquellas no cotizadas cuya valoración ha superado los mil millones de dólares en mercados privados. Y habitualmente se usa para referirse a startups tecnológicas que han logrado ese umbral en poco tiempo.

El apelativo de unicornio para esas empresas me parece muy adecuado, pues lograr algo así es realmente fantástico. Sin embargo, el caso de WeWork puede dar una idea de los riesgos de invertir en ellas. Los que no lo conozcan pueden ver la película documental que lo cuenta. No es el único ejemplo, pero sí el más sonado. Parece que el capital riesgo podría sobrevalorar algunos unicornios, que pueden acabar siendo ponis estropeados.

Los más atrevidos podrían apostar por fondos que busquen futuras compañías fabulosas, pero detectar cuáles serán tampoco se me antoja fácil. Pero no me sorprende tanto que estos productos tengan su público, como que sea alguien conservador con sus fondos líquidos. Aunque cada uno con su dinero puede hacer lo que quiera, faltaría más.

Con plazo por delante, me parece más juicioso tener una cartera de fondos UCITS con un perfil más dinámico, que se pueden complementar con fondos privados diversificados. Se podría invertir en venture capital, incluso en buscadores de unicornios, pero solo es prudente en una mínima proporción. Los datos muestran que es más probable alcanzar una rentabilidad anualizada cercana al doble dígito durante diez, quince o veinte años con distribuciones equilibradas. Aunque la mitología financiera de los grandes éxitos le animen a apostar por los extremos. Podría salirle bien, pero también acabar siendo mucho peor.

En cualquier caso, si no va a necesitar el dinero durante años, cualquier inversión en fondos con riesgos diversificados es preferible a mantener depósitos, fondos garantizados, o notas estructuradas, que suenan a garantizadas, pero no lo son.

Marta Díaz-Bajo es directora de soluciones de inversión de Atl Capital

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