¿Es posible controlar plagas sin químicos industriales?

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Entornointeligente.com / José Ramón Gómez Díaz, campesino de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Dionisio San Román, tiene 61 años. De ellos, lleva 41 trabajando en la finca La granjita, en Cienfuegos, y dirigiéndola, con resultados notables, desde hace un par de lustros.

En su parcela siempre ha predominado algún renglón, aunque en la actualidad se concentra en los cultivos varios, los frutales (guayaba y frutabomba como líneas estrellas) y el ganado mayor.

Dedica 35 hectáreas a la producción, incluido el pastoreo de sus 25 vacas en ordeño, cuya leche envía diariamente a las bodegas de las zonas rurales de Junco Viejo y El Viradero de la 3.

Sobre las 63 medidas para beneficio de la producción agropecuaria, dice que da «un tablazo bueno» a trabas burocráticas que entorpecen ser más eficientes en obtener alimentos. Principalmente las que regulan la comercialización y el cambio de estructuras, responden bien a las demandas del campesinado, y demuestran la voluntad política de buscar soluciones factibles para lograr fichas de costo sostenibles para los productores, con la expresión consecuente en los precios que paga la población por las ofertas.

La autorización del sacrificio de ganado mayor para criadores que cumplen y logran el crecimiento de la masa, se inscribe dentro de las ventajas, «para no hablar de las facilidades para vender, la ausencia de intermediarios, el acceso a nuevos servicios, y la facultad de comparecer a una feria a vender los productos a los precios fijados por las instancias locales es otra cosa que nos da muy buen resultado».

La satisfacción, sin embargo, no distrae algunas inquietudes, como «la falta de plaguicidas industriales; e incluso la carencia de alternativas como el Trichoderma y el Tricosabe, a los cuales no tengo acceso, y he perdido cosechas, destruidas por las plagas. Eso sigue entrañando un verdadero desgaste económico para uno como productor», sostuvo, sin desconocer el escenario particularmente complejo, marcado por el asedio de un bloqueo que, en su persecución obstinada contra Cuba, obstaculiza también el arribo de insumos agropecuarios.

Lo que quizá no conozca José Ramón es que existen experiencias en provincias como Holguín para enfrentar con otras alternativas las carencias de productos químicos que favorecen las cosechas. Alejar o reducir al mínimo la presencia del trips negro del frijol en las plantaciones, sin disponer de suficientes productos químicos, es una de las lecciones ofrecidas el pasado año por el colectivo de la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Diosdado Samón, ubicada en el polo productivo La Yuraguana, en la localidad de San Andrés, en Holguín.

Cualquiera, a primera vista, puede considerar que no hay razón para elogios si allí lograron como promedio 0,8 toneladas por hectárea. Pero la consideración varía cuando se aclara que el voraz insecto devastó las áreas sembradas por otras formas productivas y labriegos individuales en los alrededores de la Diosdado Samón.

La baja disponibilidad de insecticidas industriales no fue el único inconveniente de peso enfrentado por la UBPC. Se sumó la poca asignación de combustible, causa fundamental de la siembra tardía de las 48 hectáreas previstas. ¿Qué hizo la diferencia con respecto a los productores que perdieron toda la cosecha?

De acuerdo con el ingeniero agrónomo Roberto Labrada Sánchez,

director del Departamento Provincial de Sanidad Vegetal, la UBPC aplicó una estrategia fitosanitaria que vincula prácticas propias de la agrotecnia del cultivo, sistema integrado de riego y empleo de medios biológicos y de plantas naturales con propiedades insecticidas.

Hacia esa estrategia sugiere seguir mirando Nelson Pérez Turruella, experto en Sanidad Vegetal: «La campaña de siembra de invierno 2021-2022 se puso en marcha sin disponibilidad de productos químicos industriales».  

 

¿QUIÉN DICE QUE ES FÁCIL?

Los contratiempos materiales de la campaña de siembra 2020-2021 convirtieron a Jesús Manuel Pérez Corrales, trabajador agrícola de la Diosdado Samón, en elaborador de fórmulas aptas para combatir al trips.

Según narró a este diario, varias veces a la semana preparaban dos tanques, cada uno de 150 litros. En uno colocaban 25 kilogramos de tabaquina, y en el otro igual cantidad de masa verde de Nim. En ambos casos se les añadía un kilogramo de cal. Los depósitos permanecían al fuego hasta que el contenido hirviera, para luego colarlo y envasarlo. El producto resultante lo trasladaban a las áreas sembradas y lo aplicaban mediante una máquina fumigadora.

Leonardo Betancourt Diéguez, administrador de la UBPC, recuerda que no hubo conformidad cuando la Empresa de Semillas, con la cual pactaron la entrega de la cosecha, les suministró, como parte del paquete tecnológico, escasos productos químicos de importación, es decir, insecticida para dos aplicaciones y fungicida para una.

«A las áreas les dimos 22 aplicaciones con nuestros preparados y cada una se llevó más de 14 000 litros. Se necesita de mucho esfuerzo para mantener este procedimiento. Aunque no desaparecimos por completo al trips, lo controlamos y evitamos la pérdida total de la cosecha».

Igualmente, recurrieron al Centro de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (cree) de San Andrés, para adquirir medios biológicos, fundamentalmente Metarhizium (hongo).

Asimismo, se ha propuesto la identificación de las plantas de la zona que puedan utilizarse en el enfrentamiento a plagas y a enfermedades del frijol y de otros cultivos, todo eso acompañado del propósito de ir más allá del empleo del follaje verde del Nim, plantado en unas 15 hectáreas de la UBPC, pues pretenden cosechar sus semillas para triturarlas en un molino de martillo disponible, añadirles agua y extraerle así la azadiractina, o sea, el insecticida natural.  

«Queremos adquirir o fabricar una trituradora para la cardona, muy abundante en estos lugares. La sustancia obtenida, al ponerla a podrir con agua en un depósito, se emplea sola o mezclada con tabaquina», especificó.

 

TRAS UN MANOJO DE PRUEBAS

Al valorar los resultados del combate contra el trips del frijol en la UBPC y recordar ensayos supervisados con rigor en otros sitios agrícolas, Severo Aranda, máster en Biotecnología y experto en Protección de Plantas, asegura que se puede esperar más del manejo integrado de las plagas con el uso de alternativas como las comentadas.

Durante la campaña 2020-2021, en el municipio de Báguano, en siete hectáreas de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Arsenio Escalona, sembradas con frijol en diferentes épocas (entre principios de septiembre de 2020 y el 28 de enero), se logró hasta 1,3 toneladas por hectárea, refirió.

«En unas aplicamos, en un primer paso, Ecodaoleo-k, insecticida orgánico importado, lamentablemente rechazado por algunos productores. Luego lo alternamos con LabioNim 80, producto totalmente cubano y, al final, en un proceso al que sumamos las tortas que quedan tras la trituración de las semillas del Nim, mantuvimos al trips por debajo del umbral que causa daño económico».

En otra prueba, en dos hectáreas sembradas, igualmente con frijol, vertieron cascarilla o mucilago de la semilla de Nim, y se comprobó su efecto repelente en los insectos. Un acierto del experimento fue combinar ambos productos con Metarhizium . En un momento se pudo comprobar la presencia de la plaga en el ciclo de cultivo, sin daños visibles en fundas y flores. Posteriormente, el insecto desapareció.

«Se apreció el mismo efecto en la mosca blanca, el salta-hoja y el crisomélido», detalla.

Las evidencias favorables del empleo de cardona, tabaquina y cal aparecen, igualmente, en las parcelas de la Estación de Protección de Plantas, del municipio de Holguín, ubicada en Mayabe, donde, a la vez, experimentan con el boniato cimarrón, tubérculo con un fuerte y desagradable olor que, de acuerdo con prácticas campesinas, pone en fuga a las bibijaguas.

En el establecimiento, el palo de barco, el anamú y la copetúa, esta última conocida como flor de muerto, son parte del manojo de plantas bajo investigación, porque también se les cita como repelentes de plagas.

Resulta evidente que los especialistas del Departamento de Sanidad Vegetal de la provincia están empeñados en desempolvar viejas prácticas con el fin de establecer criterios sobre posibles usos actuales. Así se rescata y emplea la sapiencia del sencillo y persistente hombre de campo, comentó el ingeniero Roberto Labrada Sánchez.   

Es un camino apropiado, sobre el cual se debe intensificar la capacitación de los productores, con el fin de hacerlos razonar sobre la importancia de aplicar opciones como las descritas.

Estas, a la vez que inciden favorablemente sobre la agricultura convencional en general, y acentúan el valor de la agricultura orgánica como fuente de productos totalmente inocuos, son componentes del escudo propio para reducir al mínimo imprescindible las importaciones de insecticidas y plaguicidas.   

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LINK ORIGINAL: Granma

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