Bachilleres de un sistema educativo deficiente

Entornointeligente.com / Más de 210.000 jóvenes reciben estos días sus diplomas de bachiller y concluyen así la escolaridad de seis años en primaria y seis en secundaria que tendría que prepararlos para seguir estudios superiores.

Pero la formación universitaria de los bachilleres de este año, de manera similar que para los de 2020, dependerá esencialmente de su iniciativa personal o del recurso a clases en institutos pues el aprendizaje que consiguieron en el colegio es insuficiente.

Esa insuficiencia crónica de la educación preuniversitaria boliviana —cuya calidad ni siquiera se somete a evaluación internacional, por decisión del Gobierno— se refleja en el lugar que alcanzan nuestras universidades en varias clasificaciones que miden su desempeño.

Ninguna de esas clasificaciones ubicó jamás a alguna universidad de Bolivia siquiera entre las primeras 1.100 del planeta, ni entre las primeras 100 de Latinoamérica.

Y aun así, menos de la mitad de los bachilleres postulantes a las universidades más grandes del país logran aprobar el examen de ingreso, de acuerdo con datos de la Confederación Universitaria Boliviana.

Es una realidad que se constata hace años. Y en los dos últimos, las circunstancias resultantes de la pandemia de Covid-19 empeoraron las cosas para los estudiantes.

El año pasado, los estudiantes bolivianos de escuelas y colegios, más de 2.800.000, tuvieron cerca de 30 días de clases regulares. Cinco semanas de asistir a las aulas hasta que las restricciones impuestas por el Gobierno transitorio para mitigar la propagación del coronavirus los confinaron en sus casas. La educación quedó así en el limbo, primero, y finalmente relegada del todo con la clausura del año escolar. Pero más 160.000 jóvenes recibieron sus diplomas de bachiller.

Quienes terminan el colegio ahora, tienen en su formación un vacío que resulta del año clausurado y que, a pesar de las pretensiones de nivelación proclamadas por el Ministerio de Educación, no ha sido superado.

A eso se suman las dificultades que los estudiantes enfrentaron este año, por las mismas razones sanitarias y por las complicaciones, carencias y otros inconvenientes de las clases virtuales y a distancia. Tanto los profesores como sus alumnos demoraron meses para adaptarse a los recursos tecnológicos para una educación no presencial.

Esas deficiencias en su formación hacen que estos bachilleres sean de los más perjudicados en su educación. Ese perjuicio va a repercutir en su formación universitaria, comenzando por el examen de ingreso. Solo podrán superarlo con su esfuerzo personal.

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