Victor Gill Ramirez Walter ||// Una réplica necesaria - EntornoInteligente

La llamada Teoría del valor de Marx, no es sólo un análisis del intercambio de mercancías en las condiciones de la producción y circulación capitalista, sino una teoría de las relaciones económico-productivas de la clase trabajadora y la clase capitalista, o sea, del trabajo asalariado y del capital. Tampoco es una mera descripción del acto de contratación-transacción entre un trabajador y un capitalista. Es mucho más que esta comprobación empírica diaria de un fenómeno pleno de sutilezas que no se muestran al momento inmediato de la captación sensible.

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Esta es la razón por la que lo expuesto en el texto exige cuidada atención de lectura y de una necesaria extensión para ser comprendido.

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Hay una exigencia de comprensión conceptual no de lectura adventicia.

La ley del valor y el cambio trabajo asalariado – capital

El proceso de producción inmediato

Una vez puesto a punto mediante el análisis de la mercancía el papel y función del valor en el intercambio, Marx acometerá la tarea de extenderla al cambio que más se resistía a convalidar la “teoría clásica del valor”: el cambio entre los trabajadores y los capitalistas en torno del trabajo.

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Es éste el menos común de los cambios que se podrían encontrar entre todos los existentes, sea cambio entre mercancías, entre mercancías y dinero, entre “servicios” y dinero, etc.

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Marx descubrirá que se trata de una forma de cambio entre trabajador y capitalista que se caracteriza por una diferenttia specifica respecto de todo lo conocido.

Veamos en qué consiste tal diferencia específica.

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Si el trabajo se pagara a su valor exacto, el trabajador recibiría un salario equivalente al valor del producto que él produce, pero entonces no existiría el plusvalor pues no habría excedente.

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En tal caso, sería obligado admitir que es falsa la teoría del plusvalor, ya que habría un intercambio de valores equivalentes entre trabajo asalariado y capital.

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Pero yendo más lejos sería preciso decir que la producción capitalista misma se volvería imposible ya que ésta se basa en la apropiación del excedente.

Si el trabajo no es pagado a su valor exacto, el trabajador recibiría un salario que no es equivalente al valor del producto producido por su trabajo, ese valor debe ser menor para que se pueda generar el excedente base de la producción capitalista.

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En consecuencia, esto significaría un intercambio no equivalente entre trabajo asalariado y capital, con lo cual para que la teoría del plusvalor sea verdadera lo que se vuelve falsa es la ley del valor, puesto que como sabemos ésta rige los intercambios equivalentes.

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Al actuar, digamos, la ley se destruye a sí misma: “Una contradicción semejante, que se destruye a sí misma, en modo alguno puede ser ni siquiera enunciada o formulada como ley” (K.

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Marx, “El Capital”, Libro I, vol. 2. Siglo XXI, pp.652-653).

¿Cómo, pues, resolver este enigma y su contradicción? Al examen más minucioso lo que se presenta en la relación mercantil no es una contraposición entre “trabajo” y “capital”, sino el trabajador ante el empresario, esto es sujeto reales y no abstracciones sustantivadas.

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Y lo que el primero vende al segundo no es “trabajo” sino su capacidad de trabajar, vende su fuerza de trabajo y de manera específica vende el uso de su fuerza de trabajo “No bien comienza efectivamente su trabajo, éste ha cesado ya de pertenecer al obrero, quien, por tanto, ya no puede venderlo” (Ibídem, p.

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653). Veamos las características de esta forma peculiar de cambio no planteada por el análisis de la economía clásica.

Condiciones generales del cambio Tw/K

1º) El presupuesto fundamental de toda la relación de intercambio consiste en la separación entre la propiedad de los medios de producción y los trabajadores.

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Disociación entre condiciones objetivas y subjetivas de producción. Ahora bien, dice Marx que “La naturaleza no produce por una parte poseedores de dinero o de mercancías y por otra personas que simplemente poseen sus propias fuerzas de trabajo.

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Esta relación en modo alguno pertenece al ámbito de la historia natural, ni tampoco es una relación social común a todos los períodos históricos”.

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(Marx, El Capital, cit. I, 1, p.206) La disociación entre propiedad y trabajo se presenta como ley necesaria del intercambio entre el capital y el trabajo.

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Constituye, pues, una relación específica, histórica, de este modo de producción.

2º) La relación entre capitalista y trabajador no es de subordinación personal.

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La relación subordinada del trabajador al capitalista no es de carácter extraeconómico como es el caso de los trabajos servil o esclavo de otras sociedades de clase.

3º) La relación de subordinación es de carácter económico, surge de la asimetría en la organización social del trabajo: trabajadores no propietarios y propietarios no trabajadores.

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Es coacción económica. Los trabajadores están “liberados” de los medios de vida y de producción y los capitalistas están “liberados” de trabajar para mantenerse y vivir.

4º) Se trata de una relación económico-laboral mediada por el dinero.

5º) La relación es la de un intercambio que corresponde a una simple operación de compra-venta de mercancías (circulación simple de mercancías): cada uno obtiene un equivalente por lo que entrega; el trabajador dinero bajo la forma de salario, el capitalista el derecho de usar la capacidad de trabajo de aquél.

6º) La relación de subordinación del trabajador al capitalista la ejerce éste por medio del trabajo objetivado, dinero, medios de producción y medios de vida que constituyen “su propiedad” y de los cuales está despojado aquél.

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Pero en lo inmediato el dominio del trabajador se realiza por el dinero como inversión del capitalista y no en cuanto dinero mismo, es el dinero en función de capital.

Esta relación de cambio entre trabajador y capitalista se compone de dos momentos o procesos que deben determinarse de manera precisa: 1º) momento formal; 2º) momento real.

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Veamos esto en detalle.

1º) Momento formal (compraventa de Ft) – Cambio (Proceso de circulación)

El cambio entre trabajador y capitalista se muestra de la siguiente manera: por el lado del capitalista éste aparece como representante del capital, dueño o propietario de un patrimonio dinerario (D); por el lado del trabajador éste se le enfrenta sólo con su capacidad de trabajar o fuerza de trabajo (Ft).

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Aparecen como simples propietarios libres de mercancías. La relación que se establece entre ambos asume la apariencia de una transacción común de compraventa: el capitalista “compra” una mercancía (Ft) con su dinero (D) y el trabajador la “vende” por dinero que le llega bajo una modalidad especial, bajo la forma de salario (W).

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Es, pues, un intercambio simple; cada uno obtiene un equivalente. Surge entonces una relación contractual de hecho entre partes aptas sobre un “servicio” laboral, o sea entre personas que se presentan como jurídicamente iguales.

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Pero debe aclararse lo siguiente:

a) En este intercambio o transacción de compraventa no se vende una “cosa” mercantil, se vende una capacidad, potencia, o aptitud siempre por un tiempo determinado establecido como jornada de trabajo, esto es, el trabajador no puede vender todo su tiempo de trabajo en una sola transacción y definitivamente puesto que hacerlo sería venderse a sí mismo como mercancía y se convertiría en esclavo, por lo cual la relación capitalista de producción se volvería imposible.

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El capitalista “compra” una mercancía (Ft) con su dinero (D) y el trabajador la “vende” por dinero que le llega bajo una modalidad especial, bajo la forma de salario (W).

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Es, pues, un intercambio simple; cada uno obtiene un equivalente. Surge, entonces, una relación contractual de hecho entre partes aptas sobre un “servicio” laboral, o sea entre personas que se presentan como jurídicamente iguales.

b) Se desprende de a) que no es un cambio de trabajos objetivados en mercancías.

De modo directo no se trata de un cambio de mercancías en el sentido de “corporificación” en valores de uso intercambiables.

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El trabajador no es un vendedor de mercancías, si lo fuera no sería trabajador sino comerciante que dispone de un capital invertido buscando ganancias en la venta.

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Lo que vende sí es el uso de su fuerza de trabajo como mercancía, pero ésta sólo existe en su corporeidad viva y no como “cosa” enajenable y transferible al comprador.

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Esto sólo es posible si el trabajador, pues, aparece como libre dueño de su Ft y simultáneamente libre de Mp.

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“La segunda condición esencial para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como mercancía, es que el poseedor de ésta, en vez de poder vender mercancías en las que se haya objetivado su trabajo, deba, por el contrario, ofrecer como mercancías su fuerza de trabajo misma, la que sólo existe en la corporeidad viva que le es inherente” (K.

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Marx, “El Capital…” cit. I, p. 205).

c) El cambio es entre trabajo objetivado en dinero (D), propiedad del capitalista y la fuerza de trabajo (Ft) como trabajo o actividad “potencial” porque aún no sido utilizada.

d) De lo anterior se desprende que lo que se compra y se vende es, en rigor, el “valor de uso” de Ft.

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Es entonces un cambio directo entre trabajo objetivado y la capacidad de trabajo o, en rigor, un cambio con la posibilidad “de disponer” de ella por parte del capitalista durante un lapso diario, semanal, quincenal, mensual, etc.

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Si se extremara la particularidad de este cambio, bien podría decirse sin distorsionar lo esencial para nada, que el trabajador vende la disposición temporaria de su fuerza de trabajo o también, menos elegantemente, que “se alquila” por un tiempo de trabajo y, mejor aún, “alquila” el uso de su fuerza de trabajo (Ft) por tiempo o por una variedad del mismo que es por pieza producida.

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El capitalista adquiere en este intercambio simple con el trabajador, el derecho de disponer del trabajo ajeno bajo sus órdenes y durante la jornada laboral.

e) Desde el análisis teórico, el capitalista paga el valor de la fuerza de trabajo (Ft).

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Paga, pues, el valor de la mercancía que compra, ni por encima ni por debajo de su valor. Este valor no es otra cosa que el valor de los medios de vida y de subsistencia necesarios para la conservación del trabajador y su familia.

f) El dinero en este acto funciona “idealmente” como medio de compra, aunque el capitalista pague lo que adquiere, el uso de Ft, después de haberla usado y no antes o al principio de su uso.

g) La compra de Ft por el dinero (D) bajo la forma de salario (W), en este momento se lo toma como “precio de compra” inmediato, por tanto como “precio del trabajo” lo que hace que el salario aparezca como el pago o remuneración adecuada y conforme a derecho del “trabajo”.

h) En este cambio, sin embargo, no es el vendedor quien fija el precio de la mercancía que vende, sino que es el comprador quien lo hace y aquél debe aceptar o no venderla porque para eso hay “libertad de mercado”.

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Es cierto que en la actualidad esto no rige ya de modo unilateral, pero aún con sindicatos de trabajadores, cámaras empresariales y mediación del Estado, son los capitalistas quienes terminan fijando límites y niveles dentro de los cuales se discute.

i) Las condiciones de uso y/o consumo de Ft las establece el comprador: jornada laboral; ritmo de trabajo, pausas, rutinas, horario de labor; horas extras, etc.

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y no el vendedor. ¡Cosa curiosa ésta ya que en las demás formas de transacción es frecuente que sea al revés la imposición de reglas para realizar la operación!

De manera que en este momento lo que se destaca es la relación entre trabajador y capitalista, entre el vendedor y el comprador de esta mercancía especial que es la fuerza de trabajo, en la esfera del intercambio entre mercancía y dinero: en el proceso de circulación mercantil.

Como la relación de cambio a esta altura es la de un cambio entre dinero y mercancía a valores equivalentes, ya que trabajador y capitalista se enfrentan como propietarios de mercancías, y la transacción se realiza al valor de la fuerza de trabajo (W) o “precio del trabajo” según la formulación clásica.

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Rige, pues, la ley general del intercambio de mercancías o ley del valor.

Ahora es preciso dejar este momento que corresponde a la esfera de la circulación simple de mercancías, o sea en el mercado, como hemos visto, y entrar al proceso de producción inmediato, que es ante todo un proceso de trabajo, y constituye el segundo momento de la relación, por tanto se sitúa fuera del intercambio simple de mercancías.

2º) Momento real (Consumo de Ft por el capitalista) – USO (Proceso de producción)

El proceso de trabajo

En este momento no media cambio alguno.

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Este momento “completa” la transacción estipulada en el momento formal; el capitalista hace uso de su derecho de disponer de lo que ha comprado: la capacidad de trabajo del trabajador.

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Sus características son:

a) El propietario del dinero (D) y de los Mp, el capitalista, ya no es comprador, y el trabajador no vende ninguna mercancía.

b) El propietario ahora “usa” lo que ha comprado: la capacidad de trabajar, la fuerza de trabajo, del trabajador o sea el valor de uso de la mercancía Ft, y el trabajador se la entrega de la única manera que cabe hacerlo: trabajando.

c) El dinero que entrega el capitalista bajo la forma de salario (W), funciona ahora como medio de pago, pues él lo efectiviza una vez utilizada la Ft, así como antes sirviera idealmente de medio de compra ya que la transferencia nominal (momento formal) es diferente de su transferencia real (momento real).

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O sea, la cesión jurídica del valor de uso de Ft y su enajenación efectiva (el trabajo mismo) no coinciden en el tiempo.

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De manera que es después de haberla consumido que el capitalista paga la Ft, hecho singularmente llamativo ya que, lo común en el cambio, es que las mercancías se paguen antes de ser consumidas.

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Esta situación responde a la naturaleza peculiar de la mercancía que el capitalista compra (Ft) y que, en realidad, sólo puede ser entregada después de ser consumida (usada).

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Pero esto revela que es el trabajador quien le abre un crédito al capitalista y no al revés.

Proceso de trabajo como creación de valor

d) El proceso de trabajo ha quedado subordinado al propietario capitalista que es quien lo controla, dirige y dicta las órdenes.

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La empresa es el ámbito de su propiedad y allí “manda” y vigila.

e) Ahora durante la jornada laboral establecida el trabajador objetiva valor en una cantidad de mercancías que no le pertenecen ya que son propiedad del capitalista.

f) Es preciso señalar de manera explícita la importancia de lo siguiente.

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Cuando se trata del intercambio general de mercancías de acuerdo con su valor, se cambian: 1º) cantidad iguales de tiempos de trabajo objetivado; 2º) valores de uso diferentes entre propietarios diferentes; pero lo que comúnmente se pasa por alto es, 3º) que se cambia cierta cantidad de trabajo vivo por una cantidad igual de trabajo objetivado.

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Cuando el intercambio se realiza entre propietarios dueños de sus condiciones objetivas de trabajo, ésta última propiedad consiste en que el valor del producto coincide con el valor del trabajo.

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Pero cuando de lo que se trata es de un cambio entre capitalista y trabajador, en esta relación es cuando aparece un desdoblamiento entre el valor final del producto o sea de las mercancías creadas por el trabajador, y lo que el propietario ha pagado bajo la forma de salario para que se produjeran, esto es el valor de Ft.

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Valor de la fuerza de trabajo y valor del producto se desdoblan como dos magnitudes diferentes.

Proceso de trabajo como valorización: transformación del dinero en capital

g) La nueva situación exige que el valor de la primera (Ft) deba ser menor que el valor del segundo (producto) o todo el movimiento carecería de sentido para el capitalista.

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Aquí está la diferenttia specifica del proceso que se opera entre el capitalista y el trabajador asalariado: el valor de uso de Ft es en sí misma fundamento del valor de cambio, ya que el uso de ella (trabajo vivo) significa que al trabajar a lo largo de la jornada laboral crea un valor de cambio objetivado en el valor del producto que es de mayor magnitud que el que ella misma contiene.

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Para decirlo de otro modo: un quantum determinado de trabajo asalariado objetivado se cambia por un quantum mayor de trabajo vivo, lo que se puede ver en el valor de los medios de subsistencia que reproduce la Ft del trabajador.

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Los capitalistas, pues, usan (consumen) lo que han comprado y lo hacen fuera de la circulación de mercancías.

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Cualquier mercancía que se consume, esto es, beber, comer, vestir, etc. tales actos se ejecutan o sitúan ya NO en la circulación sino en otra esfera: aquí en la del consumo productivo.

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¡En este acto, el valor de uso (Ft) es consumida por el capitalista para generar valor de cambio! “…es valor de uso que pone (crea) valor de cambio” (K.

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Marx, “Grundrisse…”, cit. III, p.218), de manera que el trabajo “comandado” es mayor que el trabajo contenido, en términos de Smith.

¡He aquí el origen del plustrabajo, objetivado en plusproducto, por tanto en plusvalor, y como el dinero se convierte en capital!

Dirá entonces Marx que: “La ganancia que obtiene el capitalista, el plusvalor que realiza, proviene precisamente de que el obrero no le ha vendido el trabajo objetivado en mercancías, sino su fuer de trabajo misma en tanto que mercancía.

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Si el obrero lo hubiera enfrentado bajo su forma primera, en tanto que propietario de mercancías, el capitalista no hubiera podido obtener ganancias, no hubiera podido realizar el plusvalor, pues en virtud de la ley del valor, son equivalentes que se intercambian, una cantidad de trabajo por igual cantidad de trabajo.

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El plusvalor del capitalista proviene justamente del hecho que él no compra al obrero ninguna mercancía, sino su fuerza misma de trabajo y que ésta tiene un valor inferior a la de su producto, o, lo que es lo mismo, que esta fuerza de trabajo se realiza en una cantidad de trabajo objetivado mayor que aquella objetivada en ella misma.” (K.

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Marx; Théories sur la Plusvalue”; Editions Sociales; París; 1974; p. 366. Traducción FHA)

Tal como se puede ver es en este momento real en el que el cambio entre trabajo vivo y trabajo objetivado es desigual.

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El pago del salario a-posteriori del uso oculta esta situación y muestra la apariencia de que el capitalista paga el valor de “toda la jornada” de trabajo, con lo cual refuerza la “ilusión” de que nada ha cambiado y continua la igualdad del momento formal en el cual efectivamente no ha sido infringida la ley del intercambio de mercancías a valores equivalentes.

De este modo la ley del valor que rige los intercambios equivalentes de mercancías y de mercancías y dinero, ya no rige pues se trastrueca en apropiación de más valor por parte del capitalista del que él entrega bajo la forma de salario.

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Esta ley de la igualdad de los intercambios oculta, pues, de hecho la desigualdad y la no equivalencia del intercambio pero manteniendo la “apariencia” de la equidad del mismo porque se alude al momento formal y no al uso efectivo de la Fuerza de trabajo, al momento real del proceso.

Este procedimiento real de producción aparece ahora como una ley de “expropiación” y no de “apropiación” igualitaria; de ley de los intercambios equivalentes se ha convertido en su opuesto: ley del intercambio desigual entre trabajador y capitalista.

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Esta circunstancia se da dentro de la esfera del proceso capitalista de producción de mercancías. ¡Se explica así la “explotación” de la fuerza de trabajo por el capital! En este intercambio la ley del valor tapa, oculta, la explotación del trabajo por el capital, no la explica, al contrario ¡la justifica! Como puede apreciarse la explotación de la fuerza de trabajo no se trata de cuestión moral alguna sino de una relación estrictamente económico-social.

Marx es enfático en esto y afirmará que “…en cuanto cada transacción singular se ajusta continuamente a la ley del intercambio mercantil, y el capitalista compra siempre la fuerza de trabajo y el obrero siempre la vende –queremos suponer que a su valor efectivo-, es evidente que la ley de la apropiación o ley de la propiedad privada, ley que se funda en la producción y circulación de mercancías, se trastrueca, obedeciendo a su dialéctica propia, interna e inevitable, en su contrario directo.

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El intercambio de equivalentes, que aparecía como la operación originaria, se falsea a tal punto que los intercambios ahora sólo se efectúan en apariencia, puesto que, en primer término, la misma parte de capital intercambiada por fuerza de trabajo es sólo una parte del producto de trabajo ajeno apropiado sin equivalente y en segundo lugar su productor, el obrero, no sólo tiene que reintegrarla, sino que reintegrarla con un nuevo excedente.

“La relación de intercambio entre el capitalista y el obrero, pues, se convierte en nada más que una apariencia correspondiente al proceso de circulación, en una mera forma que es extraña al contenido mismo y que no hace más que mistificarlo.

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La compra y venta constantes de la fuerza de trabajo es la forma. El contenido consiste en que el capitalista cambia sin cesar una parte del trabajo ajeno ya objetivado, del que se apropia constantemente sin equivalente, por una cantidad cada vez mayor de trabajo vivo ajeno.

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Originariamente, el derecho de propiedad aparecía ante nosotros como si estuviera fundado en el trabajo propio.

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Por lo menos habíamos tenido que admitir esta suposición, ya que sólo se enfrentaban poseedores de mercancías igualados ante el derecho, el medio para la apropiación de la mercancía ajena era solamente la enajenación de la mercancía propia, y ésta sólo podía producirse por el trabajo propio.

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La propiedad aparece ahora, de parte del capitalista, como el derecho a apropiarse de trabajo ajeno impago o de su producto; La escisión entre propiedad y trabajo se convierte en la consecuencia necesaria de una ley que aparentemente partía de la identidad de ambos” (K.

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Marx, “El Capital”, Libro I, vol. 2, pp.720-722).

Ahora se muestra claramente el hecho que la condición para que el dinero se transforme en capital es que el propietario de un patrimonio dinerario pueda intercambiar su dinero por la capacidad de trabajo ajena en cuanto mercancía.

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Las leyes del intercambio no se han alterado, por el contrario, se han cumplido, se ha cambiado un equivalente por otro y sin embargo al capitalista le queda un remanente: el plusvalor.

Agreguemos ahora qué es lo que interesa a trabajador y capitalista en este cambio:

Al trabajador: vender para comprar.

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Vende Ft (m), recibe salario (d) para comprar luego mercancías (m) el circuito es pues: m – d – m.

Al capitalista: comprar para vender.

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Compra con D, medios de producción (Mp) y fuerza de trabajo (Ft). Usa la Ft en el proceso de producción para obtener nuevas mercancías M´ valorizadas que luego vende y recupera D´, o sea recupera D

acrecentada.

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El circuito D – M – D´, en el que D´ es mayor que D. El circuito simple m-d-m queda subordinado al ciclo general del dinero D-M-D´

Al trabajador lo que le importa es acceder al valor de uso de las mercancías.

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Necesita consumir.

Al capitalista lo que le importa es el valor de cambio, o sea acceder a la posesión del dinero acrecentado (D´).

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Porque en esta forma el dinero funciona como generador de excedente: actúa como capital.

Se desprenden de lo anterior otras características del cambio:

1) El cambio de dinero por Ft en el momento formal no genera excedente.

2) La relación entre trabajo vivo y trabajo materializado en el momento real genera excedente.

3) El dinero en el momento formal funciona como medio de circulación (compra)

4) El dinero en el momento real como medio de pago funciona en realidad como capital que genera más capital.

Resultado general de la relación de intercambio entre trabajadores y capitalistas: el trabajador genera riqueza ajena, esto es, para los propietarios capitalistas, y para sí el mero ingreso salarial que siempre lo mantiene en situación de volver a trabajar, pero nunca riqueza para sí.

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Por eso el incesante proceso de intercambio capital-trabajo lo lleva siempre de nuevo exactamente al punto en el que se encuentra al principio: despojado y necesitado de trabajar para vivir y con el fin de sólo vivir para trabajar.

El intercambio entre el capitalista y el trabajador, tal como se ha mostrado, echa luz sobre un punto importante.

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Los trabajadores no pertenecen a tal o cual capitalista, sino que pertenecen a la clase capitalista toda; como trabajadores individuales pueden dejar de trabajar para un capitalista o, lo más común, pueden ser despedidos, pero esto es sólo una pausa hasta ser nuevamente contratado por otro capitalista.

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Los trabajadores, como clase, no pueden desprenderse de toda la clase capitalista, a menos de quedar expuesta a perecer por hambre.

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De manera que el trabajo vivo es incorporado al capital y la actividad laboral de los trabajadores aparece como perteneciéndole a éste, cual una cualidad suya.

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Desde el momento que se inicia el proceso de trabajo todas las “potencias” del trabajo social se muestran como “potencias productivas del capital”, del mismo modo que la forma social del trabajo aparece en el dinero como propiedad de una cosa.

Las potencias productivas del trabajo y sus formas particulares se manifiestan como potencias productivas y formas del capital, las condiciones objetivas del trabajo y de la producción se erigen como “autónomas”, como personificadas, ante el trabajo vivo, en la figura del capitalista.

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Aquellos medios no están subordinados al trabajador, por el contrario es él quien queda subsumido en ellos.

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No es él quien los usa sino ellos los que lo utilizan a él y se yerguen como “capital”: el capital “emplea” al trabajo (modernamente el capital “da” empleo, “crea” ocupación), él dicta sus fines y convierte al trabajador en un medio para lograr aquellos: valorizar el valor de capital, acrecentarlo, extraer plustrabajo para transformarlo en plusvalor.

Volvemos a encontrar aquí en Marx un rasgo importante de su pensamiento analítico que impregna la categoría del capital “en general” (Ver cuadro Nº 3): el trastrocamiento que se da en la personificación de las cosas (Mp, dinero, etc.) y cosificación de las personas (capitalista, trabajadores); el capitalista domina al trabajador no en virtud de sus cualidades personales sino sólo porque él es el capital “viviente”, su dominio es el del trabajo objetivado sobre el trabajo vivo, de los productos y de los medios con los que produce sobre el trabajo y el trabajador mismo.

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Es el carácter fetiche del capital. firme en árida ansia de subsistencia, con órganos de clavija, a este mundo de insumos…; levántase aquél otro briosamente del polvo, rumbo a las regiones de los altos vuelos del excedente”.

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Con información de: Aporrea

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