VENEZUELA: Suelo y subsuelo - EntornoInteligente

Tal Cual / Nos vivimos los venezolanos desde hace ya unos cuantos meses como los pobladores de un país en ruinas. Y como tal nos pensamos y nos piensan quienes desde afuera nos contemplan.

Semejante apreciación, a pesar de que no he encontrado a nadie que no la comparta, puede ser apreciada en buena lógica y en estricta semántica, como una falsedad o un disparate. ¿No hablamos acaso, aquí y en otras partes, de Venezuela como de una nación dividida en mitades y no hay acaso una división similar, si bien no tan extrema, en la opinión de la comunidad internacional? ¿Cómo puede haber entonces una apreciación como esta,”Venezuela, nación en ruinas”, que sea universalmente compartida? Pero es que la formación y el devenir de la conciencia y los sentimientos nacionales no se rigen por leyes lógicas o semánticas.

Se usa hasta un solo elemento de los que conforman la personalidad, azaroso y hasta desdeñable en muchos casos, se adjudica universalmente a todo un pueblo y no hay manera de escapar a semejante apreciación universal. Así, desde hace mucho tiempo, ya más de un siglo en todo caso, se adjudica a los venezolanos aquí y en otras tierras, un desmesurado orgullo nacional una altanera echonería, y una extrema superficialidad en la forma de vivir los asuntos tanto ajenos como propios.

Hemos conocido estas representaciones en los almacenes, tiendas u hoteles de cualquier gran ciudad o sitio turístico; en lo predios universitarios y académicos con ocasión de foros o concursos de oposición; o en las salas de redacción de revistas o periódicos. Y siempre nos hemos encontrado con psicólogos y sociólogos; con filósofos o comunicadores sociales, así como también con comerciantes, amas de casa o deportistas, que explican el famoso “está barato, dame dos”, o la difundida sentencia “no se afanan los venezolanos, pues con nada que sepan, ganan bien su vida” que dan como fundamento de estas maneras de ser la conciencia que tenemos de ser una potencia petrolera, “el primer productor” en una época, luego “el primer exportador y ahora, desde hace apenas unos años, “el país de las mayores reservas petroleras. Y, al lado de esta conciencia lúcida, tenemos una conciencia más o menos justa de ser pobladores de la nación petrolera que más ha hecho por “nacionalizar” las riqueza de nuestro subsuelo, rescatándolas de la avidez ajena y de haber sido los fundadores de la OPEP, el más sólido y duradero cártel que hayan creado países no industrializados, países subdesarrollados.

PODERES Y DESVENTURAS DE NUESTRO SUBSUELO Si, como hemos visto, esta conciencia de ser potencia petrolera, está en la base de los atributos que se adjudican a nuestra condición de venezolanos, ella también está en la base de todas nuestras luchas políticas, de los planes y anhelos que han formado nuestros dirigentes políticos, desde el gobierno o desde la oposición cuando esta ha podido manifestarse. Al comienzo fue el evangelio de Uslar Pietri, predicado desde el gobierno y desde la oposición también: “sembrar el petróleo”.

Luego, el evangelio de Pérez Alfonso: “administrar la riqueza petrolera con criterios de austeridad y pobreza”. Evangelios estos dos edificados sobre la base de un innegable conocimiento de lo que es el petróleo y de lo que ha sido nuestro pueblo. Y apareció después un tercer evangelio, preparado desde el gobierno por Hugo Chávez de manera absolutamente arbitraria en tanto que no se basaba en previos conocimientos ni sobre el petróleo, ni sobre lo que ha sido nuestro pueblo, ni sobre lo que es la situación político-económica actual.

Apareció el Evangelio según Hugo Chávez: “Construir sobre el subsuelo de Venezuela el socialismo del siglo XXI”. Como fundamento de este personal y arbitrario evangelio yace la idea de que la riqueza petrolera, la producción petrolera en esta época de precios del petróleo inimaginables hasta entonces, podía sustituirse a la lenta e indispensable acumulación de capitales que es necesaria para pasar de un sistema de producción a otro.

Y sobre la idea de que con las divisas provenientes de petróleo se podía hacer todo cuanto se estime necesario: sacar a los pobres de su inveterada pobreza (y tristeza), mejorar considerablemente la educación y la salud y establecer relaciones distintas con las otras naciones. Todo eso en persecución de la igualdad, la justicia.

No es nuestro propósito analizar lo que ha sido la realización de este evangelio chavista y, menos aún, de evaluarla. Quizás habrá un momento para hacer ambas cosas, pero lo que nos proponemos ahora es señalar que toda nuestra historia petrolera, o mejor, que toda nuestra historia de potencia petrolera, base de esos tres evangelios, desemboca en la situación que vivimos actualmente.

Y esta situación es la que se presenta en un cuarto evangelio, que podríamos considerar un evangelio negativo, pues nos habla, no de un programa para el futuro, de un proyecto por realizar, sino de una frustración radical; nuestra crisis actual indica el fin de nuestra condición de potencia petrolera.

Evangelio este predicado sobre todo por críticos y analistas de afuera, que han logrado difundir esta imagen de la Venezuela actual “Se está viviendo una especie de milagro del diablo: Sucesivos gobiernos chavistas han logrado transformar la nación más rica y prospera de América Latina en una de las naciones más pobres del mundo.

Y vienen de inmediato los fundamentos de esta visión. El que fuera hasta comienzos de siglo el país más consumista y viajero de la tierra se ha convertido en un país de interminables colas y de muy reducidas capacidades de salir al extranjero o de hacer venir del extranjero los bienes para satisfacer lo que son ya hábitos de la mayoría de los venezolanos.

El país había logrado mantener por más de un siglo, la más poderosa moneda dentro de loa países pobres de la tierra, se ha convertido en un país cuya moneda no vale nada, ni dentro ni fuera de las fronteras.

El país donde las colas o las filas de espera habían sido hasta ahora nubecillas pasajeras en un ambiente nacional despejado y luminoso, se ha convertido en un país de colas permanentes para adquirir todo género de bienes.

El país donde los ciudadanos aprendieron a medir el avance de la democracia y de la sana evolución de la sociedad por la vigencia de losas libertades y de los derechos del hombre y por la afirmación real de la separación de los poderes se ha convertido en un país donde gobernar no significa resolver los problemas que confronta la sociedad, sino controlar y reprimir.

Pero quien estudie detenidamente la aparición y evolución de estas manifestaciones de nuestra crisis pueden constar que lo que ha fracasado no es nuestra conciencia de ser una potencia petrolera, sino la ignorancia o el olvido de que hemos sido una potencia petrolera por ser el país que al lado de un subsuelo rico en petróleo, cuenta con un suelo fértil y productivo con que no cuenta ninguna otra de las potencias petroleras pobres.

Nuestro problema no ha comenzado por no haber sabido utilizar la riqueza petrolera, sino por haber estropeado, hasta llevarlo a la ruina, la esfera de los suelos, el mundo de la agricultura, la ganadería, los bosques y los pastos.

Con Información de Tal Cual

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