VENEZUELA: 'Los riesgos del arte' - EntornoInteligente

Contrapunto / Ninguna obra de arte es inofensiva ante la realidad y ante quienes se exponen a ella. Cuando se trata de la creación honesta de un autor, una pintura, un texto teatral, una canción, una película o un libro apuntan, irreprimiblemente, a extraer del entorno aquellas cosas que preocupan, que incomodan, que fascinan o conmueven a quien los ha concebido. Son una lectura de lo visto y sentido. Una reinterpretación visceral o muy razonada de experiencias o aprendizajes que se pueden devolver al mundo desde las formas más caprichosas: como expresiones de rabia, gritos de denuncia, manifestaciones de desencanto, pruebas de fe, afirmaciones de identidad, indagaciones históricas, exploraciones psicológicas o, simplemente, retratos sarcásticos, lúdicos o admirados de la vida que atañe, única y exclusivamente, al impulso creador del artista.

Así, cuando una obra de arte es lanzada al mundo, si logra trascender, es porque más allá de sus hallazgos formales y discursivos, su impacto en la sociedad no es para nada desestimable. Esto es, precisamente, lo que parece olvidar el protagonista del filme El ciudadano ilustre , Daniel Mantovani, escritor que al principio de la historia puesta en escena por los cineastas Gastón Duprat y Mariano Cohn, recibe el primer Premio Nobel de Literatura para un argentino.

Mantovani está exiliado en España, pero tras la concesión del galardón de la Academia Sueca, le llueven las invitaciones: de universidades, academias e instituciones culturales de todas partes. Pero hay una que en particular lo seduce: la del pueblo de Salas, en la provincia argentina, donde nació.

Emocionado y hasta intrigado por el reencuentro con los”suyos?, Mantovani llega a Salas para ser recibido como”el ciudadano ilustre? que es de suponerse. Es el héroe de los suyos, de sus viejos vecinos y de los chicos”saleños?”a pueblo inventado, gentilicio ídem? que sólo saben de él por sus libros. Libros en los que, por cierto, el escritor reniega, con esa sabiduría de la que presumen muchos intelectuales, de sus propios orígenes, de la forma de ser de sus coterráneos, exaltando sus vulgares conductas y su atrasada moral, y minimizando sus valores más preciados.

A partir de esta premisa, El ciudadano ilustre , ganadora del premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana de 2016, se muestra como una comedia de situaciones absurdas que van desde el patético desfile por las calles de Salta de Mantovani, ¡montado sobre un camión de bomberos!, hasta las extrañas e insistentes invitaciones a agasajos que recibe el”hijo ilustre? por parte de los lugareños.

Pero desde el momento en que algunos”saleños? comienzan a interpelar al escritor sobre la forma poco halagadora como describe el pueblo en sus libros, la historia adquiere un tono más oscuro, casi de thriller cuyas consecuencias serán imprevisibles hasta para el mismo protagonista.

Andrés Duprat, el autor del guion de El ciudadano ilustre , demuestra aquí su dominio en el manejo de la progresión dramática, pues si bien la primera mitad del filme reboza de un humor que se sostiene sobre el contraste entre lo sofisticado (representado por Mantovani) y lo ordinario (los habitantes de Salta), en la segunda parte el relato degenera en una especie de suspenso en el que el protagonista deja de ser un héroe local para transformarse en una presa de caza.

Aunque ligera, El ciudadano ilustre plantea temas de discusión muy interesantes. Por ejemplo, la contraposición entre la mirada”europeísta?, ilustrada, culta, elevada, y los valores campechanos de un pueblo de provincia; o bien, la visión crítica que un exiliado puede tener de su lugar de nacimiento y la resistencia a las críticas de sus coterráneos; aún más, la desconexión del artista consagrado de sus raíces, o finalmente, el contraste entre la visión amplia, global, desarrollista del escritor del primer mundo versus la óptica cerrada, limitada y nacionalista de un poblado perdido en los confines de un continente excolonizado.

Sobre las expresiones de estupendo actor Oscar Martínez recae la totalidad del peso emocional de El ciudadano ilustre . Él maneja a sus anchas los estados interiores de su personaje: es cínico cuando tiene que serlo; sorprendido cuando se enfrenta a situaciones inesperadas; iracundo cuando siente que no es entendido, y hasta aterrado cuando los hechos se salen de control. Duprat y Cohn consiguieron de su actor todo lo que necesitaban para que la historia funcionara. No en balde, Martínez recibió la Copa Volpi a Mejor Actor en el Festival de Venecia del año pasado.

El ciudadano ilustre se exhibirá en Caracas a partir del 7 de julio, dentro de la programación del Festival de Cine Argentino. No deje de apreciar esta equilibrada mezcla de filme de distracción y obra para la reflexión.

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