Vacaciones en crisis - EntornoInteligente

El Nacional / 09 de julio de 2017 12:06 AM Responder preguntas delicadas, calcular el riesgo de llevar a los niños al colegio, calmar miedos, ofrecer contención emocional y buscar la manera más sana de explicar lo inexplicable. A todos estos desafíos se enfrentan los padres últimamente, sumados a las exigencias diarias. Ahora que llegaron las vacaciones y las oportunidades de distensión puertas afuera son limitadas, toca hacer gala de toda la creatividad posible para que estos días sean placenteros para los pequeños.

¿Por dónde empezar? Holanda Castro, fundadora de Club para Mamás, promotora de la crianza respetuosa y miembro de la red Paz Adentro, señala que lo esencial es que los padres reconozcan y procesen cómo se sienten. “Es verdad que estamos muy tensos, pero si no logramos tomar conciencia de eso para canalizarlo, corremos el riesgo de pagar nuestro estrés con los niños, sobre todo ahora que permanecen más tiempo en la casa”. Toca tener siempre presente que no tienen la culpa, cuidar los mensajes que se les transmiten y hacer lo que sea necesario para no estallar con ellos, así sea respirar profundo y contar hasta un millón. Los niños suelen tomar como referencia a sus padres para deducir cómo sentirse: si los ven serenos, probablemente copiarán su actitud. Si los sienten tensos, ellos también se sentirán ansiosos.

No quiere decir, sin embargo, que los adultos no puedan ser honestos o haya que ‘normalizarlo’ todo. “Si en un momento dado tuvimos que correr con el niño porque la calle se puso peligrosa y nos asustamos, no tiene caso decirles que no pasó nada. Ellos están más enterados y entienden más de lo que uno cree”, explica Abel Saraiba, psicólogo y coordinador del programa Creciendo sin violencia de Cecodap. “Es más fácil reconocer que ambos pasamos un momento de miedo, preguntarle qué sabe o cómo se siente sin juzgarlo, y explicarle, según su edad, que esas cosas no deberían pasar; que la próxima vez vamos a tener más cuidado y que los adultos vamos a protegerlos”.

¿Qué vamos a hacer?  “En estos tiempos, yo diría que los papás tienen que empezar a flexibilizar algunas nociones, tomando en cuenta las limitaciones de esparcimiento que hay, sobre todo en estos momentos en los que es difícil viajar o hacer planes”, indica Castro. Si el niño no puede salir a jugar con sus amigos ni bajar a patinar con los vecinos porque hay gases en la calle, por ejemplo, podría considerarse mover los muebles o quitar los adornos para dejarle un espacio libre, y si el tipo de piso lo permite, que patine dentro del apartamento como una excepción por estos días. “No es lo usual, pero tomando en cuenta que ellos necesitan drenar toda la energía que acumulan, ese ajuste es preferible a tenerlos frustrados y tensos, pero con la casa impecable y los adornos en su lugar. O si vivimos en una casa con patio, llovió, quiere jugar con barro y sabemos que después vamos a poder bañarlo, honestamente no nos cuesta nada permitírselo”.

Saraiba coincide y explica que lo que al adulto le parece innecesario para el niño puede ser muy importante. “Pasa mucho con el juego: al adulto no le parece una prioridad y piensa que hay necesidades más imperiosas, como la comida, pero se le olvida que a través del juego es que el niño explora, aprende y se relaciona con su entorno. A veces se nos queda grabada la orden de que tal cosa no se puede o no se debe y no necesariamente hay que seguirla siempre al pie de la letra. También hay que dejar que jueguen a su manera, no con la lógica o la agenda del adulto”. Ambos expertos coinciden en que si un día determinado la calle está tranquila, siempre es recomendable sacarlos a correr o jugar a un espacio abierto en condiciones seguras.

¿Cuál sería el mejor recurso que el pequeño tendría para entretenerse y sentirse afectivamente seguro en tiempos tan complejos? No son juguetes, hamburguesas ni viajes a la playa. “Lo que esta temporada plantea y que puede resultar un tremendo regalo para los niños es poder contar con la atención total de sus padres, algo que no tienen a esa escala todos los días. Cuando hablamos de atención nos referimos también a la propia disposición de vincularnos emocionalmente en profundidad con nuestros hijos: de conocer al niño y de dejarnos conocer nosotros, más allá del deber ser o de la disciplina. Saber qué les gusta, cuáles son sus intereses, prestarnos a hacer o jugar lo que ellos propongan, sin poner demasiadas trabas y sin interrumpirlos para revisar las redes o las noticias: eso es realmente lo que quieren y necesitan. Crear momentos especiales con ellos requiere tiempo, presencia, atención y disponibilidad afectiva”, expone Saraiba.

Estoy aburrido.  Si la preocupación de los padres es que el niño pase demasiado tiempo clavado en la tecnología, también debe haber alternativas. “Muchas veces vemos que los papás se quejan de que el chamo siempre está pegado a la tableta o al videojuego y no se dan cuenta de que ellos pasan todo el día pegados al teléfono. Si el niño está chateando con sus amigos, por ejemplo, esa es su manera de comunicarse durante el tiempo que no puede verlos”, explica Saraiba. Si el problema es que los hijos no parecen encontrar otro modo de entretenimiento, no está de más echarles una mano. “Suele pasar que le digan al niño: ‘suelta la tableta, haz otra cosa’ y que luego a los propios papás les dé flojera ponerse a jugar con él”. Si bien aprender a sortear el aburrimiento es una faceta necesaria y saludable de la infancia, no está de más ofrecer de vez en cuando algunas herramientas para entretenerse.

 ” Uno puede tener en la casa lo que llamamos un botiquín de primeros auxilios creativos: papel, creyones, mandalas para colorear, pintura, plastilina, disfraces, telas, arcilla, cuentos, materiales de reciclaje… lo que nosotros creamos que pueda ayudar al niño a mantenerse entretenido aprovechando su imaginación. La jardinería también es ideal; el contacto directo con la naturaleza siempre tiene un efecto equilibrante”, sugiere Castro. Los abuelos también pueden ser grandes aliados compartiendo sus historias de infancia o enseñándoles juegos tradicionales. También disfrutan de aprender a hacer algo que los adultos manejen bien: cocinar, tejer, tocar un instrumento, reparar algo; todo en un ambiente distendido, sin presión ni ansias de perfección. “Incluso se puede emprender con ellos un proyecto para mejorar la casa y dejarlos pintar su propio cuarto, por ejemplo”, dice esta mamá. “Es verdad que hay que tomar previsiones adicionales para no ensuciar de más y que el acabado a lo mejor no va a ser profesional, pero es algo que van a disfrutar porque es inusual”.

Si al niño no le provoca hacer nada en un momento dado, eso también hay que respetarlo. Los expertos  recalcan que los pequeños necesitan un tiempo no estructurado para jugar a su manera, esparcirse o simplemente no hacer nada. “Las vacaciones no deberían ser una temporada de más tareas dirigidas o de un montón de actividades impuestas solo porque los papás sienten que el hijo ‘debería hacer algo productivo’, sino un tiempo para relajarse. Para eso son vacaciones”, recuerda Saraiba.

Extraño a mis amigos.  Si bien las condiciones inusuales del país pueden haber evitado que el hijo pase su temporada anual entre primos en el pueblo de los abuelos, o que asista al plan vacacional de costumbre, no deja de ser importante que socialice. “Aun si tienen hermanitos, necesitan jugar con amigos, vecinos. Estamos hablando de pares que no vivan en la misma casa”, apunta el psicólogo. Los padres pueden ponerse de acuerdo con los abuelos, tíos y representantes de otros niños para acordar ratos de juego en las respectivas casas, ya sea para ver películas o practicar un deporte. Saraiba indica que esto es útil para que cambie de ambiente y sobre todo para que los padres tengan un respiro, pues es cierto que estos también pueden llegar a un punto de saturación, en especial cuando se trata de los más pequeños y hay largos encierros de por medio. “En la medida en que los papás también pueden relajarse y tener su propio espacio sin los niños, van a ser más pacientes y más dados a atenderlos mejor”.

Si se le pregunta a Saraiba cuál sería un riesgo en esta temporada, indica que sería no saber balancear entre la permisividad y la culpa. “Es verdad que esta es una época difícil, pero si nos excedemos en condescendencia porque ‘pobrecito el niño’ o nos sentimos culpables porque no podemos darles todo lo que piden, las consecuencias pueden ser negativas. Básicamente tenemos que aceptar que estamos en condiciones atípicas y transmitirle al niño ese mensaje de adaptación, de que todos vamos a hacer lo mejor que podamos en este contexto y que lo que no se puede hacer o tener ahora, ya se podrá más adelante”. También sugiere no hacer planes demasiado complejos, pues es difícil garantizarles que se ejecutarán en el momento previsto. Llevarle el pulso a la calle e improvisar en función de las condiciones de seguridad es más prudente.

“La mejor manera de orientarse sobre si estamos haciendo lo correcto es preguntarse: ¿cómo me gustaría que me trataran a mí? ¿qué hubiese querido hacer cuando era niño? ¿qué necesité a esta edad de mis padres?”

 Abel Saraiba, psicólogo

Manejo de emociones

Bajo el lema “educar para la paz y la convivencia”, la psicóloga clínico Meury Rivero ofrece un taller llamado Mi escuela emocional, diseñado para que padres e hijos obtengan las herramientas necesarias para comenzar a identificar, canalizar y expresar sus emociones de manera adecuada. El taller está estructurado en tres sesiones, dos para los niños y una para los papás, y se organizan por edades (de 5 a 9 años y de 10 a 13 años). El próximo será  dictado a finales de julio. Más información en Instagram: @psique_vida

Fortaleciendo la imaginación

Hace dos años, Nancy Moreno y Manuela Wolfenzao decidieron unir fuerzas para crear una biblioteca itinerante, después de investigar sobre experiencias similares en otros países. Con la ayuda de su círculo cercano y con donaciones propias lograron recaudar los libros necesarios para comenzar. Actualmente la biblioteca funciona todos los domingos, de 11:00 am a 1:00 pm, en la plaza Sucre del casco histórico de Petare. Allí comienzan con una lectura grupal y luego cada niño elige el libro de su interés. Los padres pueden integrarse a la actividad leyendo junto a sus hijos y es completamente gratuita. Para más información, consultar en Instagram: @pasalacebra.

Entrenando juntos

Hace poco más de un año, la terapeuta ocupacional María Alejandra Silva y un grupo de socias, dedicadas al área de la rehabilitación y el acondicionamiento físico, identificaron la necesidad de proponer un servicio que permitiera que las madres en etapa de posparto pudiesen entrenar sin perder de vista a sus bebés. De allí surgió Entrenando juntos Mom & Baby System, un lugar en el que las madres hacen una rutina de ejercicios funcionales intercalada con breves sesiones de estimulación temprana para sus hijos. Pueden acudir mamás con bebés de cero meses y hasta que aprendan a caminar. Tienen sedes en Galerías Sebucán y en San Luis, en Caracas. Más información en Instagram: @entrenandojuntos

Más información:

Red Paz Adentro:  en Instagram @clubparamamas

Cecodap:  www.cecodap.org.ve

Vacaciones en crisis

Con Información de El Nacional

www.entornointeligente.com

Síguenos en Twitter @entornoi

Entornointeligente.com