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Brecha Digital / “Primer módulo”

La educación es tema recurrente de los discursos por estos días, y al parecer el teatro no es indiferente. Luciana Lagisquet (Un momento argentino, Obscena) imagina su última ficción en el contexto del centro educativo Saint Troya, nombre con el que ya envía una guiñada al público sobre el tono de esta pieza. Algo va a suceder, de seguro con ribetes trágicos, y por qué no, también algo cómicos. Pronto, a través del discurso de Aurora (Marisa Bentancur en la piel de una directora desequilibrada) sabremos que en este colegio las cosas parecen de otro mundo, algo delirantes y por momentos ridículas. Sospechas de acciones estudiantiles clandestinas, competencia desleal en elecciones de delegados, y farsa, mucha farsa. El texto posee claras influencias del proceder dramatúrgico de Rafael Spregelburd y Gabriel Calderón: diálogos extensos y verborrágicos, giros fantásticos, situaciones de extremo absurdo y crítica a las instituciones. Un colegio privado bilingüe, universo que en el marketing aparece como ideal para los más jóvenes, se transforma poco a poco en un infierno. Si de educación se trata, la relación profesor-alumno es el centro, y de esto va la pieza, presentada como una obra de acción: la de los adultos que tiñen el presente de los adolescentes. En esa distorsión surge el miedo a una conspiración imaginaria que va dando lugar al desarrollo de un siniestro complot ficticio e irrisorio. Pero, ¿la acción es la que vemos o la que imaginamos? Mediante el espacio -dos cubículos pueden actuar de lockers, de baños clausurados o de refugio secreto- la pieza fragmenta la acción en tres grandes conflictos: las alumnas y sus historias secretas, el profesor y la posibilidad de reinserción del alumno con mala conducta, la directora y sus contrapuntos con su profesor consejero y con la emergencia de sus propios fantasmas. Como tres polos que no se comunican, estos ejes de acción resultan el número perfecto para construir el drama: la directora teme por una amenaza de bomba mientras devela pasiones ocultas tan poco profesionales como delirantes. En el marco de esta pequeña Troya cada cual carga con lo suyo y arrastra lo de los demás. Hay, sin embargo, un intento de Lagisquet por distanciarse de la tragedia mediante la mirada irónica y la generación de enredos jocosos. Jerarcas y alumnos transitan en sus propios universos, creados por sus dialectos particulares constructores de discurso. Hay un fuerte paralelismo con la condición de reclusión intramuros, gestora -por su propia lógica de alienación- de mayor violencia. Los alumnos, supuestamente protegidos dentro de la institución, están expuestos a mayores riesgos y se transforman ellos mismos en trasmisores de esa violencia. El mayor absurdo está servido: en este centro lo que menos circula es la tarea de educar, y la posibilidad de emancipación pierde terreno. Lagisquet se pregunta en cuál de estos discursos radica esa libertad; lo apocalíptico de su planteo parece ser una posible respuesta

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Con Información de Brecha Digital

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