Un solo Uruguay - EntornoInteligente

El Observador / Por Luis Romero Álvarez / Especial para El Observador

Este movimiento nació empujado por lo que funciona mal en este país, montado sobre dos rieles: sin política y con respeto. A esos fundamentos agregó enseguida la inclusión verdadera, la voluntaria y eso le dio este nombre; que se unan todos: productores, empresarios, trabajadores, comerciantes, jubilados, rurales y gente de la ciudad.

Así sorprendió a muchos, mostrando siempre un mar de banderas de Uruguay, cantando el himno, sin insultos ni agresiones en sus declaraciones institucionales y con el peso de plantear verdades que rompen los ojos a la gente de buena voluntad.

Un Solo Uruguay debe buscar poner sobre la mesa los problemas que tenemos en dos planos: los valores y las políticas. Con los valores cayendo por un tobogán, poco importa un punto más o menos de déficit o unos pesos más por dólar o menos por litro de gasoil. Antes que nada se trata de rescatar principios fundadores de una buena sociedad: la familia, el respeto de los derechos de la persona frente al avasallamiento de los colectivos (y en eso se destaca la libertad), el respeto del trabajo bien hecho (como la mejor política social, el derecho de todos a trabajar o sea hacer huelga o no; piensen que en el Brasil gobernado por el PT de Lula, jamás se ocupó una fábrica…); el ejercicio sano de la autoridad con ideas claras y bien fundadas (el delincuente debe ser castigado y la víctima protegida y no al revés), el respeto de las instituciones y el cumplimiento de los contratos (lo opuesto a “lo político por encima de lo jurídico”).

La defensa de valores de este calibre debe ser irrenunciable si queremos dejar un país vivible a nuestra descendencia. Establecidos estos reclamos de fondo, hay que pasar a los temas de corrección de errores de política: gasto público desmedido y de pésima calidad, que entrega mala educación, mala seguridad, pobre salud, deteriorada infraestructura y obliga a subir impuestos, tener tarifas y combustibles caros, atrasar el tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria; despilfarros permanentes y falta de estrictos controles de los dineros públicos, vocación estatal por saberlo todo, controlarlo todo, regularlo todo y meterse en todo, siempre embanderados en una lucha por el bien común que terminan por arruinar, en esa persecución desenfrenada por más y más intervención estatal.

Uruguay es un país de vocación exportadora y agroindustrial; frenar al agro con una economía cara en dólares, altos impuestos en especial fijos a la tierra, combustibles caros, electricidad cara y muchos trámites y permisos para todo, es frenar al país y empobrecernos a todos. Lo contrario también vale: un agro competitivo por una macroeconomía sin atraso cambiario y sin gastos estatales excesivos con combustible y electricidad barata, buena infraestructura e impuestos a la renta a nivel razonable sin cargas fijas a la tierra, hará volar al país, generando un círculo virtuoso de crecimiento sólido y sostenible.

Esto es lo que Un Solo Uruguay quiere y al país le conviene; por eso se están acercando gentes de las ciudades que nada tienen que ver con el campo pero entienden que un país con Estado siempre creciendo y siempre gastando no lleva a nada bueno. Ese camino se siguió y ya llegó a su límite, los problemas que ya están presentes se agravarán para perjuicio de todos si no se da un cambio de rumbo.

Las acciones de represalias usando recursos del Estado para castigar opositores ya se están viendo y son síntomas de una falla en la concepción de lo que es ser servidor público; implica servir al público y no servirse de las cosas del público para castigar a quien señala errores. Pero esas acciones castigan más a quien las hace que a quien las soporta, eso ya se va a notar.

Un Solo Uruguay es una bocanada de oxígeno que llega muy a tiempo para este país. Ojalá avance firme por sus rieles fundadores: sin política y con respeto. Son nuestra esperanza de reconvertir al país en lo que nunca debió dejar de ser.

Un solo Uruguay

Con Información de El Observador

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