Un laboratorio en la naturaleza - EntornoInteligente

El Observador / Un grupo de 40 adolescentes -25 chilenos, 10 argentinos y cinco uruguayos- se encontró en el Aeropuerto Nuevo Pudahuel en Santiago de Chile el primer martes de marzo, para emprender viaje hacia la ciudad de Temuco y luego trasladarse en ómnibus durante tres horas hasta la Reserva Biológica Huilo Huilo. Su objetivo: asistir a un campamento de ciencias al que llegaron luego de competir con más de 500 postulantes.

El Campamento Científico Bayer Kimlu -que se realizó del 6 al 16 de marzo- es una propuesta que busca innovar en la forma de enseñar ciencia en las instituciones educativas, para que los jóvenes puedan vivir la disciplina desde la práctica. Es llevado a cabo por la Fundación Ciencia Joven (Valparaíso, Chile) y la empresa Bayer. La idea nace en 2011 en manos de la fundación y su creador Óscar Contreras, con el objetivo de formar líderes científicos en Latinoamérica.

Es el séptimo año que se realiza y el segundo en la Reserva Huilo Huilo, un inmenso bosque rodeado de montañas, lagos y volcanes. En sus inicios se hacía en el patio de un colegio -solo con adolescentes de Chile- y se financiaba con el apoyo de familias, personas interesadas y un pequeño subsidio estatal.

Con el proyecto en camino, Contreras presentó su propuesta a un llamado de Bayer para jóvenes empoderados relacionados a temas medioambientales. Fue seleccionado como el mejor de Chile y viajó a Alemania para competir por el puesto mundial. No ganó pero le abrió las puertas para hacer crecer el campamento. A su vez, el hecho de que se comenzara a hacer en una reserva fue beneficioso para los participantes, ya que convirtieron la naturaleza en un laboratorio, según indicó Camila Reid, gerente de Comunicaciones Corporativas de Bayer.

Una vez que el programa tomó fuerza lo internacionalizaron. En 2016 se incorporaron 10 argentinos y en 2017 cinco uruguayos. La cantidad de seleccionados de cada país se mantiene.

“Si hoy en día no fomentamos a los científicos del mañana, tal vez no van a haber personas que investiguen”, opinó Reid.

Los adolescentes- que tienen entre 13 y 18 años concurren al campamento sin ningún costo. En el proceso de selección deben responder algunas preguntas, como: “¿en qué lugar pondrías a la ciencia si fueras presidente?”. También deben enviar un video de presentación de un minuto y contar con la referencia de dos docentes.

Luego de pasar por el campamento, los adolescentes pasan a formar parte de la Red Kimlu, que está integrada por alrededor de 300 jóvenes que participaron de la propuesta en años anteriores. Esto es beneficioso para intercambiar o despejar dudas científicas a futuro.

“Queremos que se conviertan en jóvenes líderes en ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. Les abrimos puertas, les damos oportunidades y ellos las toman y vuelven empoderados”, explicó Eduardo Guzmán, encargado del campamento por la Fundación Ciencia Joven.

Un trekking entre líderes laboratorio natural 2.jpg Ada Zapata

“Estuve un año completo estudiando cómo atacar a Darwin”, le dice una adolescente de 17 años a otro, mientras comen semillas sentados en el Sendero de los Espíritus. Una de las actividades que realizan los adolescentes es un trekking (caminata) de casi tres horas por el que atraviesan el Salto de la Leona y el Sendero de los Espíritus.

Además de admirar el increíble paisaje que acompaña -cascadas, caminos y Mapuches en madera. y escuchar sobre la mitología de la zona, los participantes deben tomar sus pruebas para la primera consigna. En grupos de cinco y guiados por un monitor -un estudiante de ciencias o científico que concurre de forma voluntaria- toman muestras del suelo para comprobar una hipótesis que de antemano se le dio a cada equipo.

Todos los días se enfrentan a desafíos diferentes sin seguir un cronograma. Más sobre el final del campamento realizan una investigación propia.

Los equipos son divididos por intereses en común y sus monitores son especialistas en el tema. También cuentan con dos monitores de apoyo y una educadora que guía las actividades, además del encargado Guzmán.

Se alojan en cabañas en el medio del bosque, que se dividen por genéro en grupos de entre cuatro y ocho personas. Cuentan con un salón de madera con mesas para las tareas y un comedor.

Para los jóvenes es un placer encontrarse con personas de su edad con quienes además comparten gustos. La consideran una oportunidad única para poder llevar a la práctica lo que les apasiona. “Te nace la vocación. Por que estando en terreno aprendés la realidad”, dijo Maite Etay, la joven que intentó” atacar a Darwin.

Cinco uruguayos apreciando las estrellas En un árbol en la cercanía de la cabaña de madera -donde los participantes realizan todas sus tareas – los cinco uruguayos se sentaron en el pasto para hablar de lo que estaban viviendo: Gabriel Nogueira (17), Lucía Cabrera (17), Santiago Brum (15), Martina Fernández (14) y Franco Castro (17) no compartieron equipos de trabajos ni habitaciones, lo que fue más enriquecedor para intercambiar conocimientos culturales y científicos con otros jóvenes. “Se trata de unir a todos los que les interesa la ciencia de los tres países”, explicó Gabriel.

Los adolescentes ven en este campamento una oportunidad para poder conocer otras áreas de la ciencia y encaminarse en su vocación futura. Martina considera que si bien la propuesta es exigente, y de antemano saben que habrá pocas horas de sueño, se caminará mucho y se tendrán que adaptar al menú del lugar, los paisajes, el aprendizaje y el relacionamiento con otros hacen que la experiencia valga la pena con creces.

Uruguayos campamento chile.jpg

Si bien en los liceos no profundizan en las distintas ramas, en el campamento sí pueden ampliar sobre el tema que les interesa. “Son muy pocos los adolescentes que saben qué hacer a nivel profesional, y acá te muestran las diferentes formas de la ciencia”, agrega Martina.

Otra de las sorpresas de los jóvenes uruguayos fue el espectáculo de las estrellas en la noche en el descampado. En un árbol en la cercanía de la cabaña de madera -donde los participantes realizan todas sus tareas – los cinco uruguayos se sentaron en el pasto para hablar de lo que estaban viviendo: Gabriel Nogueira (17), Lucía Cabrera (17), Santiago Brum (15), Martina Fernández (14) y Franco Castro (17) no compartieron equipos de trabajos ni habitaciones, lo que fue más enriquecedor para intercambiar conocimientos culturales y científicos con otros jóvenes. “Se trata de unir a todos los que les interesa la ciencia de los tres países”, explicó Gabriel.

Los adolescentes ven en este campamento una oportunidad para poder conocer otras áreas de la ciencia y encaminarse en su vocación futura. Martina considera que si bien la propuesta es exigente, y de antemano saben que habrá pocas horas de sueño, se caminará mucho y se tendrán que adaptar al menú del lugar, los paisajes, el aprendizaje y el relacionamiento con otros hacen que la experiencia valga la pena con creces.

Si bien en los liceos no profundizan en las distintas ramas, en el campamento sí pueden ampliar sobre el tema que les interesa. “Son muy pocos los adolescentes que saben qué hacer a nivel profesional, y acá te muestran las diferentes formas de la ciencia”, agrega Martina.

Otra de las sorpresas de los jóvenes uruguayos fue el espectáculo de las estrellas en la noche en el descampado.

Fuente: Un laboratorio en la naturaleza

Con Información de El Observador

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