¿Tiene futuro el Bitcóin? - EntornoInteligente

Expansión / En el mundo hay alrededor de 1.400 criptomonedas, pero ninguna tan famosa como la acuñada en 2009 por el misterioso satoshi nakamoto. Tal es su volatilidad y tantas sus sombras que los organismos reguladores parecen al fin dispuestos a tomar cartas en el asunto, aunque entretanto el sistema evolucione y corporaciones como instagram o kodak se suban al carro virtual.

Dicen las malas lenguas que detrás del bitcóin solo puede haber dos promotores: la mafia o los servicios secretos de ya imaginan qué países. Satoshi Nakamoto, el seudónimo de la persona u organización que dio vida al invento en 2009, destila sobre todo esa clase de negra fantasía que uno atribuye a los grandes del thriller, Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995) y su Keyzer Söze, por ejemplo.

Pero, antes de continuar, convendría aclarar qué es exactamente el bitcóin y cuál es la razón (al menos oficial) de su existencia. Podríamos decir que es un sistema de confianza que transmite un valor determinado entre un vendedor y un comprador (P2P), sin que intermedie una entidad financiera. Según sus defensores, el esquema es seguro gracias a la tecnología blockchain, que permite que en lugar de dos pares de ojos (los de los bancos implicados en la transferencia de una cierta cantidad de dinero de una cuenta A a una cuenta B) haya todo un conjunto de validadores sin cuya aprobación la transacción no se consuma.

“Desde luego el bitcóin es cualquier cosa menos una moneda”, advierte Jesús Palau, profesor del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade. Una moneda responde siempre a tres características: almacenar valor, permitir intercambios y servir de referencia de valor para cualquier objeto. La altísima volatilidad del bitcóin le impide funcionar como referencia de nada. En el momento de escribir este reportaje, valía casi 9.000 dólares, pero en cuestión de días puede duplicarse su cotización o quedar reducida a cenizas, tal y como ha ocurrido en otras ocasiones [en 2011 se devaluó un 85% y en 2014 un 80%, las dos principales caídas de su corta historia].

Tampoco es que permita muchos intercambios, pues no es un medio de pago normalmente autorizado e incluso ya hay países como Corea del Sur y China que se plantean una prohibición total. Como mucho, el bitcóin es una manera de almacenar valor… siempre que después seas capaz de vender tu parte.

“Yo solo veo una ventaja. Las transacciones están libres de comisiones. Por lo demás, me parece un producto puramente especulativo. Además, es un mundo muy opaco: si consigues un beneficio y no lo declaras es muy difícil de detectar, cosa que no ocurre cuando vendes una acción. Tengo la impresión de que el bitcóin es fruto de una gran campaña de publicidad. Gracias al marketing un grupo de personas ha conseguido que algo que no tiene valor, ya que no está respaldado por nada ni por nadie, tenga un precio, y para más inri un precio muy alto”, critica Palau. “Se trata prácticamente de un esquema piramidal”.

BULBOS Para los escépticos, el mecanismo oculto tras el bitcóin viene a ser una suerte de tonto el último. O una versión moderna de la crisis de los tulipanes. En la primera mitad del siglo XVII, un bulbo de tulipán llegó a venderse por el precio equivalente a 24 toneladas de trigo. Famosa es la operación que culminó con la venta de una mansión en el centro de Ámsterdam a cambio de un solo bulbo. Como suele ocurrir, las cosas fueron bien hasta que las ventas se estancaron, circunstancia que impidió a multitud de compradores/especuladores deshacerse de sus bulbos y recuperar sus inversiones.

“Hay mucha gente que compra bitcoines. Si compraste barato no corres peligro. El que entra pronto no tiene nunca prisa. El que entra tarde sí. Para mí, lo más parecido son las obras de arte o los sellos. Un sello vale el euro que te cobran. Sin embargo, hay coleccionistas. ¿Y qué precio se le pone entonces al sello? El que fijen comprador y vendedor. El bitcóin es como un bien transferible siempre que alguien lo quiera aceptar”, razona el profesor de Esade.

Para Joaquín López Lérida, director académico del Programa Ejecutivo en Blockchain de la EOI, “los organismos reguladores deberían ayudar a controlar el fenómeno de las criptomonedas, aunque no es sencillo”. La ventaja del bitcóin es su relativa trazabilidad. “Su único respaldo es su propia blockchain, que ha demostrado ser inexpugnable”.

¿Y cómo funciona esta cadena de bloques que dota al sistema de cierta solidez? A través de los mineros, que no son personas sino conjuntos de miles de ordenadores que funcionan día y noche a toda potencia para descifrar un complejo algoritmo que es la llave que valida una determinada transacción. Una vez obtenida la luz verde, esa transacción se asigna a un bloque, el minero obtiene su recompensa (12,5 bitcoines) y la rueda sigue girando hasta que el bloque se cierra (cada bloque puede estar compuesto por entre 1.500 y 2.000 transacciones). Cada 10 minutos se crean 12,5 bitcoines en el mundo. Estos ordenadores consumen una cantidad bestial de energía, así que suelen ubicarse en países donde la luz es especialmente barata. Paradójicamente, China es uno de ellos.

LAS ICO El bitcóin es una moneda por naturaleza deflacionaria: de los 21 millones previstos como tope se han emitido ya 16,8. “El último bitcóin se acuñará en 2144 porque cada día se fabrica menos. Es una producción exponencial decreciente. Lo que busca es apreciar su valor por esa política de escasez. No es una moneda individual sino con ocho decimales”, explica López Lérida, firme defensor de aplicar el blockchain en sectores como el de los seguros, la sanidad o el registro de propiedades, entre muchos otros, para ganar en transparencia y seguridad. Una entrada para ver un concierto de Kings of Leon, por ejemplo, ya no se prestará a la estafa si se aplican los nuevos protocolos porque existirá digitalmente en un nodo validado y de nada servirá que el primer dueño haga 100 fotocopias y las venda como si fuesen entradas nuevas: únicamente la versión digital, trasvasada al comprador, vigilada por un millar de centinelas y tallada en piedra virtual, será válida.

Hay un buen puñado de criptomonedas en la actualidad, alrededor de 1.400. Ethereum, Ripple y Litecoin son algunas de ellas. “Todas son más de lo mismo”, zanja Palau. “El único derecho que ganas es el de venderle esas monedillas a otro”, insiste.

Pero en paralelo a la criptoburbuja se está produciendo un fenómeno todavía más llamativo y también al alza: las ICO (initial coin offering), un invento íntimamente ligado a la financiación de una empresa. IOTA y Cardano son los proyectos más famosos y, en fechas recientes, gigantes como Instagram o Kodak han decidido financiarse también con sus propias monedas.

“Existen dos tipos de ICO, las de utilities y las de securities”, arranca López Lérida. “En el primer caso solo compras moneda; en el segundo también adquieres una participación en la empresa. Las autoridades mundiales recelan mucho de las securities porque suponen comprar sin ningún tipo de regulación y protección”, y a ellas ya se han referido con mala baba los gobiernos de Estados Unidos, China y Suiza. “Cuando apuestas por una utility, lo que compras son derechos de uso sobre determinada aplicación”.

Palau se muestra más duro. “La moneda de Instagram emitirá 5.000 millones de dólares; se va a quedar con 2.500 y venderá el resto. Con esta segunda cantidad espera recaudar unos 500 millones adicionales. No sé cuál es la contrapartida, quizás un descuento, pero en definitiva tú le regalas a Instagram 500 millones. Con ellos hace lo que quiera, y entretanto el inversor contará con encontrar un vendedor, pero la compañía no se responsabiliza de nada. El único que no pierde es Instagram”. Para el docente de Esade, un elemento clave para garantizar la estabilidad en el futuro es mantener a los bancos al margen. Sus balances, opina, deberían estar limpios de bitcoines y sucedáneos. “Ya hemos pagado demasiados rescates”.

ALGUNAS ALERTAS Independientemente de lo que ocurra con los usos alternativos del blockchain, parece claro que las criptomonedas viven un periodo convulso. JP Morgan fue uno de los primeros bancos en prohibir a sus agentes comerciar con este tipo de producto, y otras entidades como Citi y Lloyd’s han seguido sus pasos.

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal entre 2014 y febrero de 2018, manifestó en una de sus últimas comparecencias que, aunque el bitcóin desempeña un rol minúsculo en el sistema de pagos mundial, constituye un activo “altamente especulativo”.

El Banco Central Europeo alerta una y otra vez de los riesgos de invertir en moneda digital. Y China opta por la mano dura al tiempo que tantea el terreno para una tecnomoneda propia. En Corea del Sur, donde las inversiones en criptomoneda han sido cuantiosas, el primer ministro subraya que se trata a menudo de herramientas delictivas que podrían “corromper a las juventudes”.

Y en España, la Agencia Tributaria adelanta que uno de sus poderosos ojos de halcón estará muy pendiente de la evolución del partido por lo que pueda pasar.

¿Tiene futuro el Bitcóin?

Con Información de Expansión

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