Sistema político exige depuración - EntornoInteligente

El Observador / La acumulación de irregularidades en organismos nacionales y departamentales genera un descreimiento creciente de la ciudadanía en el sistema político. La estabilidad institucional obviamente no está en peligro. Pero los casos que están saliendo a luz de nepotismo, negocios turbios, exceso de los cargos de confianza y faltas éticas de todo tipo y color opacan la transparencia de que tanto se ufana la dirigencia. El resultado es que mucha gente le pierde confianza a los partidos, especialmente en el caso de los dos mayores, el Frente Amplio y el Nacional. Ambos son asiduamente golpeados no solo por las revelaciones de traspiés sino, más grave aún, por la inacción interna y legislativa para poner orden y depurarse de elementos indeseables.

La lista es larga a lo ancho de todo el país. En el Parlamento deriva en irresoluta discusión un proyecto para impedir que se incorpore a dedo a planillas oficiales a familiares de altos dirigentes. La solución más simple y directa es que todos los ingresos a empleos públicos se hagan por concurso, sin la abundancia de excepciones que actualmente ocurren. Y yacen aletargadas iniciativas para crear una comisión de ética parlamentaria, reducir los cargos de confianza, obligar a que se rinda cuenta de viáticos para viajes y eliminar las tarjetas corporativas que suelen usarse para compras personales, tema que forzó la renuncia de Raúl Sendic a la vicepresidencia.

El panorama no es mejor en la interna de los partidos de mayor peso, que sustituyen titubeos, declamaciones sin efecto práctico y tapujos tolerantes por la eliminación de figuras manchadas, única forma de mejoramiento de imagen. El resultado es un descrédito que golpea virtualmente a todos, incluso y en forma injusta a los muchos dirigentes de comportamiento intachable en el ejercicio de sus funciones, tanto en la esfera nacional como en las intendencias. Es un error de las cúpulas partidarias pensar que el impacto no será tan grave si las culpas propias se disimulan con las del vecino, ya que la retracción de ciudadanos desencantados golpeará por igual a todas las fuerzas políticas debilitadas por los casos de tropezones éticos y legales y por su escasa diligencia en corregirlos de raíz.

Mientras persistan las actuales indecisiones de jefaturas partidarias y la inacción parlamentaria, la consecuencia inevitable será la pérdida de votantes. Muchos optarán en ese caso por el sufragio en blanco como forma de expresar su descontento. Otros emigrarán a partidos menores, no contagiados por la epidemia y dirigidos por personas que generen menos desconfianza. Pero lo que suceda con los vaivenes de votos es menos importante que la persistencia de turbiedades en organismos del Estado, que conllevan el ilegal derroche caudaloso de fondos públicos, agravando las actuales angustias fiscales. Uruguay está al tope de América Latina como democracia plena. Es un galardón valioso pero que pierde brillantez mientras no se complemente con rectitud generalizada en la función pública, limpiándola de quienes caen en acciones fraudulentas, acomodos y todo otro tipo de chicanas, enquistadas en el sistema desde hace muchos años y bajo gobiernos de diferente color. La única forma de lograrlo es limpiar el sembradío de la maleza ponzoñosa que amenaza la cosecha.

Sistema político exige depuración

Con Información de El Observador

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