Comenzamos a transitar la avenida Casanova en la interseción con la avenida Las Acacias, donde han puesto pantallas con conteo regresivo en los semáforos. Ese recurso, que suele utilizarse para avisar a los peatones, aquí atiende a la prisa y la ansiedad de los conductores. Una arepería abierta las 24 horas aviva la esquina que hace pocos años era sombría, y su estacionamiento sirve para ensanchar el espacio de una parada de busetas donde se aglomera un gentío.
Así es el tramo inicial de esta avenida, de aceras por momentos negruzcas y estrechas, arquitectura de las décadas de los cincuenta y sesenta y un obvio descuido de lo público.
Luego de un par de cuadras hay un cambio drástico, marcado por nuevas y grandes edificaciones, que por apenas momentos permite el cambio de esa apariencia desaliñada, hasta que la fachada de un edificio inconcluso, remedo de templo griego, hace de la calle una especie de ruina contemporánea. Pero es una hipocresía: la desproporcionada fachada del edificio que parece abandonado, por dentro es, de facto, una extensión del centro comercial El Recreo.
El verdadero templo no es el esperpento que disimuladamente ha...