Plácido Domingo no canta en Venezuela desde 1991. Por eso siente que su concierto del jueves en el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar, en compañía de 150 músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, será una especie de reencuentro: "Tengo que volver a ser descubierto por el público y ellos serán quienes digan si vuelvo".
Aunque el laureado tenor español no trabaja actualmente en ningún disco, manifestó que tiene en mente grabar un tercer volumen de De mi alma Latina y un segundo álbum con poemas de Juan Pablo II que le siga a Amore infinito.
Desde Nueva York, anunció el lanzamiento al mercado de su versión de la ópera I Medici de Ruggiero Leoncavallo, elogió los alcances del Sistema de Orquestas y dijo que ofrecerá al público caraqueño un poco de todo: piezas de ópera, opereta y zarzuela, además de fragmentos de Broadway y música popular.
--¿Cómo es su conexión con la figura del papa Juan Pablo II? --El verdadero inicio de este proyecto se dio cuando conocí a su Santidad en 1980, en una audiencia privada en El Vaticano. En su presencia, uno sentía que era un hombre que inspiraba el mayor sentimiento de paz y de infinito amor. Tuve el privilegio de cantar para él en diversas ocasiones, como la de México y la del Parque Central de Nueva York. En 2004, en Ancona --al norte de Italia-- interpreté el Canto a la paz, inspirado en uno de sus poemas.
Esa vez no pudo asistir personalmente a la misa debido a su debilidad física, por ello me concedió otra audiencia para agradecerme el canto. Fue ahí cuando le comenté que me encantaría cantar otros y, con sutil sonrisa, me dio su bendición.
Ésa fue la última vez que lo vi.
--Su persona, junto con la de José Carreras y el recordado Luciano Pavarotti, han marcado varias décadas con sus voces. ¿Ve actualmente una generación de tenores de relevo? --Absolutamente. Creo que Ramón Vargas, Rolando Villazón, Arturo Chacón y David Lomelí representan cuatro generaciones de extraordinarios tenores mexicanos. En el ámbito latino, también están Marcelo Álvarez y José Cura, a quien dirigiré en Stiffelio en el Metropolitan Opera, y por supuesto, Juan Diego Flórez, quien es un fuera de serie. Internacionalmente, también creo que son artistas extraordinarios el tenor alemán Jonas Kaufmann y el italiano Vittorio Grigolo.
--Tiene una Orden del Imperio Británico, un Príncipe de Asturias, 11 Grammys y los doctorados honoris causa de varias universidades.
¿Qué significan para usted los galardones? --Por supuesto que siento una gran emoción y especial orgullo de ser reconocido por lo que hago. La verdad es que lo que hago me encanta y es un verdadero placer. Es un privilegio poder cantar y hacer feliz al público por un rato.
--¿Existe en el mundo algún escenario en el que quisiera actuar y no ha podido? --Me faltan lugares por conocer. Me gusta tanto conocer lugares nuevos como volver a otros donde he estado ausente durante un largo tiempo, como Caracas, adonde no he vuelto en 18 años. Creo que compartimos una ilusión de vivir y una alegría contagiosa. Los conciertos en Latinoamérica siempre crean un ambiente genial.
--¿Qué le llama la atención del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles? --Siempre he dicho que quizá la música pop nos lleva ventaja porque ha tenido siempre un enorme empuje publicitario, pero si todos los jóvenes tuviesen acceso a la música clásica y a la ópera desde chiquitos les encantaría. Y yo creo que es exactamente lo que se ha logrado con el Sistema. Es una oportunidad única la que se les da a estos jóvenes, y es increíble cómo la aprecian y la aprovechan.
--¿Qué expectativas tiene del concierto que dará en compañía de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño? --Sé que nos entenderemos de maravilla. Son verdaderamente grandes músicos. Además, les tengo un aprecio y una admiración enorme a José Antonio Abreu y a Gustavo Dudamel, quien será mi vecino ahora en Los Ángeles.