L a nueva política empezó este mes, sin anuncio oficial, y se enmarca en el deseo del presidente Barack Obama de sacar a la luz las prácticas de sus predecesores en la "guerra contra el terror", una voluntad de transparencia que Washington espera impulsar siempre que no interfiera en sus operaciones antiterroristas. Las organizaciones de derechos humanos alaban el cambio de política.
El Ejército, contrariamente a la CIA cuyas cárceles secretas fueron cerradas por orden de Obama el pasado enero, sigue manteniendo instalaciones sobre las que no se sabe nada o casi nada y en las que están recluidos islamistas y presuntos miembros de Al Qaeda, bajo la supervisión del llamado Programa de Operaciones Especiales, en Balal (Irak) y Bagram (Afganistán).
Hasta ahora, el CICR tenía acceso a todas las cárceles militares, excepto las del programa especial donde se recluyen a los sospechosos considerados más peligrosos. Sus condiciones de detención ya fueron denunciadas en su momento.
MANUAL PARA GOLPEAR
El New York Times reveló en 2006 que soldados de estos centros provisionales Camp Nama, cerca del aeropuerto de Bagdad habían cometido abusos contra los detenidos, pegándoles con rifles y escupiéndoles en...