M e ubico entre quienes lamentan el golpe de Estado en Honduras, no sólo por atentatorio contra un gobierno electo, sino también -y especialmente- contra el camino institucional que acertadamente venían recorriendo los poderes públicos de ese país para impedir la ilegítima cuarta urna. La salida militar es también un revés para la democracia hondureña.
Comparto la indignación por la cayapa internacional en la condena del golpe sin mención alguna de la responsabilidad del intento de implantación de la franquicia "ALBA" de eternización en el poder, impulsada por Chávez y comprada por Zelaya.
Suscribo la consideración de la actuación de Insulza como infeliz y parcializada y el acertado bautizo de la OEA como club de presidentes, causante de la crisis más profunda que ha vivido el organismo desde la década de los 80. Al igual que en aquel momento, en Centroamérica se produce el detonante de esta incompetencia ante la que el presidente Arias ha ocupado un lugar estelar. La inflexibilidad mostrada hasta ahora por el gobierno de Micheletti hacia sus sensatas propuestas, ha sido minimizada por el ridículo protagonizado por Zelaya y sus aliados en la frontera. Así como la...