Luis Barrera Linares sorprende por su sencillez en el trato y su capacidad de síntesis, todo lo contrario de lo que se espera de un académico dedicado a analizar el complicado panorama literario nacional.
Él mismo escribe en un libro suyo, La negación del rostro (2006), que en la literatura nacional sobran los autores con complejo de mesías que ven de menos la república literaria de Venezuela "Es como si se dijeran a sí mismos: `Yo soy la única estrella que brilla en este firmamento", señala durante la entrevista--. Pero él dista mucho de este perfil. Su erudición y humildad se sienten en cada palabra, porque ve la literatura como un juego, uno que construye la cultura del país.
Acaba de publicar otro libro de narrativa, el octavo que edita en ese género, que lleva el título de Sin partida de yacimiento. Crónicas en la memoria.
La novela está hecha de 16 crónicas elaboradas sobre la ficción y los recuerdos de la niñez, que abarcan desde los años mozos hasta que se convierte en profesor universitario.
"Reduje el lapso para la novela, pues creo mucho en la brevedad y quise hacer una colección de relatos que pretendía ser una novela breve. Algunas crónicas estaban repetidas y las obvié. También saqué las que no tenían tanta relevancia y otras las reservé para un libro de cuentos que quiero escribir más adelante", indica.
El género de la crónica le ofrece dos ventajas al narrador; su versatilidad y su contundencia narrativa. La considera una "tipología de emergencia", que le pide al autor concisión, rapidez narrativa y diversidad temática, cualidades que se resumen todas en lo que él llama "escasa digresión". Los ingredientes de la ficción redimensionan la crónica y la convierten en una novela.
¿Quiere que su libro se lea como una colección de crónicas o como una novela? En cuanto al género al que pueda pertenecer el libro, creo que corresponde a otros ubicarlo. Ofrezco un trabajo de narrativa, lo de "crónicas" en el subtítulo alude al formato periodístico, porque algunos de los capítulos surgieron como producto de crónicas que en algún momento escribí para la prensa, en mi columna "La duda melódica". Hay que rescatar la crónica como texto de re-creación a favor de la narrativa, darle su justo valor como posibilidad para enganchar al lector.
¿Qué diferencia en su caso el perfil del crítico y del narrador? En la narrativa trabajo el humor y en la crítica, más que humorístico, soy irónico. Sin embargo, siempre trato de quitarme el ropaje de crítico cuando escribo narrativa, e incluso algunos me dicen que parecen dos personas distintas. En narrativa me doy libertad, me interesa que la gente se sienta bien cuando lee mis cosas. Le tengo pavor a ser un escritor aburrido.
En La negación del rostro describe al autor venezolano como demasiado ocupado en las glorias personales...
¿cuál es el perfil del escritor venezolano? Desde comienzos del siglo XIX y hasta finales del siglo XX hubo una situación extraña, que reflejo en ese libro, en la que el autor negaba su entorno pero no a sí mismo. Cuando un escritor venezolano viaja persiste en esa negación del país como país literario. Si nosotros mismos nos subestimamos, ¿cómo podemos aspirar a que valoren nuestra cultura? ¿Qué papel juega la nueva generación de autores? Los escritores más jóvenes se autovaloran más que sus pares en el pasado y eso se percibe en el mundo editorial actual. La gente está leyendo más autores venezolanos de los que leía hace una década atrás.
Además, el escritor venezolano ahora es menos "literatoso", más libre en el uso del lenguaje y en la experimentación en general y eso gusta más al público.