Los niños solían corretear por los soportales. Las niñas soñaban con vestirse de princesas en sus fiestas de quinceañeras. Y los padres hacían acopio de provisiones en Food City, compraban unos jeans en BB Fashion o cenaban como perfectos gringos en Piper Pizza.
Todo eso forma parte del pasado prohibido en Arizona. En los dos últimos meses, bajo la sombra de la ley de inmigración que permitirá desde mañana la detención de "indocumentados" ante la menor sospecha, los hispanos han desaparecido. El miedo se ha apoderado de Phoenix, y el único que campea alegremente por las plazas desoladas es el espectro de Joe Arpaio, el sheriff más duro de América, que ha agrandado su humillante prisión-tenderete para encerrar a los "ilegales" que no abandonen el estado.
"Tienen a la gente temerosa, amargada y frustrada", asegura María Sierra, nacida hace 58 años en Mexicali y arraigada desde los 18 a esta tierra que ya no reconoce: "Mi madre me dijo: "Allá donde fueres, haz lo que vieres". Eso es lo que hemos hecho millones de emigrantes y así nos responden. Los anglos creen que ellos no van a sufrir la salpicadura, pero ya están...