J. quería localizar a esa amiga con la que estudió sexto grado, 4 años antes, en una escuela del oriente del país. Introdujo en un buscador de Internet el nombre, que es bastante raro, y pensó que sería fácil encontrarla por ese medio virtual. No halló su correo electrónico, ni su Facebook ni su blog. Se encontró con algo inesperado y terrible: la amiga, a los 12 años de edad, había sido violada por un familiar. Lo que siguió a esa primera impresión no fue menos duro para el muchacho: pudo leer la declaración de la joven, con pelos y señales, y el informe forense que indicaba cómo habían quedado sus órganos sexuales.
El delito del que fue víctima la adolescente está a la vista de todos en la red. Cualquier compañero de aula, maestro o empleador, cualquier extraño puede leerlo. Y no fue un enemigo, que quiso hacer pública su terrible vivencia para perjudicarla. La sentencia fue puesta en Internet por el máximo organismo del Poder Judicial: está en la página oficial del Tribunal Supremo de Justicia: http://www.tsj.gov.ve No se trata de un solo caso.
Según un primer arqueo de información, hay...