Resistencia a diáspora venezolana - EntornoInteligente

Primicia / La cantidad de venezolanos que buscan asilo aumentó 2.000 %, según Acnur.

Carlos tenía todo planeado. Tras meses de esfuerzo logró comprar los boletos para él y su novia con destino a México.

Primero se iría él a “tantear” el terreno. Llegaría a casa de su tía en Cancún y a los dos meses lo acompañaría su pareja.

Trató de meter sus sueños como pudo en una maleta. Graduado de bioanalista en la Universidad de Oriente, con su propio laboratorio, pero con ingresos que no le alcanzaban para vivir bien y una inseguridad que lo hacía estan siempre en zozobra.

Pasó por el piso de Carlos Cruz Diez en Maiquetía para partir al país azteca, donde guardaría su bata blanca y profesión para comenzar desde cero.

No resultó como esperaba. Al llegar al aeropuerto lo llevaron a la oficina de migración.

Antes de irse del país, a Carlos ya le habían advertido que esta situación podía ocurrir, pero aún así, no desistió.

Incluso le recomendaron que no guardara conversaciones ni nada en su teléfono que delataran su intención de quedarse en ese país, así que prefirió eliminar la aplicación de WhatsApp.

Para tener contacto con él, su novia le escribía por mensaje privado de Instagram. Por esta vía ella se enteró que lo habían retenido. Las autoridades no le dieron mayores explicaciones a Carlos.

Su familia en México no sabía nada de él, ni lo supo por tres días, hasta que lo mandaron de vuelta a Venezuela. No le dieron derecho a ningún tipo de comunicación.

¿La explicación? No la hubo. Lo mantuvieron allí con otros venezolanos sin decirle nada, hasta finalmente negarle la entrada al país.

Carlos no pudo pisar México, ni siquiera su tía pudo darle la bendición.

Regresó a Venezuela, pero no por mucho tiempo. Ahora vive en Chile.

Venezuela como receptora Durante todo el siglo XX Venezuela recibió inmigrantes de países de Europa Occidental y América Latina.

En esa época la disponibilidad de ingresos fiscales por la venta internacional de petróleo permitía tener una política de migración y ofrecer servicios sociales a esa población y no había actitudes xenofóbicas hacia los visitantes, cuenta el sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello, Nelson Freites.

Detalla que dentro de la oleada de venezolanos que ha salido del país, la más reciente ha sido de baja calificación técnica y sin la preparación suficiente o disponibilidad de divisas e incluso sin arreglos formales o legales, por lo que han sufrido muchas violaciones de Derechos Humanos.

Freites señala que la población venezolana en general, no tiene cultura de migración y las autoridades locales tampoco están preparadas para orientar un flujo de la magnitud actual, en comparación con Colombia que ya vivió este proceso en los años 50.

Caso guayanés

En el caso de Ciudad Guayana desde 1961 a finales de los años 70, llegaron muchos colombianos, árabes, portugueses, españoles e italianos, además de argentinos, chilenos e indios, cuenta el profesor Alejandro Gamboa.

“Aquí eran bien recibidos, en general, venían buenos profesionales y técnicos que no habían acá, mano obrera calificada. Se construyó esta ciudad desde la multidiversidad”, acota.

Recuerda que cuando se hacía el plan IV de Sidor, la ciudad en ese momento no tenía capacidad para albergar tantas personas, así que la solución más factible para que pernoctaran fue un barco anclado en el muelle de Sidor: Cristoforo Colombo.

Según el profesor Alfredo Rivas Lairet, en su exposición de Guayana Sustentable, “fue una solución rápida y efectiva para unos mil 200 profesionales y técnicos que vinieron a trabajar en Sidor”.

También cuando Ferrominera era Orinoco Mining Company, urbanizaciones del campo de Ferrominera eran exclusivas para norteamericanos.

Nacionalismo y consecuencias El director de la escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, Félix Arellano, recuerda que los criollos también se han referido despectivamente de los colombianos, peruanos, así como en Europa hay un rechazo hacia los africanos y los estadounidenses no aceptan a quienes no dominan su idioma.

“Es una tendencia no sé si decir humana, propia de nacionalismos y cuando los que llegan son muchos y pobres, se exacerba, mientras que   si son pocos pero con mucho dinero, no ocurre, pero la   aporofobia es el rechazo al extranjero, pero al pobre”, explica.

El internacionalista ilustra que es lo que está ocurriendo en el norte de Santander (Colombia) con miles de venezolanos en un departamento con una población de bajos recursos a la que siempre se le ha dificultado encontrar empleo, servicios de salud y llega este contingente de venezolanos -entre 10 mil a 20 mil por día- lo que genera una presión muy grande.

“Esto lo están sintiendo todos los candidatos de Colombia. Ahora me parece muy positivo lo que están haciendo, buscando apoyo de la comunidad internacional, de Acnur, de las Naciones Unidas en general, que los asistan con personal, con recursos, proyectos, pero es realmente el cambio de políticas de Venezuela lo que no da opciones y expulsa a la población”, recalca.

Arellano insiste que lo que angustia a esos países es que colapsan los servicios, como salud por ejemplo.

En cuanto a recomendaciones, el experto nombra el caso de Alemania que realiza programas de inserción, tiene centros de atención médica y de alimentos. “Ahí es donde pueden ayudar las Naciones Unidas, con presupuesto”.

Indica que el Caribe también está sintiendo la presión de una oleada de venezolanos, porque están muy cerca geográficamente.

Historias que se repiten Después de días intensos de trámites y despedidas, donde llorar fue inevitable, Oriana, de profesión diseñadora, partió de Venezuela a Colombia y de allí a México.

Al llegar a su primera parada la retuvieron para hacerle preguntas y perdió el avión al país azteca.

Debió pagar una multa, perdió la mayoría del efectivo.

Segundo intento para ir a México. A este punto de la historia ya había perdido tres días de viaje.

Oriana compró otro boleto y por fin llegó a su destino. Mostró su pasaporte venezolano y de inmediato la enviaron directo a la oficina de migración con otros ocho venezolanos.

A todos les negaron la entrada y les quitaron sus pertenencias.

Al igual que Carlos, a Oriana no le permitieron hacer llamadas. La devuelven a Bogotá. Al llegar, nota que perdieron sus pertenencias. Llora hasta más no poder.

“Me trataron como una criminal”, cuenta en su hilo de Twitter.

Fabiana fue hace algunos años a México por motivo de trabajo. Se quedó por varios meses.

“Te tratan bien si creen que eres turista. La pregunta de todos es si vas a quedarte, si les dices que vas como turista te tratan bien, si dices que te vas a quedar, el trato cambia totalmente”, revela.

Incluso muchos mexicanos decían que no sabían dónde quedaba Venezuela, solo decían que quedaba “al sur”, algo que a la venezolana le resultaba incómodo.

En números La magnitud de la diáspora venezolana por la grave crisis económica, política y social que enfrenta el país, llevó a que el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) pidiera a los Estados de la región que adoptaran protección para los ciudadanos de este país, facilitando la estadía legal o permisos temporales.

Acnur estima que la cantidad de criollos que buscan asilo aumentó 2.000 % desde 2014.

Roberto Meier, representante de la oficina del organismo en Venezuela, aclaró a Telesur que no se trataba de “refugiados” como se había interpretado en un principio, sino de “migrantes” y reiteró que le preocupaba la xenofobia y discriminación.

En febrero de este año, José Samaniego, representante de Acnur para América Central, Cuba y México, alertó que 100 mil venezolanos habían solicitado asilo en el extranjero.

Bien recibidos El sociólogo Nelson Freites aclara que hay diferentes actitudes dependiendo la nación.

Menciona países como Perú o Argentina, donde sus gobiernos han tomado un conjunto de medidas para facilitar el ingreso y la estadía de venezolanos, incluso para que puedan ejercer sus profesiones.

Desde que Auria llegó a Chile percibió que a los venezolanos los quieren en este país. “Quédese no más, aquí le va a ir muy bien”, fueron las primeras palabras que recibió en el transporte público.

“Las personas aquí son muy atentas, te hacen sentir como en casa. No puedo quejarme, en ningún momento he recibido rechazo”, admite.

Antonella concuerda con Auria, pero ella está en Argentina. Afirma que los comentarios hacia los criollos son positivos y no hay ningún trato despectivo hacia ellos.

“Todos los países donde emergen estas actitudes negativas son minoritarias, nosotros como población -venezolana- tenemos buena referencia, como un pueblo solidario y trabajador”, concluye el sociólogo.

Resistencia a diáspora venezolana

Con Información de Primicia

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