REPÚBLICA DOMINICANA: Editorial - EntornoInteligente

El Nuevo diario / Este martes 15 de julio hemos llevado hasta su última morada a doña Carmen Peña viuda Corominas para su descanso eterno.  Hemos colocado su cuerpo inerte, pues ella muy sabiamente aprovechó la madrugada del lunes para echar a andar su alma hacia el infinito.  Lo hizo casi sigilosamente con el mismo ritmo de suavidad de su vida cotidiana.  Y se marchó así con su sonrisa leve y permanente. Es probable que ella asumiera que la muerte no tiene misterio y por eso simplemente decidió dejarnos sólo con sus recuerdos. Es casi seguro que creyera que esa incógnita es más de la vida que de la muerte.  Y es fácil entender su comprensión, ella que desde su vientre engendró vidas y las miró crecer en la cotidianidad.  Su asombro estuvo ahí al verse multiplicada desde su propio cuerpo. Y más aún al ver a lo largo de sus años ese efecto multiplicador de esas vidas que fueron capaces de dar otros seres.  Es obvio que con su sensibilidad ella no podía ser indiferente a este maravilloso misterio de la vida, y como quien cuida a su hermoso jardín se dedicó a levantar a sus hijos y a disfrutar sus nietos cuál cultivo de flores.  Ella fue eso, una madre abnegada y de entrega total.  Una promotora incansable de la dulzura alrededor de su entrono familiar y entre sus amigos.  Un alma generosa propia de su condición humana. Sólo una oración de alegría cabe para recordarla.  Y es en ella en que sus hijos Consuelo, Nora, Héctor y Rosalía tendrán que elevarse para vivir sin ella, y aún más para sus queridos nietos con quienes hizo una complicidad de vida. Ella junto al extinto doctor Bienvenido Corominas Pepín fueron una pareja que forjaron social y humanamente una hermosa familia y un emporio empresarial.

Con Información de El Nuevo diario

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