REPÚBLICA DOMINICANA: Adiós, doña Renée - EntornoInteligente

Listin Diario / El país supo lo que era una verdadera Primera Dama cuando doña Renée Klang de Guzmán adquirió esa condición preminente al asumir la presidencia don Antonio Guzmán, en 1978.

La primacía pudo haberla tenido doña Carmen Quidiello de Bosch, pero la conspiración cívico-militar que derribó el gobierno de Juan Bosch, en el epílogo de unos pocos meses de tensiones e inestabilidad, no permitió que esta dama desplegara los planes que se tenían concebidos para asistir a la sociedad.

Es doña Renée, vista como una abuela o madre tierna y sencilla, la que le confirió prestancia y relieve al rol social que puede jugar una primera dama para atender y ocuparse de algunas necesidades de la sociedad, en benéfico complemento a la labor de su marido, el Presidente de la República.

Al enfocarse, primordialmente, en la atención integral a los niños y adolescentes, creando el Consejo Nacional de la Niñez, doña Renée Klang de Guzmán trazó una ruta que, para bien, han desbrozado con mucho amor y entrega las sucesivas primeras damas del país, las que a su vez han expandido sus campos de acción y responsabilidad poniendo su sello personal en otras iniciativas loables.

Doña Renée ha muerto, tras sufrir complicaciones de salud, dejando una profunda atmósfera de tristeza en el pueblo dominicano que nunca olvidará su consagración a las mejores causas del país y su ejemplar e impecable papel de esposa, madre y abuela, seria y decente, honrada y humilde, discreta, amistosa consejera y mujer de profundas convicciones cristianas.

Pasó por el poder sin ostentaciones, situándose justamente en el lugar que le correspondía. Afrontó los sacrificios propios de la mujer que tiene que velar por su familia, por su matrimonio y por su compromiso social en el rol de primera dama, y sus pruebas más duras, como la muerte de su querido y brillante hijo Iván Guzmán Klang y el suicidio de su marido, el Presidente Guzmán, las encaró con auténtica y admirable dignidad.

Doña Renée no fue solamente una primera dama, sino la Gran Primera Dama de la Nación.

Ante sus restos solo cabe la reverencia y el afecto cariñoso, en el adiós final a una dama que francamente se ganó el amor y el respeto de los dominicanos  y que también ha ganado ahora su pase al cielo, para el descanso eterno en la morada de Dios.

Con Información de Listin Diario

Add comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *