Pulgasari, el monstruo anticapitalista de Kim Jong-il - EntornoInteligente

ABC de España 2 / Hartos de abusos del despiadado rey al que viven sometidos, los hambrientos labriegos deciden lanzarse al asalto de la fortaleza de su opresor y derrocarlo. Están famélicos y su único armamento son sus aperos de labranza. Pero ellos son una multitud y cuentan con un poderoso aliado: Pulgasari , una criatura gigantesca y monstruosa, dispuesta a luchar en defensa del pueblo explotado.

Esta es una de las escenas culminantes de ” Pulgasari “, uno de los mayores éxitos hasta la fecha del desconocido y fascinante cine de la comunista Corea del Norte. Estrenada en 1985, la película es una metáfora de la delirante visión del mundo de Kim Jong-il , el segundo miembro de la saga despótica que todavía rige el país, ahora bajo la égida de su hijo, Kim Jong-un .

La trama de la película es tan demencial como algunas de las escasas noticias que esporádicamente saltan el muro de la censura oficial y llegan a los medios occidentales. Basada en un mito medieval, la historia de Pulgasari arranca en una comunidad rural que vive bajo el yugo de un monarca despótico que confisca sin piedad todas las cosechas condenando a los campesinos a morir de hambre. Pero un día, un herrero encarcelado por el pérfido reyezuelo mata el tiempo en su mazmorra moldeando un minúsculo monigote a base de granos de arroz. Es el germen de Pulgasari, que terminará cobrando vida y, gracias a una dieta a base de objetos de hierro, alcanzando un tamaño y fuerza colosales.

Ya convertido en un monstruo imparable, Pulgasari comandará el ataque popular contra la fortaleza del tirano, al que de nada le servirán ni los ingenios diseñados para contener la acometida de la demófila bestia ni el empeño de los cientos de miembros del Ejército de Corea del Norte obligados a actuar en la película como soldados al servicio del malo.

Pero la epopeya no acaba con la caída del codicioso gobernante. Tras haberlo convertido en un héroe, los miembros de la comunidad empezarán a sufrir los estragos del insaciable apetito férrico de Pulgasari. La bestia es insaciable y devora todos los utensilios de los pobres granjeros, que se ven así incapacitados para trabajar sus tierras. Pero Pulgasari tiene corazón y finalmente accede a los ruegos de la hija del herrero que le dio vida, que, bañada en lágrimas, le suplica que se ponga a dieta. Sin solución de continuidad, la escena final está dedicada al nacimiento del hijo de Pulgasari, un pequeño monstruito que emerge del agua del mar sin que pueda saberse ni cómo ni por qué.

El método artístico del tirano La historia, que dejaría patidifuso a cualquier consumidor habitual de películas de Hollywood, encantó al que se convertiría andado el tiempo en el Querido Líder de Corea del Norte. Kim Jong-il era un cinéfilo empedernido y estaba convencido de las bondades de la gran pantalla como vía para el adoctrinamiento de las masas en un régimen totalitario como el que entonces comandaba su padre Kim Il-sung. La regeneración del cine norcoreano, que debía estar al servicio del Estado, se convirtió en una de sus obsesiones. En 1978 había escrito un libro, titulado “Sobre el arte del cine”, en el que afirmaba, entre otras cosas, que “los actores deben estar ideológicamente preparados” y que para encarnar a personajes detestables a sus ojos, como un policía japonés o un capitalista, los intérpretes requieren “una ardiente hostilidad al enemigo”.

“Pulgasari” fue fruto directo del impulso de Kim Jong-il. De hecho, el director de la película fue Shin Sang-ok , uno de los más reputados cineastas de Corea del Sur, al que Kim Jong-il hizo secuestrar en 1978 junto a su esposa, la actriz Choi Un-hee, y trasladar al norte, donde pasó años dirigiendo películas a mayor gloria del régimen hasta que consiguió escapar de las garras de los servicios de seguridad durante un viaje a Viena en 1986.

Con Información de ABC de España 2

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