Procrastinación política - EntornoInteligente

Aplazar los asuntos pendientes que benefician a un país por intereses personales de los bandos enfrentados, o dejar para mañana lo que podrías hacer hoy, es una costumbre muy humana, sobre todo de algunos políticos y gobernantes, conocida como: procrastinación. Esta práctica es muy habitual a pesar de que tiene un costo elevado, ya que los retrasos evitables generan pérdidas de productividad, además de causar estragos emocionales, principalmente mermando la autoestima. 

Científicos de la Universidad de Constanza, Alemania, han estudiado a fondo la procrastinación y han llegado a la conclusión que las personas se comportan así porque creen que el día de mañana será más adecuado para poner en práctica lo planeado pero también han demostrado que la tendencia a procrastinar es menor si se plantea la tarea en términos muy concretos y específicos. 

La realidad de nuestro país con esta piquiña electoral, sin condiciones suficientes para la participación, demanda contar con procedimientos que permitan prevenir los conflictos, resolverlos en el menor tiempo posible y ser tratados de manera voluntaria, informal y directa; planteando soluciones con soltura y naturalidad. 

Es urgente tener un Estado eficiente y transparente al servicio de las personas y de sus derechos, que promueva el desarrollo individual y grupal. Esto solo es posible, si se alcanzan acuerdos entre todos los actores sociales. La noción de democracia, más que un sistema, es un modo de organización social. La instalación de la idea democrática de que los seres humanos somos iguales y con idénticos derechos, es una noción correlativa con la de libertad. 

Libertad, en consecuencia, no es hacer todo lo que se quiere o se puede. Ese sería un sistema más parecido a la ley de la selva, donde los conceptos de libertinaje e imposición trascienden el ámbito de una sana y democrática correlación igualdad-libertad entre las personas y se ubicaría en uno del poder puro y duro, en el que, cada cual puede conseguir lo que desea. 

La tolerancia es hoy un bien social deseable y la mayoría prefiere solucionar sus diferencias negociando, más que imponiendo sus ideas mediante la violencia. Es una herramienta indispensable en un mundo en que los intereses, modos de vida, religiones, posiciones políticas, económicas y culturales son tan diversas y su coexistencia tan inevitable, que sin esos mínimos, la paz social sería imposible.