PERÚ: La bolsa parlamentaria - EntornoInteligente

La Republica / Mientras el Congreso va camino a debatir la vacancia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, el próximo 22 de marzo, y mientras varios parlamentarios agitan el avispero político en nombre de la moral pública, algunas declaraciones recientes de Jorge Barata evidencian que la ruta del dinero también tiene un ramal que va hacia las curules.

En una parte de la conversación que sostuvo con el fiscal José Domingo Pérez, recogida por el portal IDL-Reporteros, el ex superintendente de la empresa Odebrecht en el Perú dice lo siguiente: “Supuestamente los recursos que fueron entregados al señor Yoshiyama servían no solo para la campaña de Keiko, sino también para la campaña de los congresistas”. “El dinero -agrega luego sin muchas precisiones- era utilizado por todos”.

A pesar de que el ‘todos’ suelta cierta neblina sobre los posibles beneficiados, se colige del conjunto de las declaraciones de Barata que era necesario apoyar no solo a la entonces candidata de Fuerza 2011, sino, además, a su futura bancada. La multinacional brasileña tenía claro que los candidatos al Congreso “eran personas que estaban en las regiones”. Hacían campaña en varias zonas donde había obras en marcha o posibles de desarrollar.

Es así que se habla de apoyo en vehículos o impresión de folletos que los aspirantes a curules solicitaron a los funcionarios de la empresa. Como resulta obvio, la estrategia de direccionar dinero, para lograr posterior apoyo político, abarcaba no solo a casi todo el espectro político; también se orientaba a cubrir los distintos niveles del Estado, desde el Ejecutivo hasta el Legislativo, incluyendo a los gobiernos regionales y municipales.

Tras estas revelaciones, parlamentarios como Héctor Becerril y Cecilia Chacón, ambos candidatos en el 2011, han dicho que se financiaron con recursos propios (“yo jamás tuve ningún aporte”, declaró Chacón). Es cierto que Barata no dio nombres, pero al confirmar que el dinero fue “para la campaña del partido”, son Jaime Yoshiyama y Augusto Bedoya, los presuntos destinatarios de los jugosos aportes, quienes conocerían el detalle.

Y dado que Odebrecht apostó por más de un candidato presidencial, no sería extraño que a candidatos de otros partidos también les haya llegado este lamentable chorreo. La empresa sabía que debía tener lazos en el oficialismo y en la oposición, como se desprende de las largas declaraciones a los fiscales.

Por desgracia, históricamente el país no ha sido ajeno a estos financiamientos oscuros para comprometer apoyos en el Congreso, o para tener bancadas “amigables”. Recuérdese que, en los últimos años, han saltado más de un vez indicios de lazos de algunas candidaturas parlamentarias con el crimen organizado de diverso tipo, incluyendo el narcotráfico. Una modalidad para encubrir esos vínculos es la aparición de aportantes falsos.

Todo esto hace más complejo el caso Lava Jato. Abre otro frente para la investigación fiscal y, al mismo tiempo, pone en cuestión la limpieza de los acusadores de hoy, que no parecen tener ojos para ver, o verse, en ese espejo de dudas sobre el origen del dinero.

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Con Información de La Republica

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