PERÚ: La alianza de AJE e Inkaterra para salvar a Machu Picchu - EntornoInteligente

La Republica / Jorge López-Dóriga es español y maestro zen y tiene un profundo amor por el mundo andino, los apus y la Pachamama. Es director ejecutivo de comunicaciones y sostenibilidad del Grupo AJE. Junto con Eduardo Castañeda, joven gerente residente del hotel Inkaterra Machu Picchu Pueblo , tienen el sueño de darle sostenibilidad turística y ambiental a Machu Picchu, nuestra maravilla mundial, visitada por más de 3.000 turistas al día (ayer acudieron 3.200).

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Biodiésel y glicerina La basura es el problema. Para ambas empresas los desechos deben convertirse en oportunidad y recurso. Esa es la tarea de López-Dóriga, quien convenció a la familia Añaños Jerí (Grupo AJE) para desplegar esfuerzos en proyectos de conservación y sostenibilidad del río Vilcanota y Machu Picchu.

¿Y cómo quieren salvar el Vilcanota y con ello a Machu Picchu? Pues en el pueblo (ex Aguas Calientes) el 90% de los negocios son hoteles y restaurantes y el aceite vegetal usado en las cocinas es vertido al “Wilcamayu”, el río sagrado de los incas, dice López-Dóriga.

Un litro de aceite contamina más de mil metros cúbicos de agua, es decir, un poco más de la mitad de una piscina olímpica.

La alianza de la multinacional peruana, el Grupo AJE, con la cadena de hoteles Inkaterra, y donde también participa la municipalidad de Machu Picchu, dio a luz así a la primera planta de transformación de aceite vegetal en biodiésel y glicerina, ubicada en las inmediaciones de Inkaterra Machu Picchu Pueblo Hotel.

La presencia del Concejo es fundamental para sensibilizar a la población sobre el acopio del aceite de cocina para su posterior transformación.

El objetivo es proteger el ” Wilcamayu “, del que habla López-Dóriga, de los dos mil litros de aceite de cocina que son arrojados cada mes al río.

Hasta el momento se acopian 600 galones de aceite ya usado al mes. Con ello se producen 20 galones diarios de biodiésel, que es usado en los vehículos, reduciéndose así las emisiones de carbono en un 44%. La glicerina es usada en la limpieza del piso de piedra del distrito y del mismo hotel.

Pero los esfuerzos de AJE e Inkaterra por salvar a Machu Picchu y su maravilloso río empezaron dos años y medio atrás cuando inauguraron una planta compactadora de botellas de plástico (PET), que permite reducir sustancialmente su volumen para que puedan ser transportadas en menor espacio por tren y sea también una fuente de ingresos del municipio con el reciclaje del plástico.

La planta permitió evitar que una de las maravillas del mundo moderno, Machu Picchu, pase a la lista de patrimonios culturales en riesgo de la UNESCO.

“Machu Picchu sí puede ser sostenible con un modelo financiero accesible y debe ser replicado en otras ciudades del país”, dice López-Dóriga.

Las tres plantas (compactadora, procesadora de biodiésel y de biocarbón) implican una inversión menor de US$ 100 mil, dinero que puede ser financiado por los municipios para convertir sus ciudades en sostenibles ambientalmente. 

El dato

– En proyecto. AJE e Inkaterra planean instalar una planta para procesar la basura orgánica y convertirla en biocarbón, ideal para intensificar la productividad de los campos agrícolas.

Maravilla que es ejemplo mundial

– “Queremos lograr que nuestra maravilla mundial sea vista como un destino turístico sostenible y ejemplo para el mundo. Los productos que se logran en la planta de transformación de aceite en biodiésel y glicerina serán de utilidad en nuestros hoteles y en la comunidad de Machu Picchu, como parte de nuestro esfuerzo por la conservación de la biodiversidad a través de la reducción de emisiones de carbono”, dice José Koechlin, Pdte. de Inkaterra.

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Con Información de La Republica

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