MÉXICO: Jesús Kumate o la encomienda que llena una vida - EntornoInteligente

Cronica / Hace 80 años, era frecuente ver, en pueblos y rancherías, funerales de niños. Ante el paso de las cajitas blancas, la gente decía “ahí va un angelito”. Y eso le parecía terriblemente injusto al niño ­Jesús Kumate, que en sus vacaciones escolares, en un rancho cercano al puerto de Mazatlán, era testigo de aquellas tristes circunstancias en el México que éramos entonces. Esa dolorosa realidad, y un encargo de su padre, inmigrante japonés, convirtieron a aquel pequeño en un médico de niños, como gusta a él definirse, sobresaliente y dedicado al servicio público. LA ENCOMIENDA PATERNA. Efrén Kumate Kumate era el nombre, mexicanizado, de aquel inmigrante que se estableció en el puerto de Mazatlán. Dedicado al comercio, pudo construir una ­familia en nuestro país. Josefina Rodríguez era el nombre de la maestra de escuela con quien se casó y tuvo dos hijos, uno de ellos, el médico Jesús Kumate Rodríguez (Mazatlán, Sinaloa, 1924). La quiebra del negocio familiar llevó a la familia a establecerse en un rancho, pero el niño Jesús quedó en Mazatlán, en casa de una tía, para que pudiera seguir estudiando. En vacaciones, se reunía con sus padres.

Así se dio cuenta de la terrible mortandad infantil que quedaba asentada en los libros de entierros en los pueblos y ciudades pequeñas de todo el país: “Enfermedad del estómago”, era la leyenda que se asentaba con frecuencia en el rubro “causa de muerte” de aquellos niños. Las cifras de muertes por enfermedades gastrointestinales o infecciosas en el México de la infancia de Jesús Kumate eran una tragedia: en 1930, fallecieron más de 100 mil niños a causa de diarrea; la viruela había causado en aquel año más de 16 mil muertes, la tosferina más de 17 mil y el sarampión más de quince mil fallecimientos. En su fuero interno, el niño Kumate se negaba a aceptar lo que alcanzaba a percibir. Decidió, entonces, que sería médico, médico de niños. Jesús Kumate tenía 12 años cuando su padre, cerca de la muerte, habló con él. “Me dijo en tono muy serio que deseaba que sus hijos demostraran que el gesto que tuvo México al recibirlo como ciudadano y permitirle formar un hogar y una familia con una mazateca muy hermosa, no había sido una equivocación”. Y todo eso, era una deuda que Efrén Kumate heredó a sus hijos: “tienen que ­pagarle a este país lo que yo le debo”. El encargo paterno entrañaba trabajo y disciplina, rasgos que desde siempre se asocian a los ­japoneses mexicanos. Y aunque ese inmigrante, a quien su hijo médico recuerda como un hombre severo, más bien seco, no heredó gran cosa que permitiera a la familia mantener algún vínculo con la cultura japonesa, sí dejó en sus hijos valores que tantos años después, aún les son esenciales: el ­honor y la lealtad. EL MÉDICO DE NIÑOS. Empobrecida la familia a la muerte del padre, Jesús Kumate halló en la Escuela Médico Militar la respuesta a sus ambiciones. Era el camino para tener educación, sustento y libros. Se graduó como médico cirujano en 1946 y se especializó en infectología pediátrica. Durante 28 años ­trabajó en el Hospital Infantil, institución de la que llegó a ser director. Los años del Hospital Infantil permitieron al doctor Kumate conocer a fondo las carencias de nuestro país, que se traducían en las enfermedades de los niños. La comprensión de las debilidades que en materia de salud pública tenía el Estado mexicano con respecto a las enfermedades infantiles y a la prevención fueron orientando su trabajo, primero como subsecretario de Salud y, después, como secretario, entre 1988 y 1994. El Dr. Kumate cuenta que en sus días de secretario tomó la decisión de consolidar los programas preventivos para la población infantil, que se resumen en una sola palabra, tan importante hace siglos ­como en el siglo XXI: vacunación. Propuso, así, un plan nacional de vacunación del que él sería el único jefe. Pidió el apoyo de su jefe, el entonces presidente Carlos Salinas, para convencer a los 118 delegados de salud de todo el país de instrumentar la estrategia. Si no funcionaba, se iba de la Secretaría. Si tenía éxito, le regalaría a cada delegado una botella de champaña. Terminó comprando 120 botellas: las 118 prometidas, una para el presidente y otra para él. Ése fue el principio del sistema de vacunación ­universal, para niños de todo nivel socioeconómico, y que extendió su estructura a los adultos y ancianos. Así nació el Día Nacional de Vacunación, que después se convertiría en la Semana Nacional de ­Vacunación que opera en la actualidad. La gestión de Jesús Kumate en la Secretaría de ­Salud lo llevó a enfrentarse con sus viejos conocidos: la diarrea y las enfermedades infecciosas infantiles. Hubo resultados: al introducir el “suero oral” disminuyeron radicalmente los casos de diarrea y se erradicaron el sarampión, la poliomielitis y la difteria. Las estrategias preventivas lograron controlar una ­epidemia de cólera ocurrida en los años de su desempeño ­como Secretario. Hoy día, el doctor Kumate preside la Fundación IMSS, con un importante trabajo de prevención e investigación. Su trabajo como investigador, formador de médicos y profesional de la medicina, como líder en entidades de alcance mundial como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF,  lo convierte en un personaje relevante de instituciones ­como El Colegio Nacional y diversas asociaciones médicas. A lo largo de sus 93 años ha recibido numerosos reconocimientos y distinciones. Acaso la que le entregó UNICEF, que lo designó “Ministro protector de la infancia”, tuviera para él resonancias importantes. Ninguno de esos reconocimientos es menor, desde la Medalla por Servicios Distinguidos que otorga la Secretaría de la Defensa Nacional hasta la condecoración de la Orden del Tesoro Sagrado de ­Japón, que entrega el Emperador en persona. Pero el reconocimiento que de verdad lo emocionó llegó en 2006, cuando el Senado de la República le entregó la medalla Belisario Domínguez, que es para él tan valiosa como una espada japonesa, como descendiente de inmigrante, Jesús Kumate tiene dos certezas: una, que esa deuda aún no está cubierta al cien por ciento. La otra, es que si volviese a nacer, elegiría hacerlo en México, en Mazatlán, y volvería a ser ­médico de niños y a servir a su país.   Imprimir

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Con Información de Cronica

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