MÉXICO: El viaje que no fue - EntornoInteligente

Excelsior / Todo estaba previsto que ocurriera a mediados de septiembre cuando el papa Francisco tiene contemplado un viaje a Norteamérica que incluirá Washington, capital de Estados Unidos, donde canonizará al misionero español fray Junípero Serra (en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción), así como sendas visitas a la casa Blanca y al Capitolio y una serie de visitas pastorales a Filadelfia con motivo de la Jornada Mundial de la Familia y a Nueva York a donde se espera que asista a las Naciones Unidas para dirigir un discurso ante los miembros de la Asamblea General.

La invitación para que visitara México estaba hecha desde que el cardenal Bergoglio asumiera el pontificado aquel 19 de marzo de hace dos años tras el cónclave que lo eligió un mes después de la polémica renuncia de Benedicto XVI , hoy Papa emérito. El presidente Enrique Peña , quien en esa ocasión acudió a la ceremonia en el Vaticano, invitó personalmente al jesuita argentino a visitar nuestro país. “El Papa dijo que tendría la invitación en toda consideración, agradeció mucho la presencia de México en la representación que ostento; está muy contento, así lo noté”, explicó en esa ocasión el mandatario mexicano y agregó que “creo que los mexicanos, especialmente para los que profesan la religión católica, creo que resulta alentador y significativo para México que eventualmente él aceptara la invitación para visitar el país”. Eran los tiempos del optimismo desbordado por los cambios que, aseguraba el Presidente, vendrían para el país con la aprobación de las llamadas reformas estructurales. Eran los tiempos de los “grandes acuerdos” que pondrían a México en el centro de las inversiones extranjeras.Sin embargo, la violencia continuó haciendo de las suyas y vinieron después los graves problemas que se desataron a raíz de lo ocurrido en Guerrero y Michoacán. Hoy, los mexicanos estamos ávidos de liderazgos que hablen de paz, reconciliación y unidad nacional, sobre todo en momentos en que los actuales gobernantes gozan de poca o nula credibilidad entre los ciudadanos. Y es, precisamente, la voz de líderes como el papa Francisco , reconocido por católicos y por quienes no lo son, la que hace falta escuchar en medio de la espiral de violencia que sacude a la sociedad mexicana desde hace muchos años y que la ha sumido en la desesperanza. Experiencias anteriores las hemos tenido, por ejemplo, con las cinco ocasiones en las que Juan Pablo II visitó México, en momentos muchas veces complejos para la nación. Y de esas visitas nacieron proyectos sociales visionarios que hasta hoy prevalecen. Hasta la visita del recién relevado Benedicto XVI a las ciudades de Guanajuato, León y Silao congregó a miles de católicos a los que dirigió mensajes de aliento frente a la violencia y el narcotráfico que en aquel año (2012) ya agobiaban al país. Es más, la misa de Benedicto XVI en el Parque Bicentenario de Silao logró lo que hasta entonces nadie había conseguido: reunir en un mismo lugar a los candidatos presidenciales Andrés Manuel López Obrador , Enrique Peña Nieto , Gabriel Quadri y Josefina Vázquez Mota . Los cuatro abanderados sólo volverían a encontrarse para firmar un pacto de civilidad y en los debates presidenciales. Hasta sirvió para que Vicente Fox estrechara la mano del político tabasqueño en un gesto que fue interpretado como de reconciliación entre ambos. Hace unos días, el papa Francisco tras concluir un viaje pastoral a Sri Lanka y Filipinas confirmó que no podrá visitar México este año por falta de tiempo. “Entrar en Estados Unidos desde la frontera de México sería bonito como señal de hermandad y de ayuda para los inmigrantes, pero ir a México sin visitar a la Virgen de Guadalupe sería un drama. Estallaría una guerra y no hay tiempo”, manifestó en tono de broma. Lamentablemente, hoy en día hace falta escuchar en el país un mensaje creíble de esperanza y de reconciliación. Un mensaje que dé aliento a millones de personas que viven en medio de la violencia y el drama de las desapariciones de hijos, padres y familiares cuyo paradero se desconoce desde hace meses, años y décadas. Sobre todo en momentos en que los mensajes que envían los gobernantes a los ciudadanos carecen de credibilidad, de veracidad, de congruencia.

Con Información de Excelsior

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