Las gotas de la discordia - EntornoInteligente

El Universal / “Mi trabajo no está emparentado con la política. Respeto a los creadores que toman el arte como bandera, pero no es mi caso. Como cualquier venezolano tengo mis preferencias, pero no reflexiono ni trabajo con ellas en mi planteamiento plásticos”, advierte Carlos Medina. La aclaratoria que hace el artista visual responde a la polémica que ha generado su obra Fragmento de lluvia para Caracas, situada a la altura del CCCT en la autopista Francisco de Miranda.

El ganador del Premio Armando Reverón 2014 y creador de siete gotas de acero, asegura que la pieza valorada en 1,6 millones de dólares fue financiada por la constructora brasileña Odebrecht. “Ha sido una generosidad de su parte apoyar a los artistas venezolanos en este proyecto y yo me siento complacido de poder regalárselo a Caracas, una ciudad que amo tanto como a mi natal Barquisimeto”, dice el escultor que por su vinculación en una iniciativa gubernamental ha sido tildado de “enchufado”.

“Yo no sabía nada acerca de la iniciativa hasta que Geyka y Alejandra Urdaneta, del proyecto Viarte, me contactaron. Ellas se acercaron a la galería Ascaso -donde hice una retrospectiva de mi trabajo de los últimos 25 años- y junto a María Luisa Delgado me propusieron hacer un corredor vial. Me explicaron que un patrocinador se haría cargo de los gastos y me facilitaron fotografías de varios puntos de la autopista. Estaba entusiasmado… El único problema al que me enfrenté fue la escasez de materiales”, detalla el creador que recibió las llaves de la ciudad de Resistencia, en Argentina.

Acto seguido, Medina se reunió con los ministerios de Ambiente y Transporte, a los que presentó un proyecto con tres gotas de concreto. “En ese encuentro la propuesta fue aprobada y reestructurada. De inmediato se gestionó la permisología y me informaron que Odebrecht era mi padrino. Aclararon que la empresa se haría cargo del transporte, bases, movimientos de tierra, luces, engranajes y embalaje de las piezas”, explica.

Acerca del paisajismo, el ganador de la I Bienal de Arte de Guayana (1986) estima que la iluminación de las piezas y la siembra de grama comenzará esta semana. Calcula que en menos de un mes la obra estará culminada.

Antes de continuar, aprovecha la oportunidad para aclarar que en el espacio no hubo tala de árboles. “Yo trabajo con madera desde hace más de cuatro décadas. Mi obra está vinculada a la naturaleza, no iba a permitir que cortaran un samán. En conversación con representantes de Min-Ambiente, se acordó -con ayuda de un botánico- transplantar un árbol tres metros más atrás de su ubicación original. Yo supervisé el traslado; cuando me hicieron la propuesta hice hincapié que el ambiente era mi prioridad”, afirma. El resguardo y custodia de la pieza, revela, estará a cargo de Pdvsa La Estancia. “Es algo que aún no se ha concretado, pero existe la posibilidad de que sean los encargados de proteger no solo mi obra, sino el resto de las esculturas de la autopista. Ya lo han hecho bien con la obra de Soto”, apunta.

¿Cómo integrar el arte a una ciudad en ruinas? , se le pregunta. A juicio del creador larense, “cada quien tiene que ocuparse de lo que le corresponde, ya los artistas cumplimos con embellecer la ciudad”, dice. “Las obras se colocan para mejorar el entorno. Nunca en detrimento del tráfico, el paisajismo y menos de los ciudadanos. Las piezas incluso te acercan al público, ellos agradecen el trabajo de los artistas, jamás he visto una reacción contraria”, agrega.

Hastiado de los rumores, niega uno que circuló semanas atrás para afirmar que las obras habían sido “trabajadas” por paleros y santeros. “Hay que restarle importancia a todas esas cosas que se hablan sin fundamento… Siempre habrá detractores. Antes de faltarle el respeto al artista que con fe ha trabajado para ataviar la ciudad, se debe consultar quién es. Respeto las opiniones que se emitan -a favor o en contra-, pero antes de emitir un juicio hay que revisar quién está detrás, consulten su curriculum”, sentencia.

Antecedentes de la pieza

Hace 25 años que Carlos Medina pensó en unas gotas de lluvia para Caracas. El proyecto de una obra en concreto, lo propuso para la Refinería de Amuay. “La pieza contaba con el apoyo de Cementos Caribe, pero al final no se concretó. Así que me quedé con mi propuesta que se paseó por la Bienal de Venecia (2001), las Olimpiadas de Beijing (2008) y hasta que por fin se quedaron en Venezuela”, relata el ganador de la primera Bienal de Escultura de Guadalajara (2008).

Medina confiesa entristecerse cuando confunden sus gotas con lágrimas. “Porque el llanto evoca tristeza y mis gotas son alegría. Están colocadas en diagonal con la forma de un ocho y simbolizan el infinito”.

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Con Información de El Universal




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