La naturaleza presta el laboratorio - EntornoInteligente

El Nacional / 26 de marzo de 2017 12:31 AM Un laboratorio no tiene que ser un recinto aislado entre cuatro paredes, ocupado por investigadores vestidos con batas blancas. También pueden ser los 6,9 millones de kilómetros cuadrados de la Amazonía, los 8.000 kilómetros cuadrados de las Islas Galápagos o los 13,5 millones de kilómetros cuadrados que ocupa la Antártida. Se trata de territorios únicos, que no han sido intervenidos de forma radical por los seres humanos y donde podrían encontrarse las respuestas a algunas de las interrogantes científicas más inquietantes de este tiempo, desde cómo encontrar nuevas fuentes de alimentación y medicinas hasta cómo encarar los desafíos del cambio climático.

Latinoamérica, que no cuenta con recursos financieros que le permitan costear la construcción de la infraestructura científica de naciones industrializadas, tiene en los laboratorios naturales una verdadera oportunidad para compensar esa desventaja y sobre ellos debatieron científicos, periodistas, planificadores y administradores de zonas naturales durante un hackatón de divulgación científica organizado a finales del año pasado por el Banco Interamericano de Desarrollo, el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo de Chile y el Gobierno Regional de Magallanes y la Antártica Chilena.

La región chilena de Magallanes, donde está localizada la ciudad de Punta Arenas, que fue sede del encuentro, es un buen ejemplo de las potencialidades de los laboratorios naturales. Es parte dela Patagonia y puente con la Antártida para el resto del continente, con ecosistemas terrestres y marinos que han sido producto del avance y el retroceso del hielo a lo largo de millones de años, lo que ha dejado 3,2 millones de hectáreas de humedales, 3 millones de hectáreas de praderas, 2,6 millones de hectáreas de bosques y 1,7 millones de hectáreas de glaciares. Se trata de un paraje bello y hostil que, pese a ello, ya había sido poblado por los humanos hace más de 10.000 años.

Todas esas condiciones suman oportunidades tanto para la investigación científica como para otras actividades económicas, que, sin embargo, deben realizarse bajo un enfoque sustentable, que privilegie el respeto por los recursos naturales, señala Ricardo Rozzi, director del Programa de Conservación Biocultural Subantártica. El postula lo que denomina “ecoturismo con lupa”, el acercamiento de los viajeros no ya sólo a paisajes panorámicos sino también al mundo diminuto de los líquenes, musgos y otros seres que habitan el Parque Etnobotánico Omora, en Cabo de Hornos, que dirige.

Nuevas rutas

En los laboratorios naturales pueden conjugarse varios de los propósitos perseguidos por la ciencia. “Se puede desentrañar el pasado, comprender el presente, ir al futuro, explorar lo desconocido”, sostiene Elías Barticevic, del Instituto Antártico Chileno. De hecho, el país más austral del mundo ya ha recorrido un camino en la concreción de esta idea, pues ha sabido aprovechar el territorio singular representado por el desierto de Atacama para constituirse en lugar privilegiado para la investigación astronómica, donde se aloja, entre otros observatorios, ALMA, el radiotelescopio más potente del planeta.

Los sismos que hacen que Chile protagonice constantemente las noticias son otra de las oportunidades que el programa Explora, de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología de ese país, enumera entre los potenciales laboratorios naturales, así como también los altos niveles de radiación solar que registra, que pueden ser fuente de energía renovable, o los extremófilos, las formas de vida adaptadas a las condiciones adversas tanto del hielo antártico como del desierto.

Barticevic recalca que no hay que perder de vista la importancia social que pueden tener los laboratorios naturales. “No se trata solamente de la flora, de la fauna, sino de la huella humana, de las actividades productivas que se desarrollan o se van a realizar allí”.

Esa relación entre el quehacer científico y la sociedad interesa también a Arturo Izurieta, director dela Fundación Charles Darwin, en las Islas Galápagos. “Preocupan la sostenibilidad y la gobernanza de los laboratorios naturales porque son un servicio para el bien y la seguridad de la humanidad. Nos hemos concentrado muchas veces en la investigación de la biodiversidad, pero no podemos perder el vínculo con los seres humanos que habitan estos territorios”. Precisamente, uno de los proyectos ganadores del hackatón, ideado por la periodista chilena Carla Firmani, da una idea de cómo involucrar a la población en la investigación: propone dotar a los pescadores de Magallanes de un kit para recolectar datos científicos de los océanos mientras realizan sus labores cotidianas.

La naturaleza presta el laboratorio

Con Información de El Nacional

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