La ciencia del beso: el gesto más humano bajo la lupa - EntornoInteligente

El Clarín / Uno de mis relatos históricos preferidos acerca del beso proviene del libro de 1864, África salvaje . El explorador británico William Winwood Reade describió su enamoramiento de la hermosa hija de un rey africano. Después de buscarla durante muchos meses, se atrevió a robarle un beso. La joven, que nunca se había encontrado con este gesto antes, gritó antes de escapar llorando. Recién más tarde, Reade descubrió que ella había interpretado su beso como una intención de comerla.

No todas las personas expresan amor y adoración a través de los labios. Una nueva investigación publicada en la revista American Anthropologist afirma que sólo el cuarenta y seis por ciento de las culturas se besan en la boca. El estudio contradice a los antropólogos que argumentaban que la conducta era casi universal. Pero, si queda claro que no todos nos conectamos de esta manera, es importante ver cómo definimos un beso.

Charles Darwin, el padre de la biología evolutiva, describió el beso en su libro de 1872, La expresión de las emociones en el hombre y los animales. Allí hizo una distinción importante entre besar con los labios y “conductas similares al beso”, como frotarse las narices y otras prácticas que tienen un fin similar y podrían ser precursoras del beso romántico en la boca. La lista de Darwin incluyó “la frotación o las palmadas en los brazos, pecho o estómago” e incluso “un hombre golpeando su propio rostro con las manos o los pies de otro”.

Darwin supuso que estas conductas debían de reflejar un deseo instintivo de recibir “placer a partir del contacto cercano con una persona amada”. Llegó a la conclusión de que el impulso para que los humanos “besen” es innato, y, al ampliar la definición de beso, para incluir las conductas relacionadas, se lo puede considerar verdaderamente universal.

Algunos antropólogos están en desacuerdo, sosteniendo que el beso es un fenómeno cultural, algo que aprendemos en nuestras comunidades o vemos en los medios y copiamos. Un beso al estilo europeo no es una actividad íntima que se requiera, desde un punto de vista reproductivo.

El antropólogo Donald Marshall describió de manera memorable a las personas que viven en la isla de Mangaia en el Pacífico, como la cultura más activa sexualmente que se registra. Los hombres pasaron su adolescencia y la década de los veinte años teniendo un promedio de 21 orgasmos por semana (más de 1.000 veces al año) sin un solo beso en la boca, antes de la llegada de los europeos.

No obstante, estoy convencida de que besar es un ejemplo hermoso de conducta humana. Tenemos un impulso innato de conectarnos con otra persona de esta manera, pero la forma que adquiere tiene la influencia de nuestras costumbres culturales y normas sociales. Tal como lo señala la antropóloga Helen Fisher, incluso en sociedades en las cuales no se daban besos, las personas se “palmeaban, lamían, frotaban, succionaban, pellizcaban, o soplaban el rostro mutuamente antes de la copulación”.

El hábito similar al beso más inusual fue el descripto por el antropólogo Bronisiaw Malinowski en 1929. Enamorados de las islas Trobriand cerca de Nueva Guinea se arrancaban con los dientes las pestañas uno al otro durante la intimidad y el orgasmo. Desafortunadamente, muchos relatos históricos de conductas de beso suponen que el beso europeo fue una marca de cultura “civilizada”, mientras que no utilizar los labios implicaba que la gente era “salvaje” o “primitiva”.

En 1898, el estudioso danés Christopher Nyrop escribió que el beso era desconocido en Polinesia, Madagascar, y entre algunas tribus en África. Igualmente, en 1929, el antropólogo Ernest Crawley informó que el beso en los labios no se encontraba en muchas partes del mundo. ¿Entonces, cuándo y por qué comenzó el beso en los labios? La primera evidencia literaria del beso data de hace 3.500 años en los textos en sánscrito védico en India. No existe ninguna palabra para “beso” aunque hay referencia a los amantes “acercando sus bocas” y un hombre “bebiendo la humedad de los labios” de una esclava. De ahí en más, podemos seguir los relatos históricos de Homero y Heródoto de los besos sociales en la antigua Grecia, hasta las prácticas de besos, ávidas y apasionadas, en el Imperio romano.

Puede ser que el beso romántico, tal como lo conocemos, no haya sido común en el pasado, aunque es seguramente un medio de expresar un sentimiento universal. Y cuando uno piensa en él, probablemente el beso en la boca parezca extraño y desagradable para muchos pueblos antiguos, especialmente antes de la llegada de los cepillos de dientes y el enjuague bucal.

El beso de estilo europeo se extendió por medio de las conquistas militares, la llegada de los barcos a las nuevas tierras, y las obras de los escritores incluyendo a Shakespeare y Dickens. Hoy es una expectativa social para muchos de nosotros, que hemos heredado besos celebrados por el arte y la literatura, y amplificados con el paso del tiempo.

Para 2015, los besos se ven distintos según el lugar donde uno se encuentre. En sitios como México, Francia, España, Holanda, Argentina, Bélgica, Suiza, Líbano, Haití y otros, ambos géneros se saludan con un beso en la mejilla, una a tres veces para expresar calidez y respeto. La cantidad y la dirección pueden variar según el país, la comunidad o los individuos. Si bien hay diferencias en el idioma, el tono de piel y las costumbres sociales, el beso se ha convertido en una especie de lenguaje universal y sigue siendo, además, la única práctica más humanizante que compartimos. Y cuando definimos el beso como un medio de conectarnos con otro individuo en este mundo tan grande, estoy de acuerdo con Darwin.

Sheril Kirshenbaum es académica de la Universidad de Texas, Austin

La ciencia del beso: el gesto más humano bajo la lupa

Con Información de El Clarín

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